Cuando Julia llegó a mi casa. Llegó con cara de preocupación. Me dijo que ya me contaría más tarde y que sólo quería subir y que la abrace. No se que podía pasarle. Sus ojos los noté vidriosos y no tenían el brillo de alegría que solían tener.
Subimos, cerré la puerta, di la vuelta y ya la tenía abrazándome con lágrimas en los ojos. Me confesó que yo le parecía re lindo pero como no quería sacrificar una amistad. Que ella valoraba muchísimo las amistades. Incluso más que las relaciones de pareja.
Pueden imaginarse que me sentía como ustedes, más perdido que Tarzán en el día de la madre. No entendía nada de lo que decía. Se notaba que ese cerebro había venido dándole vuelta a una idea mucho tiempo.
Entonces comentó a contarme.
Verónica le había pedido a Julia que la acompañase caminando porque tenía algo personal que contarle. En el camino le contó que me conocía hace un tiempo atrás ya. La verdad yo no la recordaba. Le dijo que conocía a mi ex novia, Leticia. Y si bien no me veía mucho, si se veía continuamente con Leticia.
Mi ex le comentaba siempre como la había tratado. Que mi comportamiento con ella era la de todo un caballero y sabía que Leticia no me merecía porque siempre se comportaba como si no tuviese novio. Miren a la hora que me vengo a enterar. Y si bien ella no prejuzgaba a su amiga por sus actitudes, el parecía un desperdicio que un chico como yo perdiese el tiempo de esa manera con una chica así. Que los relatos de Leticia le habían servido para conocerme sin conocerme y que ahora que sabía que estaba libre iba a intentar hacerme suyo. Que orgullo y que rabia al mismo tiempo pensé.
Además le había pedido a Julia que le ayude conmigo ya que veía que éramos muy amigos.
Julia no había tenido el valor de contarle que estábamos empezando a salir juntos porque se habían vuelto inseparables. Y no quería sacrificar la única amistad que tenía en el trabajo por salir con un chico, que al final, terminaría siendo como todos los demás.
Así que había llegado hacia mí en busca de consejo o solución. Menos mal que había llegado al lugar correcto pensé. La abracé más fuerte aún y luego no sentamos. Algo tenía que decirle y no sería lo de Miguel. Tenía que pensar rápido si quería que Julia no se me fuese de las manos.
Subimos, cerré la puerta, di la vuelta y ya la tenía abrazándome con lágrimas en los ojos. Me confesó que yo le parecía re lindo pero como no quería sacrificar una amistad. Que ella valoraba muchísimo las amistades. Incluso más que las relaciones de pareja.
Pueden imaginarse que me sentía como ustedes, más perdido que Tarzán en el día de la madre. No entendía nada de lo que decía. Se notaba que ese cerebro había venido dándole vuelta a una idea mucho tiempo.
Entonces comentó a contarme.
Verónica le había pedido a Julia que la acompañase caminando porque tenía algo personal que contarle. En el camino le contó que me conocía hace un tiempo atrás ya. La verdad yo no la recordaba. Le dijo que conocía a mi ex novia, Leticia. Y si bien no me veía mucho, si se veía continuamente con Leticia.
Mi ex le comentaba siempre como la había tratado. Que mi comportamiento con ella era la de todo un caballero y sabía que Leticia no me merecía porque siempre se comportaba como si no tuviese novio. Miren a la hora que me vengo a enterar. Y si bien ella no prejuzgaba a su amiga por sus actitudes, el parecía un desperdicio que un chico como yo perdiese el tiempo de esa manera con una chica así. Que los relatos de Leticia le habían servido para conocerme sin conocerme y que ahora que sabía que estaba libre iba a intentar hacerme suyo. Que orgullo y que rabia al mismo tiempo pensé.
Además le había pedido a Julia que le ayude conmigo ya que veía que éramos muy amigos.
Julia no había tenido el valor de contarle que estábamos empezando a salir juntos porque se habían vuelto inseparables. Y no quería sacrificar la única amistad que tenía en el trabajo por salir con un chico, que al final, terminaría siendo como todos los demás.
Así que había llegado hacia mí en busca de consejo o solución. Menos mal que había llegado al lugar correcto pensé. La abracé más fuerte aún y luego no sentamos. Algo tenía que decirle y no sería lo de Miguel. Tenía que pensar rápido si quería que Julia no se me fuese de las manos.
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