Llegué al trabajo por segundo día consecutivo más temprano que nunca y como la mayoría de gente de mi edad preferiría estar un martes por la mañana en cualquier parte menos en el trabajo. Sin embargo, allí me encontraba, sentado en mi escritorio, enterrado bajo un rumo de facturas y tareas pendientes. Quizá el órden no sea algo que me caracterice.
Aproveché que debía llevar unos papeles donde la jefa de recursos humanos para conversar con mi contacto en esa área. Le pregunté disimuladamente a este chico si es que habían llamado nuevamente a Julia, una chica amiga mía disimulé, que había entrado ayer a una entrevista de trabajo. Miguel, como se llamaba este asistente de recursos humanos me dijo que sí, y que por como él la veía, tenía muchas opciones de entrar. Al menos eso me alegró la mañana. Podría, si todo seguía saliendo bien, continuar teniendo la oportunidad de ver a Julia.
El resto de la mañana pasó sin novedades entre lluvias ligeras. La tarde llegó con un cambio de aspecto. Pasó de ser gris a soleada.
Eran alrededor de las seis de la tarde cuando vi pasar a Julia por uno de los pasillos de la empresa. Iba para su segunda entrevista. La saludé de lejos y le deseé suerte a la distancia para no ponerla nerviosa. Aunque creo que yo estaba más nervioso que ella, pues se le veía tan fresca y encantadora como la soleada tarde.
No la ví salir más de esa área. Dieron las siete y marqué mi salida quedándome a fumar en la puerta de la empresa haciendo tiempo a que saliera. Siete y diez salió, no demoró mucho. La saludé como si fuese por casualidad que estaba allí. Siempre he sido partícipe de hacer que sucedan las cosas y no esperar a que sucedan por sí mismas.
"Hola Diego", me dijo con su melodiosa voz.
"Hola" contesté. "¿Cómo te fue en la entrevista?"
Me propuso contarme mientras caminábamos hacia la parada. Eran tres cuadras así que no era mucho el tiempo. Ella no sabía como yo que vivíamos tan cerca.
"Dale", le dije yo. "Me sirve cualquiera que vaya para Tres Cruces".
"Ah, a mi también" finalizó el ponernos de acuerdo y continuó su charla sobre la entrevista.
Ahora si la veía un tanto nerviosa. Es como si se hubiese mantenido firme hasta que pase la presión. Me contó que Miguel, el asistente de recursos humanos, la había hecho primero pasar con él. Y que ella había sido la única que había pasado por esa situación. Los dos muchachos y la otra chica que también habían sido llamados para la segunda entrevista habían entrado directamente con la jefa de recursos humanos y no con Miguel antes.
"La verdad se le veía encantador y muy profesional a ese muchacho", me dijo. Le había dado unos consejos para cuando hablara con la jefa de recursos humanos. Me pareció extraño eso de parte de Miguel. No era un tipo muy sociable en la empresa. Es mas, mis compañeros y yo siempre lo vimos medio antipático. Quizá lo había hecho porque le dije momentos antes que era una amiga mía. No le di importancia.
Luego, me contó, que esos consejos le habrían servido. Porque la jefa de recursos le había dicho que eran dos puestos los que necesitaban cubrir y que uno iba a ser suyo. Que mañana le llamarían para empezar la capacitación. Sin duda la primera persona que iría a visitar cuando entre a la empresa va a ser a Miguel por su buena onda. No dije nada más sobre el tema.
A esas alturas ya bajábamos juntos del ómnibus y se dio cuenta de que vivíamos cerca. Me preguntó dónde y me indicó. Me hice el bobo e hice lo propio diciéndome donde. Así que yo caballero me ofrecí a acompañarla a la puerta de su casa. Siempre fui un caballero, de esos en extinción, lástima que las chicas con las que me topé no hayan sabido valorar eso. O quizá ya no lo deseen así.
De hecho Julia me dijo que no era necesario, que cada uno podía tomar su camino. Pero insistí y aceptó. La dejé en la puerta de su casa agradeciéndome por mi caballerosidad y me señaló que era bueno tener un compañero de trabajo con el cual regresar "porque la verdad no era muy segura esa zona en ocasiones". Quedé a las órdenes. Sonrió y me fui con un hasta pronto.
Caminé las dos cuadras hacia mi casa como si caminara sobre algodón. Cada vez me gustaba más Julia. En eso sonó mi celular. Era Leticia. Le dije que me diese un tiempo para pensarlo. Unos días, yo la iba a llamar. Cuando esté más tranquila hablaríamos. Leticia entendió. Claro que era lógico que lo que le iba a decir era que lo nuestro había terminado esa noche cuando la vi besando a otro tipo en la puerta de su casa. Nunca puedo terminar mis encuentros con Julia simplemente feliz. Pero ya llegará el momento.
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