Ayer viernes decidí levantarme con otro ánimo. Mis ganas de mejorar habían vuelto. Incluso el frío había vuelto, y no terminaba de entrar la primavera, pero aquí estaba yo impotándome muy poco. Es más salí vestido bastante ligero a pesar de que la estación no decidía con que nombre quedarse.
Me fui al trabajo no queriendo saber nada de mujeres. Al menos no por hoy. Es decir, soy hombre finalmente y mucho no me iba a durar esta condición. Llegué y en la recepción se encontraban hablando el otro chico nuevo y Julia. Además una tercera persona. una chica que al parecer entraba hoy también. Los tres esperaban a que los llamen a la sala de conferencia para continuar con su capacitación.
Saludé cordial pero indiferente. Estaba herido, aunque no quería demostrarlo frente a Julia, por lo de anoche. Tengo mi dignidad y no la iba a perder. No era de los más populares en la empresa pero tampoco de los que pasan desapercibido. Era justo de ese grupo que no le lame las medias a nadie, que tampoco sobresale por cosas sucias. Simplemente del medio que ahora que lo pienso pasa de-sa-per-ci-bi-do. ¡Diablos!
En fin, mi mañana continuó relajada. Poniéndome al día en el trabajo atrasado. Es increíble ver como se convierte en un círculo vicioso. Cuando tienes trabajo atrasado puedes esforzarte por adelantar, incluso hacer horas extras para ponerte al día, pero siempre al día siguiente encontrarás nuevamente trabajo atrasado. Debería existir un hechizo para empezar de cero alguna vez.
Igual nada podía cambiar mi estado de ánimo este día. Había decidido tener un día positivo. Todo se mantuvo en ese órden. Salí más tarde a almorzar para no cruzarme con Julia y me encontré más bien con Miguel. Me senté lejos de él pues no quería cruzar palabras con él. Sin embargo el se sentó a mi lado sin necesitar invitación ni pedir permiso.
"Hola Diego" me saludó.
Le respondí al saludo mientras pensaba que no podía amargarme el día este individuo arrogante propietario de un Hyundai Accent de segunda.
"Esta chica, Julia, ¿es amiga tuya?", me preguntó.
No sabía que responder la verdad. Como, amigos me parecía que no, sin embargo, tampoco éramos desconocidos. "Sí", respondí.
"Es linda, ¿Verdad?, ¿Sabes si tiene novio o algún pretendiente?".
La pregunta me tomó por sorpresa. ¿Sería que Miguel estaba interesado en ella? Claro, como no me había dado cuenta por eso sabía sobre ella cuando le preguntaba. Y por eso la aconsejó para entrar. Quería tenerla cerca como yo. Que hijo de pu...
¿Cómo a alguien se le puede ocurrir hacer una cosa así?. Lo había planeado todo sólo para tenerla cerca. Se había acercado sin que ella se diese cuenta, adelantándose a los movimientos de Julia por contar con mayor información y manipulando su suerte a su conveniencia. ¿Quién podría ser capaz de algo así? Y en ese momento mi conciencia me señaló dos personas, él y yo. Yo había hecho lo mismo con Julia claro. ¡Uy! Entonces.. quién puede culparlo. La culpa en todo caso debería ser de la belleza de Julia.
Pero retomando el tema, "pretendiente creo", le dije escuetamente.
No quería arriesgarme demasiado, debía ser ágil, frío y calculador.
"Ah pero debe ser un gil. Nunca me habla de él. Es más te digo nunca me lo ha mencionado", explicó.
¿Es que no me había mencionado nunca? Porque cuando hablé de pretendiente me refería a mi, soquete. "Mmm, no sabría que decirte", quise cortar la conversación.
"Mira, si me averiguas, quizás puedes ascender en la empresa. Ya sabes que tengo algunas influencia y se que eres su amigo. Así que debes tener influencia sobre ella. Si estás de mi lado te puede ir bien. Hoy no la pienso llevar. ¿Podrás averiguar algo?", preguntó entusiasmado.
"Veré que hago", respondí hastiado. No lo podía creer.
Miguel se fue contento y yo no tuve hambre para seguir comiendo. Había dicho que nada podía cambiarme el estado de ánimo. Bueno, ya veo que le erré. Miguel me quitó el apetito y me cambió el humor. Suficiente ya me regresó el apetito. Terminaré de comer y subo a seguir trabajando. Me iré a casa caminando. Necesito despejarme.
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