domingo, 26 de septiembre de 2010

Entremés de Domingo

El domingo a eso de las once de la mañana Julia pasó a buscarme por el apartamento para ir a la fiestita. La hice subir porque estaba terminando de alistarme. Me peiné, un poco de perfume encima y estaba pronto. Antes de salir abrí la heladera donde tenía una sorpresa conservándose. Le hice cerrar los ojos a Julia que se notaba apurada. Los cerró como por compromiso mientras me apuraba con las manos.
Entonces saqué un ramo de flores de la heladera y se lo mostré. Nunca la había visto brillar tanto a Julia. Podría servir para iluminar ciudades enteras en ese momento. Su belleza, no necesito mecionarlo, era una constante ascendente.
Los girasoles le encantaron a Julia. Me abrazó contenta y me dio un húmedo y largo beso en la mejilla. Me abrazó nuevamente esta vez más fuerte mientras me decía "gracias, gracias, gracias".
Salimos rápido porque no había mucho tiempo para más dentro de casa. Aún teníamos que pasar a buscar a su sobrina. Su tía, hermana de su padre, le había encargado por favor llevarla a un cumpleaños de una amiguita del colegio y Julia había aceptado gustosa. Luego cuando la vi como compartía con su prima noté como le gustaban los niños.
Pero no me adelanto. Llegamos a casa de la tía que vivía en Pocitos y Andreita ya estaba pronta para salir. Linda con un vestidito celeste que la hacía verse como princesa. Su cabello negro al estilo de Blanca Nieves la hacía ver encantadora. No se parecía en casi nada a Julia, pero era una niña linda.
Fuimos en un taxi hasta el salón de la fiesta. Era un lugar agradable y grande. Estacionamiento para los autos, Salón para los mayores que llevaban a los niños y luego el patio de juegos. Nos ubicamos junto a una pareja de padres jóvenes, quienes dicho sea de paso nos preguntaron si Andreita era nuestra hija. No saben como nos reímos. Pero para que la pareja no lo tomen a mal les explicamos que ni siquiera éramos novios. Ellos se volvieron color tornasol rojizo de la vergüenza. De todos modos algunos dirían en todo caso que ya olíamos a papá. Algo en lo que Julia y yo teníamos una especial respuesta: "No, gracias".
Andrea se fue a jugar al patio de juegos con los demás niños y niñas, y nosotros nos quedamos en el salón para grandes tomando, comiendo y conversando en como había cambiado la vida de la joven pareja la llegada de Arturito, su hijo.
En cierto momento, Andreita vino a tomar agua mientras Julia estaba en el baño. Le di el agua en un vaso cuidando de que no se moje y luego la acompañé al salón de los niños. La verdad la tomé como excusa porque estaba cansado ya de escuchar hablar de Arturito. Ahora que lo pienso, quizá Julia también, por eso era la cuarta vez que se paraba al baño.
Justo era hora del teatro de títeres. Opté por sentarme con Andreita cerca a los otros niños. Ella estaba un poco vergonzosa. Gritamos y gritamos a más no poder. Me divertí junto a Andreita y no vimos como pasó el tiempo. Cuando reaccioné tenía a Julia, sentada a unos metros, clavándome la mirada con una sonrisa de satisfacción de oreja a oreja. Sin querer, creo que había hecho unos puntos extras para ganármela. Era el momento de lograr lo que en el béisbol vendría a llamarse 'full house'.
Al cabo de un par de horas más, nos despedimos de todos, incluídos los jovenes padres y el 'gordito encantador' Arturito del cual ya conocía hasta el color de sus pijamas. Le regresamos a Andreita a su madre, quien le preguntó a Julia como andaba. Yo preferí quedarme unos metros atrás, quise evitar las clásicas preguntas familiares para conocer al chico nuevo. Sólo logré a escuchar algunas cosas: ¿cómo seguía el padre?, ¿Si estaba tomando menos?, ¿Cómo andaba ese trabajo nuevo? y ¿Todo bien con la yegua? A lo que Julia respondió con un enérgico "Tía".
"Esta bien no me meto yo", pero ya sabes que cuentan conmigo.
Se dieron un beso de despedida y nos fuimos de regreso a casa. La invité a cenar la siguiente noche. Ella aceptó. Lo que no sabe es que tengo una sorpresa para ella en la cena de mañana.

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