lunes, 20 de septiembre de 2010

No fue un domingo cualquiera

"Hoy es un día normal pero voy a hacerlo más intenso,
hoy puede apagarse el sol, pero no la luz de mi alma".
(Juanes)

Eso fue lo que escribió Juanes en su canción. Para mi hoy era una domingo cualquiera, un día normal. Un lindo día por cierto. Estaba buenísimo incluso para irse en grupo o en familia a la Rural del Prado. Hoy era el último día de la rural.
Me levanté como a las once de la mañana y como no tenía nada interesante para desayunar enrumbé al Shopping Tres Cruces que tengo a unas cuadras de casa. Y entré al supermercado que hay en él para abastecerme del sacrosanto desayuno.
Me encontré con Julia en el lugar. Estaba sola vestida con un pantalón deportivo que le entallaba perfecto, con unas zapatillas Reebok clásicas y una polerita tejida que la hacía ver dulce. Su colita atada en el cabello la mostraba como una chica hogareña y tierna. No se había producido por decirlo así. Digamos que llamaba la atención con su belleza natural.
Nos saludamos rápidamente. Después de lo último que nos dijimos el viernes saliendo del trabajo las cosas me parecen que eran más que obvias entre nosotros. Ella me gustaba y lo sabía. Y yo estaba muy desorientado en el tema porque no sabía en que situación me encontraba con respecto a sus ideas o sentimientos.
Punto aparte debo decir que es la misma situación en la que siempre nos encontramos los hombres cuando decidimos que queremos cortejar a una chica. Que término más antiguo, ya me parezco a Enrique, el de Francella. Pero en realidad cada vez que le queremos entrar a una chica solemos desaparecer del planeta amigos y familia y entramos en una estratósfera de incertidumbres. Es que las chicas son muy especiales y por más seguro que veámos el panorama siempre existe el peligro del sismo que derrumbe los cimientos trabajados. En fin.
A ella le parece que no le gustaba dejar cabos sueltos sin embargo. Y decidió tomar el toro por las astas. De primera me preguntó si tenía algo que hacer más tarde a lo cual respondí con un "nada".
"Entonces", me dijo, "me gustaría aclarar algunas cosas que hablamos ayer".
Uy, pensé yo, bueno aquí se acabó este blog. Yo creo que fue un gusto haberles escrito pero si una chica quiere aclarar algo es porque va a dejar en claro que no quiere una relación con el aclarado.
En parte tenía razón y en parte me dejó desconcertado.
Tocó el timbre de mi apartamento tal como habíamos quedado media hora antes en el supermercado. Subió a mi apartamento. Clásico apartamento de soltero de hombres. Todo desordenado dentro del órden que me gustaba tener. Es decir alguna ropa fuera de lugar y algunos platos sucios por lavar. Dentro de todo intentaba ser ordenado pero mi naturaleza masculina me lo impide.
Igual intenté limpiar otro poco mientras esperaba a que llegara. Claro que mucho no avancé. Por cierto, trunqué mi desayuno debido a mi inesperada visita. Se me fue el hambre, ya habría tiempo para estos placeres vanales.
Al acomodarse en el único sofá de mi comedor-living-sala de tv y computación me miró a los ojos y esperó a que me sentara. Una vez cómodamente sentado a su lado, me besó. Pero es que juro que no sé que le pasó. Es más ese primer beso debe haber sido horrible desde mi parte. La sorpresa no me dejó hacer gala de mis dotes en el arte del besar.
Me tomó el rostro con delicadeza y firmeza y me atrajo hacia ella brindándome uno de los besos más dulces que he recibido en la vida. Creo, porque como digo, con la sorpresa se me confunden las cosas ahora. Debería existir un replay de besos.
Mientras duraba ese beso, que no quería que acabase por cierto, pues no estaba preparado para decir algo luego, pensaba que se me había hecho muy fácil para ser verdad. Y tenía razón en pensar aquello porque una vez acabado el beso se me tornó más complicado. Determiné en segundos que acabándonos de besar me mostraría feliz (lo cual estaba) y le diría que estaba muy contento de que ella sintiése lo mismo que yo. Sin embargo, comenzó a llorar.
El sollozo me desconcertó aún más.
"¿Estás contento ahora", me preguntó como reclamándome.
Mi "sí" fue un tanto dubitativo. Debe haber sido por lo desconcertado que estaba.
"Espero lo estés porque no volverás a tener otro beso de estos", prosiguió.
No, desconcertado no estaba, ¿cuál es la palabra siguiente? ¿Transtornado?
"Estoy harta de que lugar a donde voy sólo vean mi físico. Si soy linda lo sé y tampoco soy la gran cosa pero me gustaría me valoren por mis capacidades. Chicos como tú vienen todos los días a tratar de hacerte los galantes. ¿Recuerdas el día que nos conocimos?", preguntó aún con unas lágrimas en la cara.
"Sí", volví a responder escuetamente mientras trataba de entender.
"Bueno, la forma en que te traté no fue diferente a la que suelo tratar a todos. Hablamos sólo porque tenías información útil para mi"
"Si te hace sentir mejor, lo sabía".
"No, no me hace sentir mejor. No me gusta utilizar a las personas. Por eso te seguí conociendo porque pensé que eras diferente que podías ser mi amigo. Pero lo que me dijiste el viernes te trajo abajo nuevamente. Eras como todos, sólo te fijaste en mi físico y no me gusta eso".
Quedó unos segundos en silencio y continuó mientras el beso se me empezaba a volver amargo en la boca al estilo de los caramelos de broma. "Díscúlpame que haya venido a turbarte tu domingo. Pero entre mis ex, los tarados improvisados, el idiota de Miguel que no puedo mandar al diablo porque por él estoy adentro de la empresa y ahora tú... Tenía que desquitarme con alguien y saliste premiado. Necesitaba desfogarme".
Me miró con cara de vergüenza mientras yo pensaba que si era su forma de desfogarse que viniese cuando guste a verme. Pero no, no era cualquier chica, no podía decir eso. Le tomé del mentón cuando Julia agachaba la mirada y le dije: "Mírame, se que el lunes será complicado entre nosotros. Evítame en el trabajo que lo entenderé, yo te busco para hablar el martes ¿sí?"
Aceptó con un movimiento de cabeza mientras se secaba las lágrimas.
"Entiendo lo que me dices y créeme que no soy como todos. Pero no te voy a decir nada más hoy. Hablaremos el martes", así me daba yo mismo un tiempo para pensar porque tenía la cabeza hecha un gramajo.
La acompañé hasta la puerta y antes de irse me confesó que era la primera vez que besaba a un chico sin que tengan una relación formal. Le interesaba que no pensara que era de las chicas que anda repartiendo besos a granel. Se despidió con un beso en la mejilla. La vi enrumbar camino a su casa y al dar un pasos giró en su sitio pidiéndome "perdón" tres veces seguidas y en voz baja. Sólo le guiñé el ojo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario