martes, 21 de septiembre de 2010

El lunes con Miguel encima

Al parecer Julia se tomó muy a pecho eso de que se alejara de mí. No me habló en todo el día. En realidad hubiese preferido no decirle nada de eso ayer y que venga y me diga algo. Al menos que me diga nabo. Pero no, esta vez, no existían palabras con destino a Diego.
No la encontré en la parada y subió, mas bien, en la siguiente. Se ve que caminó un poco más con tal de no encontrarse directamente conmigo. En el ómnibus se fue a la otra punta. Llevaba unos lentes negros oscuros, de esos que te cubren la mitad de la cara, que no me permitían ver la dirección en que sus ojos claros me miraban. Que convenientes esos lentes para ella en ese momento.
Bajé primero ya que estaba más cercano a la puerta de descenso. Ella no bajó. Retrasé el paso a ver si venía detrás de mí, pero no.
Ya en la empresa cada vez que me la cruzaba, ya fuese conversando con su amiga o sola me evitaba de manera alevosa. La otra chica nueva que entró al día siguiente con ella era su acompañante en ocasiones. Por cierto cuando cruzaba con ella al lado, esta chica era la que me miraba extraño. ¿Le habrá contado Julia algo sobre mí? No lo sé con seguridad pero me parece que se estaban volviendo muy amigas. Debía preocuparme por conocerla entonces.
Quien si vino a atormentarme a cada instante fue el gil de Miguel. Que tipo más antipático no he conocido en mi vida. Y no se si soy yo quizá, porque en los almuerzos siempre lo veo conversando con otras chicas lindas de la empresa. Incluso sentado en la mesa de los directores y gerentes. A lo mejor soy yo el antipático, es que, a esta alturas con el concierto en ‘asinfonía’ en Sí por supuesto, ya no sé que pensar.
Como relataba antes de perderme en mis constantes divagues vino Miguel a preguntarme si ya había conversado con Julia. El tipo quería que le pregunte qué ‘onda’ había con él. Intenté decirle que no me iba a decir nada, en realidad quería decirle que me había dicho que era un idiota, pero tampoco quería comprometerla. Persistí, intenté disuadir y no resultó nada. Este muchacho era más fastidioso que una montaña en el zapato.
Al final quedamos en que algo le preguntaría, pero de seguro sería mañana, porque hoy, me excusé, estaba al borde del colapso con tanto trabajo. En realidad era una mañana bastante ‘light’. Un par de papeles por entregar y mucho buscaminas por jugar. Será por eso también que noté mucho más la ausencia de Julia.
No terminó el lunes, claro, sin que Julia se fuese sin despedirse y Miguel me recordase, por si me fuese a olvidar, que hable con ella. Llegué a casa y al menos seguía sin tener noticias de Leticia. Una a mi favor.

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