domingo, 19 de septiembre de 2010

Julia se disculpa y luego queda sorprendida

Dieron las siete de la noche del viernes y salí del trabajo. Saqué los audífonos del bolsillo de la mochila, los conecté a mi celular y encendí la radio. Estaba memorizada radio Disney y me decidí en escucharla. Estaba con ganas de pensar y que más ayuda que una radio 'comercial' para poner la mente en blanco y que las melosas canciones de siempre vayan coloreandote las ideas.
Marqué tarjeta al salir del trabajo. En la puerta estaba Julia conversando con la chica nueva, y claro, con Miguel también en su auto por supuesto.
Los ignoré completamente y me fui por la vereda caminando tranquilo a pesar de que Julia me miró nerviosamente. Caminé una cuadra y media y sentí una mano en el hombro izquierdo. Por alguna razón no me asusté. Debí ir caminando muy relajado supongo. Volteé el cuello y la mirada se tornó de sorpresa. Aunque en ese momento una sopresa no deseada.
"¿Puedo acompañarte?", preguntó casi como pidiendo permiso Julia.
Sí, Julia me había alcanzado caminando y me pedía permiso para acompañarme. Era como un sueño hecho realidad. Pero no se si lo deseaba en ese momento. Por las dudas acepté. Digo, no es que no sea fuerte en mis decisiones, pero tampoco voy a estar tentando mi mala suerte.
Igual no se la hice fácil. Sólo acenté con la cabeza y me saqué el audífono.
"Disculpa por lo de anoche", empezó diculpándose. Se le notaba que decía la verdad.
Aunque a estas alturas de vida ya no sé si confiar en lo cambios de estado de ánimo de las mujeres supongo que finalmente aceptaría sus disculpas. Mientras sólo la miré con cara de no sé lo que hablas.
"Es que estaba molesta contigo. Quizá no lo sabes pero me molesta que le hagan daño a los demás", continuó Julia.
Ahora si estaba intrigado y me cara cambió a una de completa extrañeza.
"Tú sabes lo de tu novia", se explicó.
Y eso me parece que rebazó el vaso. Por alguna razón esta conversación estaba tomando ribetes ilógicos. "No sé de que hablas, ¿puedes ser más específica?", pregunté.
"Es que yo sé que no debo meterme en la pelea de los demás pero no se que de grave pudo haber pasado en el tiempo entre que se besaban tú y tu novia y unos pasos que di yo para encontrarla llorando doblando la esquina. No la conozco por eso no quise meterme pero no sabes la rabia que me dio. No se debe tratar así a una mujer".
"Bueno, defensora de los inocentes, me parece que también eres impulsiva. En todo caso me parece que no optaste por la decisión correcta"
"Si yo sé que no debo meterme en los proble..."
La interrumpí para decirle "No, no debes prejuzgar a las personas sin saber lo que sienten o pasan".
Se sintió como se sienten los niños cuando los padres le dan un sermón. Dentro de todo y la discusión noté como se le encogían y retorcían los labios hacia un lado. Sí, sí estaba siendo regañada por mí. Je, je.
"Lo sé Diego. ¿Me disculpas?".
"Está bien, pero antes de que me tomes por mal tipo, déjame contarte que pasó". Y luego comencé a relatarle todo lo que ustedes ya saben. Mi desagradable situación entre Leticia y yo. El porqué de ese beso y la razón por la que debe haber estado llorando en la calle (Dicho sea de paso que raro me sonaba eso). Intentó decirme que se sentía como una novia quejona ante tantas explicaciones y que no era necesario. Que sólo la disculpe. Pero insistí. Porque "es cierto que no era una novia quejona, pero que quien sabe podría ser mi novia en algún momento".
Eso la tomó por sorpresa. Pero como todas las conversaciones importantes deben ser interrumpidas por naturaleza. Sólo atinó a decir con una risa forzada "Je, je, no estoy para novios en este momento", entoncés entro en su hogar despidiéndose con un beso.
El sábado a pesar de ser un lindo día me quedé en casa por la mañana, fui a jugar futbol con mi amigos de tarde y en la noche me quedé en casa viendo Cheri en HBO. Un sábado de Relax. Veremos que trae el domingo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario