jueves, 30 de septiembre de 2010

Los planes para la salida

Esta vez me levanté temprano por más que la fría mañana invitaba a quedarse debajo de las sábanas. Nos encontramos con Julia en la parada del autobús y fuimos juntos al trabajo.
Mientras me había estado lavando los dientes en el baño se me había ocurrido algo para deshacerme de Verónica sin que se diese por ofendida. Así que se lo sugería Julia. La idea era muy sencilla. Invitar a Verónica a un boliche el fin de semana. Tratar de que tome hasta que se desinhiba. Luego Julia nos dejaría solos para que pueda cortarle el rostro. Julia aceptó, pero antes me hizo prometer que no sería cruel con ella. Que tenía que ser cortés y delicado como siempre he sido con ella. En pocas palabras que le deje en claro que no quiero nada con ella, pero como todo un caballero. Lo sé, hay que ser muy ruin para idear algo así, pero hay que serlo más para planeárselo a una amiga. Quien entiende a las mujeres. Igual, me gusta el lado malvado de Julia también. Además, esta situación, si bien no era la más correcta, me parece que era justa y necesaria.
Llegamos al trabajo, como hasta ahora, juntos pero separados. En verdad, no veía la hora de llegar agarraditos de las manos y darnos un besito de suerte en la mañana. Me desesperaba esperando gritarle al mundo que Julia era mi novia. Pero desde un principio supe que no sería nada fácil conquistar a Julia.
Una mañana sin Miguel. Al menos en la oficina no iba a tener al gil ese rondando por mi escritorio. Por más que se hubiese tomado de lo más bien mi relación con Julia no podía confiarme. Sigo preguntándome como se habrá enterado.
En el almuerzo le pedimos a Verónica que nos acompañe al boliche. No hubo que hacer mucho esfuerzo. Aceptó casi de inmediato. Según me dijo luego Julia, al saber que yo iba no tuvo mucho que pensar. Ojo, no es que me crea la última Coca Cola del desierto, sólo retransmito lo que escucho.
Así que quedamos en que el viernes saldríamos los tres a ciudad vieja. De tarde Julia pasó por mi escritorio a avisarme que pospondría la sorpresa de esta noche y que para bien o para mal sería mucho más grande. Más bien hoy pasaría como siempre de noche por casa.
Me preguntaba cuando conocería a su familia. Eso, desde el punto de vista del chico de la relación, el que la chica te presente a su familia como que te da seguridad de lo que siente por ti. En mi caso ni siquiera había podido ingresar en su casa. No sé si por vergüenza a su padre alcohólico o por miedo a la madre roba novios. Creo que debe ser más lo último porque no la veo a Julia como una chica que se avergüence se sus padres. Y menos de su padre que fue su sostén durante mucho tiempo y la alejó de su problema llamado madre.
De noche llegó salimos juntos del trabajo. Pasamos por un Mc Donald’s a comprarnos unos conitos de helado. Y fuimos disfrutándolos en la calle. Con el clima que hacía la gente nos miraba como locos o tarados. Pero poco nos importaba. Cuando llegamos a casa, en el ascensor por fin pude abrazarla y ella se dejó sin problema. El beso duró lo que dura el ascensor en llegar a mi piso. Pero dentro del apartamento continuaríamos ya con la tranquilidad de que nadie nos mire.
Besos, caricias, abrazos, más caricias, todas tiernas e inocente. Bruno y Fernando, mis amigos con lo que anoche salí, me preguntaron si ya lo había hecho con ella. Y les respondí que no. Se rieron y me trataron de estúpido como era de esperar. Me dijeron que era el mismo romántico y sentimentalón de siempre. Puede ser, pero ahora, no es algo que me quite el sueño. Créanme, incluso los hombres que leen esto, que no estoy apurado por que pase. No niego que me encantaría hacerle el amor, pero quiero respetar sus tiempos y no comportarme como un animal en celo.
Después de un rato cuando los besos llegan a traspasar la piel y las ropas se vuelven una barrera infranqueable preferimos enfriarnos y conversar un poco. Tema a tratar: Salida del viernes.
Parecía que Julia tenía ya todo planeado y me pareció tan buenas sus ideas que me convenció de primera. Baile preferidos de todos: los temas tropicales. La salsa y el merengue nos mueven automáticamente. Y como coincidíamos en el gusto musical bailable optamos por ir a Azabache. Un boliche que se caracteriza por pasar este tipo de música y donde suelen ir gente de todas las edades, desde chicos jóvenes hasta cincuentonas fuertes buscando levantarse un muchachito que las haga rejuvenecer. Bueno, en algunos casos cuando no son tan fuertes, buscando levantarse lo que puedan sólo por amor al deporte.
Allí en el lugar Julia a media noche se sentiría mal y nos dejaría solos a Verónica y a mí. Allí cuando ella se ponga un poco más ‘accesible’ le dejaría en claro, siempre sutilmente que en realidad entre ella y yo no podía existir nada porque me gustaba Julia. Esperemos lo entienda bien y sino ya no podíamos hacer nada más.

martes, 28 de septiembre de 2010

Un día sin muchas novedades

Salí rápido en la mañana hacia el trabajo. Me desperté tarde debido a que anoche dormí plácidamente. No se si soñé en el medio de la madrugada pero mi sonrisa temprano en el espejo no desapareció con el correr de las horas como normalmente ocurre.
Pienso que se me está haciendo costumbre esto de levantarme tarde. Debo corregirlo si no quiero tener problemas en el trabajo. Más ahora que voy a tener a Miguel en mi contra, de seguro, el algún momento cercano. No creo que se aguante la vergüenza de que yo le haya ganado a Julia y lo haya hecho quedar en ridículo al mismo tiempo. En verdad se lo merece por gil, pero no pienso tentar a mi suerte. Finalmente los trabajos no se consiguen así por así en estas épocas.
Para esta noche no quedamos en nada con Julia. La veré sólo en el trabajo así que de seguro almorzaremos juntos. La mañana vino sin contratiempos. Con mucho esmero logré llegar sólo un minuto pasado al trabajo. Julia, que suele ser puntual, salió primero y no la encontré en el trabajo. Me llamó preocupada cuando ya había tomado mi ómnibus para preguntarme si estaba bien. Le expliqué que no pasaba nada, que sólo era la satisfacción de lo de anoche que me había hecho quedarme dormido. Se quedó más tranquila y me sugirió salir a almorzar juntos a la misma hora. Claro que acepté y por consecuencia se cumplió mi premonición.
Es gracioso, en mi vida, solió pasar lo que en algún momento imaginé con respecto a ciertas situaciones. Por alguna razón si yo decía que iba a pasar algo en el noventa y nueve por ciento de ocasiones sucedía. Ello me llevaba a preocuparme en demasía por lo que venía imaginándome con respecto a Julia, Miguel, Verónica e incluso tenía una espina clavada con el no haber podido saber más de Leticia. Un amigo me dijo que la dejara tranquila, que ya era parte del pasado y que quizá lo que la mantenía viva en mi mente era mi subconsciente. Quizá una parte de mí aún la quería conmigo o buscaba venganza por su traición. Por mi parte, supongo que mi amigo viene leyendo mucha novela de Corín Tellado porque concientemente puedo asegurar de que no quiero más a Leticia en mi vida.
Hablando justo de mis amigos, a media mañana, me llamaron un par de amigos que son hinchas acérrimos de Defensor Sporting para invitarme a ver un partido por la Copa Sudamericana esta noche en el estadio Centenario. No estaba mal la invitación debido a que el fútbol me gusta sólo el internacional. Me gusta más el básquet en realidad. Como no iba tenía nada planeado nada con Julia esta noche acepté sin problemas. Entonces me vería de noche con Fernando y Bruno. Quienes se hacían llamar los villanos violetas de Palermo. En fin.
Llegó la hora de almorzar y Julia asistió con Verónica. Ahora que lo pienso esta niña se va a volver un verdadero drama si es que no pongo cartas en el asunto. Quise mostrar una mala imagen en el almuerzo, pero en un momento que Verónica se levantó a calentarse la comida, Julia me pidió que no sea descortés. Que esa no era la manera. Finalmente ella la consideraba su amiga y no quería verse luego en la odiosa situación de estar en un lugar sin el otro. Había que tocar el tema con pinzas entonces. Ya se me ocurriría algo inteligente más adelante. Por ahora trataba de no alimentar las esperanzas de Verónica. Pero debo decir que Julia no me ayudaba mucho porque ante las indirectas de su amiga, ella sonreía como si le gustara la idea. Hay que decir, punto aparte, que Julia es muy buena actriz.
Hablamos varias cosas durante el almuerzo, que esto, que lo otro, pero nada que sea digno de relatarse. Bobeamos un buen rato por así decirlo. Como para rescatar, Julia me preguntó qué haría de noche ya que ella tenía unas cosas que hacer por su casa y hoy no podría irme a ver. Le conté lo del partido de fútbol de la noche y como que quedó más tranquila sin cargos de conciencia. Confirmado, ésta sería una noche de hombres y fútbol.
La tarde avanzó sin contratiempos. El partido peligró debido a una tormenta que fue amainando de a pocos. Finalmente con lluvia igual iríamos. Sólo como para contar diré que el gil de Miguel, quien hoy se le veía demasiado ocupado, pasó mi lugar de trabajo y me dijo al pasar que se había enterado lo de mi chica. Lo extraño es que me lo dijo tranquilo y con cara de que yo me lo tenía guardadito y no se lo esperaba. Me pareció raro porque la reacción que esperaba de su parte no era fue esa justamente. Por otro lado no sé cómo se había enterado sobre Julia y yo. Intentaría sacarle luego más información. Pero no sería hasta dentro de dos días porque el individuo gil viajaba esta noche a Buenos Aires por motivos laborales. Algunos días sin él, ¡qué alivio!
Salí del trabajo y al partido. Ganó Defensor. No llovió durante el partido y me sirvió para despejarme tal como al cielo. Por cierto, ahora que lo pienso, recién entendí porque Julia no me ha invitado a su casa hasta ahora. Debe ser porque siempre le interesé y no quería mostrarme con su madre. Terminó el partido mejor alejo mi mente de Julia porque mis amigos van a burlarse de mí. Ahora a casa a tomar unos mates para que pase el frío y luego a dormir.
Al llegar, Julia había dejado un mensaje para mí en el recibidor. Me pedía que no hiciera planes para mañana porque me tenía algo preparado. Ahora me quedé con la ansiedad que causa la curiosidad. ¿Qué puede haberme preparado?
Mejor me duermo y mañana lo averiguo.

lunes, 27 de septiembre de 2010

Un secreto como sobre mesa

Terminada la cena, Julia se sentó frente y sobre mí. Juntitos y en la misma silla me deleitó con los mejores besos y caricias que he recibido en mi vida. Al verla desprenderse de todo lo que la contenía me sentí satisfecho por la labor realizada y por tenerla conmigo finalmente.
Sólo había algo que le impedía entregarse totalmente a amar sin miedos, ni temores. Y era ese enorme secreto que guardaba. Cuando le pregunté si era feliz ahora. Me miró fijamente y fue como si su mundo ideal se le hubiese caído por completo en un segundo, esa mirada con felicidad truncada que había aprendido a reconocer volvió a ella e hizo que se levantase de la silla que ocupábamos. Se fue a parar al borde de la terraza y yo fui detrás de ella. La abracé por detrás y ambos en esa misma posición nos recostamos en el muro al borde de la terraza.
“¿Qué pasó?, le pregunté.
“Mi secreto”, respondió ella dándose vuelta y mirándome fijamente a los ojos. Se escabulló resbalándose hasta quedar sentada con el muro como respaldar. Me senté a su lado. Ambos miramos las estrellas. “Supongo que si te cuento quedaré totalmente libre y confiaré en ti”, prosiguió ella. “Pero si me dañas, vas a acabar conmigo Diego”, sentenció.
“No te preocupes, confía en mí…” intentaba decirle cuando una lágrima brotó de sus ojos y rodó por su mejilla hacia el abismo.
“No es tan fácil”, me confesó recostando su cabeza en mi hombro.
Y empezó su confesión. Me dijo que no creía en los hombres debido a sus engaños y a su madre.
Me descolocó completamente. Hubiese esperado lo de los hombres pero lo relacioné más hacia su padre que a su madre. Lo que vino después me dejó peor aún. Ella vivía con su padre y su madre. Como ya sabía me reafirmó lo del padre alcohólico. Pero me dijo que él había sido amoroso durante su niñez con ella, todo un ejemplo. Que quien lo había vuelto alcohólico y al borde de la locura había sido su madre. Pasa que los padres no siempre pueden ser héroes aunque quieran.
Su madre lo había engañado muchas veces con otros hombres e, incluso, mujeres. Era una adicta al sexo confesa. Que había intentado curarse al principio pero que se había dejado llevar por esa marea de hormonas agitadas sin control alguno arrastrando a su paso con sus seres queridos. Se había metido con todos los hombres que pudo y cada vez que podía. Al principio se lo habían logrado ocultar a Julia con el apoyo de su padre. Sabía que su madre la terminaría dañando en algún momento, así que el padre había hecho todo lo posible por protegerla. Sin embargo la presión social, la de su esposa y la que surgía de ocultarle a Julia algo que en cualquier momento saldría a la luz a través de que avanzaba en edad, lo habían ido envolviendo de a poco en la bebida. Llegó el momento en que su padre había quedado en estado etílico permanente y Julia, durante su adolescencia, sin protección.
Tuvo tres novios en su adolescencia y juventud que la marcaron. El primero, el que siempre marca a una chica a los trece años. El novio tenía dieciséis y había sido invitado como varios amiguitos a una ‘pijama party’ en casa de Julia. Terminó con él cuando lo encontró en la cama con su madre en plena fiestita. Ese día comprendió porque los amigos varones siempre pedían que las fiestas se organicen en casa de Julia. No debe haber sido la primera vez que eso ocurría.
Eso fue un drama para Julia pero su familia la ayudó a salir de eso, especialmente su tía. Le explicaron la enfermedad de su madre, que por más que crea que es lo peor que le puede haber sucedido hay cosas más graves. Y que finalmente, aunque le duela, ella era su madre y luego ese verso de que madre sólo hay una. Ahora entiendo por qué la tía la llamó yegua cuando fuimos a dejar a Andreita.
Luego vinieron algunos otros episodios, que el padre, aún no un alcohólico empedernido, había logrado disimular. Hasta que llegó el segundo gran altercado, este vino a los dieciséis años cuando encontró a su novio con el que llevaba dos años de relación, al que por primera vez llevaba a su casa, nuevamente en manoseos con su madre en la cocina. El novio de dieciocho años de edad le explicó a Julia que fue su madre quien lo había seducido y le recriminó que si sabía que estaba enferma no se lo hubiese dicho antes. Un jovencito sin principios según ella. Si no hubiese sido con su madre la traicionaría con otra chica en algún otro momento. Sólo le dolió el episodio porque pensaba que todo había quedado olvidado y encerrado en los hechos del pasado.
En seguida Julia se volvió práctica y autogeneró una coraza para con su madre. La utilizó como una especie de máquina testadora de novios. Quienes caían en garras de su progenitora, como solía decir ella, no valían la pena. Y de hecho era difícil, al parecer, resistirse a la madre de Julia. Como la describía ella misma, no aparentaba tener cuarenta y dos años sino que parecía tener encima unos pocos de veinte y tantos años, se asemejaba más a una chica joven, escultural, sensual, bella y provocativa.
Cuando Julia tenía diecinueve años un chico la sorprendió realmente. Mantuvo con él una relación que duró hasta los veintidós años. Lo conoció en un baile al que también había ido su madre y del cual se fue acompañada con dos guardias de seguridad. Quien sabe en que terminaría esa noche su madre. Ella, sin embargo, fue conquistada por ese muchacho muy lindo como galante. Exitoso en cada emprendimiento que llevaba a cabo, aunque a decir verdad, este muchacho entre sus veinticuatro y veintiséis años emprendía cosas que yo había emprendido a los dieciocho. Le faltaba un poco de madurez pero al menos demostraba no importarle su madre.
Claro que toda la felicidad duró poco cuando se enteró que este chico ocultaba su segunda relación con su madre. La madre de Julia y él se habían conocido desde antes de conocerla a ella. Justamente a través de su madre es que este tipo había visto a su madre por primera vez. Parecía que a su madre no le importaba todo esto. No tanto así a Julia que volvió a deprimirse refugiándose una corta temporada de no más de dos semanas en el alcohol siendo su tía quien logró sacarla de allí. Desde allí que Julia no tomaba nada de alcohol sea el motivo que sea.
Complicado secreto y dura experiencia para Julia. Pero aquí estaba yo para apoyarla. No sabía cómo pero al menos con su madre no me interesaba acostarme. Aunque por lo que me dejó entender quería testearme. Luego discutiríamos eso. Lo importante ahora era contenerla para que no se me vuelva a desmoronar. Eso hice y nos abrazamos y besamos un poco más mientras le decía que nada de esas cosas raras iba a pasar conmigo. Pero como pedirle a la gallina que vea el agua caliente y no se altere. Fue complicado convencerla, o al menos tranquilizarla, porque no creo que la haya convencido. De seguro habría más conversación con relación al tema ‘su madre’ en adelante. Felizmente, por ahora, había terminado.
Se despidió y nos vimos mañana. Sólo me pidió esconder lo nuestro en el trabajo debido a Verónica. Además desde su punto de vista aún no éramos oficialmente novios. Lo seríamos después de que pase la prueba de su madre. Eso me tenía indignado, no soy un conejillo de indias, pero ya lo discutiríamos luego. Eso, lo de Verónica y lo del gil de Miguel. Si que habían complicaciones con Julia pero la recompensa era la mejor.

Preparando la sorpresa

El lunes empezó como todos los lunes, soso, sin gracia y cansado. Fui a trabajar y lo que entusiasmó fue coincidir con Julia en la parada del autobús. Claro esto no es nada nuevo para el lector ya que saben como Julia alimenta mis mañanas como el sol alimenta a las flores con sus rayos.
Llegamos, al trabajo, juntos ‘pero separados’ como quedamos con Julia la noche anterior. Es decir, si no les queda claro, es como si viviésemos algo más que una amistad pero sin derecho a nada y con la consigna de que nadie se entere. Por titularlo de alguna forma seríamos una especie de ‘amigovios’, algo muy común en éstas épocas, pero más amigos que novios en nuestro caso.
Miguel estuvo de mañana nuevamente fastidiando con el tema de Julia. No sé como iba a hacer para poder salir del paso. El gil de Miguel no dejaba de encimarme para obtener datos sobre Julia. Esta vez salí del paso diciéndole que no la había visto en todo el fin de semana. Se lo creyó.
En cuanto a Julia y mi nocturna sorpresa sólo le dije a ella en el almuerzo que la esperaba como siempre a las nueve en mi casa. Eso fue en los cinco minutos que estuve en el comedor de la empresa. Ya que luego, con la excusa de que debía salir a hacer unos mandados de mis abuelos, salí del lugar y del trabajo mismo.
Cuando dieron las siete de la noche, hora de salida laboral, me fui lo más rápido que pude. Julia no pudo siquiera alcanzarme para nada. Y por lo que pude ver el gil de Miguel tampoco a quien pude ver tratando de decirme algo a lo lejos. Me pareció ver una cara conocida llegando al lugar cuando me iba. Pero no, Leticia, mi ex, no tendría nada que hacer ahí.
Ahora que lo pienso mejor y ya lejos de ahí, Verónica, podría ser una opción de visita por la empresa. ¡Ah no! No quiero imaginarme tenerla cerca rondando.
Saqué los malos pensamientos de mi mente y opté por concentrar todas mis fuerzas en mis planes nocturnos. Fui a los lugares donde tenía que comprar cosas y me apuré lo más que pude.
Dieron las nueve y tres minutos de la noche y apareció Julia en el recibidor del edificio vistiendo unos jeans claros y una blusita bastante ligerita. La verdad que los climas de estos días dan para vestirse bastante ligero. No sé si para blusita pero ella vino así y a mí me gustó como vino. El cabello suelto recién lavado y secado con secador. No es que sea un experto en estética femenina pero me gusta ser observador.
Cuando llegó al recibidor encontró un papelito que decía “Julia, ingresa directamente hasta el apartamento que te diriges, tienes pase libre en mi vida”, firmaba yo por supuesto.
Julia prosiguió su camino en el mismo ascensor de siempre y golpeó tímidamente la puerta de mi apartamento. Cómo nadie respondió entró sigilosamente. “Hola”, dijo como intentando reconocer a alguien en el lugar. Nadie respondió tampoco.
Encontró un papel en la mesa ratona del living junto a una rosa en un florero transparente con agua. Leyó el mensaje que en su primera parte decía “Las flores gustan por juntarse con todo lo lindo de la vida, júntate con ella que te lo tienes merecido”, enseguida tomó la rosa y fue hacia a la habitación según las indicaciones de la segunda parte del papel.
Antes de entrar en mi habitación, me confesaría luego, que esperaba verme desnudo esperándola lo cual hubiese sido un craso error de mi parte. Pero pidió disculpas también por haberme prejuzgado. En ese momento se dio cuenta que estaba esperando a que me equivoque antes de confiar en mí y darme la oportunidad que me merecía. Pero así era ella y tenía razones para serlo. Ya habíamos hablado de eso. Pero como digo siempre no voy a adelantarme.
Cuando entró en mi habitación en vez de verme a mí desnudo vio como resaltaban en una cama prolijamente tendida y limpia, algo que también la tomó por sorpresa porque nunca había entrado en mi habitación, tres rosas más. Dos rojas a los lados y una rosada con blanca en el medio. El papel que en el lugar acompañaba a las rosas decía “Tres rosas. Las dos rojas nos representan a ti y a mí. Casa una por su lado. Y la del medio, es la pasión y la pureza que buscan entrelazarse y conjugarse en una relación. Aún no es rosada completamente porque nos falta brotar un poco más para reafirmar su color”.
Luego continuaba con la siguiente sentencia: “Ahora tienes dos opciones subir fácilmente por el ascensor y llegar hasta mí, o puedes subir por las escaleras sacrificándote un poco”.
Julia optó por la segunda opción. Nunca le había huido a los sacrificios y no sería la primera vez. Por cada piso que subió obtuvo una rosa de diferente color. Blanca, rosada, negra, amarilla, fucsia y cada una con su significado.
Blanca: Lo más puro del amor que puedo ofrecerte.
Rosada: Por los dulces momentos que viviremos juntos.
Negra: Por los malos momentos que de seguro nos unirán más.
Amarilla: Por el calor que necesitamos para que nunca se enfríe nuestra relación.
Fucsia: Por los juegos, las sonrisas y la alegría que intentaré siempre nos acompañen.
Hasta llegar al último piso Julia estaba cada vez más asombrada. De seguro estaba impaciente por encontrarme. En el último piso se desorientó porque no encontró más rosas. Así que tocó la puerta de ese apartamento. Salió un señor canoso que le preguntó que quería con cara de extrañeza. No era común que una chica tocara la puerta a esa hora con tantas flores en la mano. Menos dentro de un edificio cerrado donde no ingresaba gente de la calle.
“Disculpe, ¿está Diego?”, preguntó dubitativamente.
“Sí claro”, dijo el señor sonriendo. “¿De parte?”.
“De Julia”, respondió contenta.
En eso salió un calvo sin remera y pelo en pecho con cara también de extrañeza. “¿Sí?”, preguntó el calvo.
“Buscaba a Diego”, solicitó Julia.
“Soy yo, ¿por qué era?”.
Julia se dio cuenta de que había un mal entendido y se disculpó. Ruborizada totalmente subió medio piso más por las escaleras. Pensó que había pasado una vergüenza bárbara. Mientras salía de ese estado escuchó como un leve latido de corazón proveniente de arriba. Eso le llamó la atención. Siguió subiendo, mientras los latidos que escuchaba se oían con mayor claridad y firmeza, y me encontró a mí, parado en la puerta de la terraza con una rosa más en las manos. Mientras terminaba de subir hacia la puerta de la azotea, sorprendida por todo lo vivido hasta ahora, iban apareciendo detrás de mí las estrellas de la noche. Le ofrecí mi rosa roja diciéndole: “Te entrego mi corazón. Si lo sabes escuchar siempre te guiará hacia donde yo esté y te protegerá de extraños”.
Me besó como nunca antes me había besado una chica. Era como si lo hubiese deseado toda su vida y era como si yo lo hubiese deseado por una eternidad. Nos fundimos bajos las estrellas en un beso interminable. Esta historia había llegado a su fin pensé. Había conquistado a Julia al fin.
La cena, maravillosa. Pollo al grillé preparado con mis propias manos. Vino blanco en copas a la luz de una lámpara de gas improvisada en el tendedero de la azotea. De lámparas secundarias las luces de los apartamentos de los edificios más altos y cercanos. Y como luz principal la luna.
Media hora más tarde terminamos de cenar y decidió quedarse conmigo conversando toda la noche en ese restaurante privado improvisado.
Me dijo algo que me dejó helado. Después de algunos besos más, tan apasionados como el primero, me reveló su secreto.

domingo, 26 de septiembre de 2010

Entremés de Domingo

El domingo a eso de las once de la mañana Julia pasó a buscarme por el apartamento para ir a la fiestita. La hice subir porque estaba terminando de alistarme. Me peiné, un poco de perfume encima y estaba pronto. Antes de salir abrí la heladera donde tenía una sorpresa conservándose. Le hice cerrar los ojos a Julia que se notaba apurada. Los cerró como por compromiso mientras me apuraba con las manos.
Entonces saqué un ramo de flores de la heladera y se lo mostré. Nunca la había visto brillar tanto a Julia. Podría servir para iluminar ciudades enteras en ese momento. Su belleza, no necesito mecionarlo, era una constante ascendente.
Los girasoles le encantaron a Julia. Me abrazó contenta y me dio un húmedo y largo beso en la mejilla. Me abrazó nuevamente esta vez más fuerte mientras me decía "gracias, gracias, gracias".
Salimos rápido porque no había mucho tiempo para más dentro de casa. Aún teníamos que pasar a buscar a su sobrina. Su tía, hermana de su padre, le había encargado por favor llevarla a un cumpleaños de una amiguita del colegio y Julia había aceptado gustosa. Luego cuando la vi como compartía con su prima noté como le gustaban los niños.
Pero no me adelanto. Llegamos a casa de la tía que vivía en Pocitos y Andreita ya estaba pronta para salir. Linda con un vestidito celeste que la hacía verse como princesa. Su cabello negro al estilo de Blanca Nieves la hacía ver encantadora. No se parecía en casi nada a Julia, pero era una niña linda.
Fuimos en un taxi hasta el salón de la fiesta. Era un lugar agradable y grande. Estacionamiento para los autos, Salón para los mayores que llevaban a los niños y luego el patio de juegos. Nos ubicamos junto a una pareja de padres jóvenes, quienes dicho sea de paso nos preguntaron si Andreita era nuestra hija. No saben como nos reímos. Pero para que la pareja no lo tomen a mal les explicamos que ni siquiera éramos novios. Ellos se volvieron color tornasol rojizo de la vergüenza. De todos modos algunos dirían en todo caso que ya olíamos a papá. Algo en lo que Julia y yo teníamos una especial respuesta: "No, gracias".
Andrea se fue a jugar al patio de juegos con los demás niños y niñas, y nosotros nos quedamos en el salón para grandes tomando, comiendo y conversando en como había cambiado la vida de la joven pareja la llegada de Arturito, su hijo.
En cierto momento, Andreita vino a tomar agua mientras Julia estaba en el baño. Le di el agua en un vaso cuidando de que no se moje y luego la acompañé al salón de los niños. La verdad la tomé como excusa porque estaba cansado ya de escuchar hablar de Arturito. Ahora que lo pienso, quizá Julia también, por eso era la cuarta vez que se paraba al baño.
Justo era hora del teatro de títeres. Opté por sentarme con Andreita cerca a los otros niños. Ella estaba un poco vergonzosa. Gritamos y gritamos a más no poder. Me divertí junto a Andreita y no vimos como pasó el tiempo. Cuando reaccioné tenía a Julia, sentada a unos metros, clavándome la mirada con una sonrisa de satisfacción de oreja a oreja. Sin querer, creo que había hecho unos puntos extras para ganármela. Era el momento de lograr lo que en el béisbol vendría a llamarse 'full house'.
Al cabo de un par de horas más, nos despedimos de todos, incluídos los jovenes padres y el 'gordito encantador' Arturito del cual ya conocía hasta el color de sus pijamas. Le regresamos a Andreita a su madre, quien le preguntó a Julia como andaba. Yo preferí quedarme unos metros atrás, quise evitar las clásicas preguntas familiares para conocer al chico nuevo. Sólo logré a escuchar algunas cosas: ¿cómo seguía el padre?, ¿Si estaba tomando menos?, ¿Cómo andaba ese trabajo nuevo? y ¿Todo bien con la yegua? A lo que Julia respondió con un enérgico "Tía".
"Esta bien no me meto yo", pero ya sabes que cuentan conmigo.
Se dieron un beso de despedida y nos fuimos de regreso a casa. La invité a cenar la siguiente noche. Ella aceptó. Lo que no sabe es que tengo una sorpresa para ella en la cena de mañana.

Un secreto se vislumbra

Tuve que hacer un trabajo chino para convencer a Julia de que no se me tire para atrás. Creo que lo que hizo que aceptara mi propuesta fue cuando le dije: "estas, sólo son pruebas que nos pone el destino para cimentar de forma correcta nuestro futuro", palabras bastante profundas para alguien que no cree en el destino. Pero dio resultado y eso es lo importante.
Ni se me ocurrió mencionarle lo de Miguel. Hubiese estado loco en aumentarle más presión a esta fina liana. Cuando terminamos de hablar. Me miró a los ojos, se secó las lágrimas y sonrió. "Debo verme como una tonta", me dijo con la sonrisa grabada en su rostro húmedo.
"No para nada, creéme que he visto caras más tontas, no creas que te vas a llevar el premio", bromeé.
Sonrió y enseguida se abalanzó sobre mi a hacerme cosquillas. Juro que nunca me reí tanto, ni me había sentido tan feliz. Pensé en besarla. Lo intenté, fue un impulso. Y ella movió la cabeza evitando que llegue a besarla.
"No Diego, discúlpame, aún no estoy preparada", se excusó.
La miré con preocupación y creo que se dio cuenta porque continuó: "No se trata de ti. Has hecho todo lo humanamente posible para ganarte no sólo uno de mis besos, sino a toda mi. Pero juro que no puedo".
"¿Por qué?", pregunté.
"Debo tomar valor", me dijo.
"¿Para qué", repregunté.
"Sólo te voy a decir algo Diego. Muero por besarte pero se que si lo hago me voy a sentir mal. Ya me sentí mal aquella vez que lo hice y no quiero volver a hacerlo, no por ahora".
Puse cara de no entender nada.
"Ok. Te digo. Tengo un gran secreto que es mi gran problema", me dijo mientra transformaba su expresión a una más seria. "Y aún no estoy preparado para decírtelo".
"¿Sabes que puedes confiar en mi, no?", indagué.
"Lo sé, lo sé, Diego, pero no es tan fácil. Tengo razones para no creer en los hombres. Además no es tan fácil como decírtelo. Cuando esté preparada te contaré. Mientras tanto adaptate a mis tiempos", sentenció sorprendiéndome. "Bueno, sorry, no quise que se escuche como una órden. Sería mas bien algo como: si en realidad quieres crear buenos cimientos no me presiones y respeta mis tiempos. Sino no pasará nada".
Como que eso sonó mejor. Pero ahora estaba preocupado. Que podía ser tan grave como para bloquear a una chica. Muchas ideas me pasaron por la cabeza: su padre alcohólico una mala imagen, los ex novios idiotas que siempre ensucian el camino para los novios venideros, toqueteos del propio padre alcohólico, incluso alguna violación. Pero me estaba metiendo en temas escabrosos. Dentro de mis ex novias me habían tocado suicidas, víctimas de violación, locas, posesivas y hasta una ladrona que casi me desvalija, pero lo de Julia me tenía intrigado ahora.
Julia optó por irse a su casa. No sin antes invitarme para que la acompañe a llevar a una primita al cumple de una compañerita del colegio.

sábado, 25 de septiembre de 2010

Los fantasmas nos visitan

No entiendo ni nunca entenderé ese sentido de sacrificio que tienen las mujeres con respecto al amor. No comprendo como pueden abandonar ese ser que desean en sus vidas por darle más importancia a la vida de otros que a su propia vida. No logro captar porque le parecía a Julia que era más importante mantener la amistad de Verónica que mi compañía en una relación formal.
Puede ser que los hombres no hayamos ganado esos derechos inherentes. Puede ser que las chicas jóvenes piensen que el amor toca a sus puertas dos veces por semana. Que quizá tienen la oportunidad de escoger entre los amores buenos y mejores. Que es posible que la vida les brinde las mejores opciones durante años y años. Lo que no se dan cuenta es que en realidad muchas veces dejan pasar a aquellos candidatos inmejorables dejándose deslumbrar por las luces y brillos de estrellas mediáticas dentro del universo de hombres cercanos.
Es irónico pero al tenerla abrazada ahí a mi lado la sentí muy distante. Tan lejos de mi, tan cerca de Verónica y tan próxima a perderla. “pero Julia, tienes que decirle lo que estás viviendo”, le dije.
“No puedo”, me reafirmó convencida. Me explicó que se habían entregado confianza mutua de forma inmediata y recíproca. Y que sus experiencias pasadas con los hombres le habían enseñado que los chicos pasan y que las amigas quedan.
Dicho sea de paso me contó que no había existido hombre en su vida que no le hubiese jugado mal. Sus novios nunca la habían respetado como pareja, su padre era un alcohólico que cuando llegaba en estado etílico a su cada maltrataba a su madre y su único tío había intentado abusar de ella en alguna ocasión a pesar de estar casado. De hecho, si lo pienso más en frío, Julia, tenía toda la razón para no confiar en los hombres. En realidad de ser ella, ni siquiera me hubiera acercado a mí. Que fuerza admirable la de Julia.
El reto consistía ahora en cómo alejar a esos fantasmas que habían venido a visitar a Julia. Cómo tratar de que se vayan esos miedos intrínsecos en su personalidad. Cómo evitar cada obstáculo que sus temores me ponían en frente. La única ventaja que tenía es que había llegado a contarme todo. Debe ser porque andaba necesitando una estabilidad emocional y alguien que la haga sentir valorada.
Le sequé las lágrimas y le pedí que confíe a ojos cerrados. Era importante, si en algún momento queríamos construir una etapa juntos, que existiese confianza. Le expliqué que debía conversar con Verónica y decirle que ella estaba interesada en mí. Pero no funcionó. Me dijo que era imposible que se lo dijese directamente. Le comenté que yo podía planteárselo. Y también lo rechazó debido a que eso demostraría una falta de confidencialidad de su parte. Juro que las mujeres son complicadas y que cada tijera debe tener un molde particular.
Al final, después de luchar porque no me deje de lado, acordamos que nos seguiríamos viendo pero a escondidas. Si en algún momento había pensado en que por fin tendría la cosa fácil con ella, me equivoqué. No sería nada fácil la situación con Julia. La chica linda y dulce tenía más fantasmas de amigos que el propio Gasparín. Aún así valía la pena.

viernes, 24 de septiembre de 2010

Lo que nos trajo la noche: Verónica

Cuando Julia llegó a mi casa. Llegó con cara de preocupación. Me dijo que ya me contaría más tarde y que sólo quería subir y que la abrace. No se que podía pasarle. Sus ojos los noté vidriosos y no tenían el brillo de alegría que solían tener.
Subimos, cerré la puerta, di la vuelta y ya la tenía abrazándome con lágrimas en los ojos. Me confesó que yo le parecía re lindo pero como no quería sacrificar una amistad. Que ella valoraba muchísimo las amistades. Incluso más que las relaciones de pareja.
Pueden imaginarse que me sentía como ustedes, más perdido que Tarzán en el día de la madre. No entendía nada de lo que decía. Se notaba que ese cerebro había venido dándole vuelta a una idea mucho tiempo.
Entonces comentó a contarme.
Verónica le había pedido a Julia que la acompañase caminando porque tenía algo personal que contarle. En el camino le contó que me conocía hace un tiempo atrás ya. La verdad yo no la recordaba. Le dijo que conocía a mi ex novia, Leticia. Y si bien no me veía mucho, si se veía continuamente con Leticia.
Mi ex le comentaba siempre como la había tratado. Que mi comportamiento con ella era la de todo un caballero y sabía que Leticia no me merecía porque siempre se comportaba como si no tuviese novio. Miren a la hora que me vengo a enterar. Y si bien ella no prejuzgaba a su amiga por sus actitudes, el parecía un desperdicio que un chico como yo perdiese el tiempo de esa manera con una chica así. Que los relatos de Leticia le habían servido para conocerme sin conocerme y que ahora que sabía que estaba libre iba a intentar hacerme suyo. Que orgullo y que rabia al mismo tiempo pensé.
Además le había pedido a Julia que le ayude conmigo ya que veía que éramos muy amigos.
Julia no había tenido el valor de contarle que estábamos empezando a salir juntos porque se habían vuelto inseparables. Y no quería sacrificar la única amistad que tenía en el trabajo por salir con un chico, que al final, terminaría siendo como todos los demás.
Así que había llegado hacia mí en busca de consejo o solución. Menos mal que había llegado al lugar correcto pensé. La abracé más fuerte aún y luego no sentamos. Algo tenía que decirle y no sería lo de Miguel. Tenía que pensar rápido si quería que Julia no se me fuese de las manos.

Comienza la cuenta regresiva

El día siguiente llegó y el brillo de la mañana me despertó. El aroma de las flores ingresó mi habitación y los nueve grados primaverales de la mañana se convirtieron en una suave brisa de verano. El día era el más hermoso de los últimos días.
Llegué al trabajo acompañado con Julia. No nos tomamos de la mano como la noche anterior. Implícitamente sabíamos que no podíamos mostrar nada que nos involucre. Al menos no por el momento. Y menos, por mi parte, sabiendo los intereses de Miguel.
Por cierto, Miguel. No había caído en que si Miguel se enteraba de las andanzas en que me encontraba con Julia de seguro se me iba a complicar mi situación laboral, Siempre fui un tipo muy responsable en mi trabajo. Tampoco hacía más de la cuenta pero si fui correcto y constante en mi desempeño laboral.
Debía hablar con Julia sobre este tema. Lo haría en el almuerzo.
A mitad de mañana me llamó Miguel a su despacho. Bueno así lo llamaba él en realidad. Porque no era más que un escritorio con sus respectivos implementos de oficina en un lado del pasadizo hacia el verdadero despacho de la jefa de recursos humanos.
Me senté en frente a él, escritorio de por medio. Entonces me miró a los ojos con mirada acusadora y me dijo: “Ya se a donde quieres llegar con esta actitud. Sólo te digo algo, recuerda que yo por algo estudié para Psicólogo”.
En realidad aún no lo era. Miguel llegó a hasta el tercer año de la carrera de psicología y hace año y media venía postergando la culminación de sus estudios.
“Así que mientras tú estás de ida y yo ya voy de regreso Dieguito. Bueno, ya sé lo que quieres. Y te digo que al haber sido inteligente te lo vas a ganar. Voy a sugerirle a Martita”, así llamaba este atrevido a la señora Marta de León, la jefa de recursos humanos, “que te suba de escalafón dentro de la lista de empleados”, continuó.
Mi cara de asombro debió confundirla porque prosiguió amenazante “Y que te quede claro que no lo hago porque me tengas en tus manos, sino porque creo que te lo mereces, y como favor con favor se paga…”, y luego me miró con cara de autosuficiencia.
Después de todo este ridículo discurso. Solo opté por decirle “lo siento Miguel pero Julia no me quiere decir nada y creo saber por qué”.
“¿Por qué?”, preguntó ansioso.
“Porque le gusta otro chico y no eres tú”, dije complacido. Obvio me refería a mi.
“¡Eso es imposible!”, dijo exaltado. “La he visto verme con ojos de lujuria. Te juro que me ha mirado el culo Diego. La he visto, la he notado. Sabes que yo por algo estudié para psicólogo. Noto el comportamiento de las personas”.
Por más que intento imaginarme, juro que no puedo visualizar hasta ahora a Julia mirándole el regordete culo a Miguel. Debo haberme mordido la lengua para no reírme en su cara.
“Lo siento Miguel, entonces no sé que puede ser”, atiné a decir para salir del paso.
“Bueno, entonces vamos a dejar este ascenso en el escalafón laboral en ‘stand by’ hasta que pongas un poco más de esmero en tu desempeño”, explicó.
“Entiendo perfectamente Miguel, lo entiendo”, de todos modos no quería deberle nada a este gil.
Salí de ahí y ya casi era de almorzar. Así que fui a tomar lo que había traído para comer y me dirigí al comedor. Allí ya estaban Julia y su amiga instaladas ya. Julia me llamó, algo que no había hecho hasta ahora. Saludé a la amiga, pedí permiso para sentarme al lado de Julia y me senté.
Me presentó a Verónica, así se llamaba la amiga, y juntos comenzamos ese almuerzo. Nos reímos mucho de verdad. Creo que el amor te inspira a estar alegre porque la verdad me sorprendí hasta a mi mismo con tanto ingenio desbordado.
Julia disimuló mucho pero luego me dejó un papelito en el que me decía que se moría por abrazarme. Habrá disimulado tanto que ni yo me di cuenta. Pero que bueno saberlo. Verónica es una chica muy agradable, dulce y linda la verdad. Si no muriera por Julia, juro que al menos la hubiese invitado a salir.
Pasada la hora del almuerzo, nos despedimos y salimos del comedor rumbo a nuestros respectivos lugares de trabajo. No nos vimos más en el resto del día con Julia. Más tarde me llamó a mi interno y me dijo rápidamente, antes que regresara Verónica del baño, que iba a ir de noche a mi casa. Acepté. Creo que será el momento propicio para conversar lo de Miguel y sus intenciones con ella y conmigo. Le pregunté porque no nos íbamos juntos y me dijo que se iría con Verónica caminando. Me ofrecí a acompañarlas y me dejó en claro que tenían una conversación de mujeres pendiente. “Ahí viene Vero, nos vemos de noche, Chau” y me cortó.
Entonces ni modo, será hasta la noche.

jueves, 23 de septiembre de 2010

Mejor que el sexo

Las nueve y media de la noche nos encontró cenando a los cuatro sentados alrededor de la pequeña mesita ratona de la sala. Con los platos y cubiertos en las manos. Mi apartamento no era muy grande debido a mi situación de soltero y sin excesivos recursos económicos. Mi abuelo se había despertado pero no estaba seguro si había dejado de roncar.
Julia y mi abuela se habían en vuelto en una conversación extensa. Hablaron de cocina, de postres, dieron un paseo por los libros, no dejaron de tocar el tema hombre, claro que hubo algunos minutos donde se detuvieron a hablar de mi, incluso de mi abuelo y finalmente hablaron sobre el trabajo.
Mi abuela, por su lado, no tuvo piedad de mi y soltó algunas situaciones vergonzosas para que lleguen a los oídos de la chica que me gusta. Julia escuchó con atención detalle. Sus ojos vidriosos y una sonrisa interrumpida denotaban el gozo interno que en ella reinaba. Por ratos volteaba a donde yo me encontraba para lanzarme miradas pícaras y acusadoras.
No lo podía creer. ¿Acaso mi abuela no sabía que esta chica me gustaba? ¿Acaso no sabía que a eeta chica la conocía recién hace unos días atrás? ¿Acaso terminaría este suplicio en algún momento?
Hora y media más tarde al cerrar la puerta del edificio y vera mis abuelos subirse a su auto emrumbarse logré exhalar todo el aire contenido durante su visita. Julia se encontraba arriba lavando los platos. Se ofreció antes que mis abuelos, leáse mi abuela ya que mi abuelo se había vuelto a dormir en el sofá al término de la cena, se vayan.
Al ingresar nuevamente en mi apartamento me serví una copa de vino y dejé una servida al lado para Julia mientras terminar de lavar los platos de la cena. Me arrecosté en la mesada, probé el vino y me sonreí. Julia lo notó de reojo y sonrió también.
"Gracias por no avergonzarme más", le dije.
"No tienes por qué. Creo que tu abuela lo sabe hacer muy bien y no necesitó mi ayuda", comentó sin dejar de expresar aquella sonrisa encantadora.
"Sí, es una experta, tienes razón", agregué.
Se secó las manos de repente, tomó la copa que había dejado servida en la mesada y se paró frente a mi muy cerca. "Mira, Diego, tus secretos están en buenas manos, no te preocupes por nada".
Entonces la tomé de la cintura y me miró fijamente con los ojos vidriosos. La acerqué hacia mi e intenté besarla, pero ella prefirió esconder su rostro en mi hombro mientras la abrazaba como premio consuelo. Una vez en el hombro me dijo: "Mira, Diego, hoy conocí más de ti y aunque estuviste rojo con un tomate, he podido darme cuenta de lo lindo que eres como persona. Sin embargo ya te contaré porqué no puedo confiar en ti. No lo tomes personal, no eres tú, son los hombres. No confío más en ellos".
Quise decirle algo pero hizo que me callara colocándome su dedo entre los labios y continuó: "Pero hoy también sentí algo que me faltaba hace tiempo. Este tipo de calidad de vida lo extrañaba. Créeme, que aunque ya te he besado, por ahora no quiero volver a hacerlo. Pero quien sabe en algún momento. Si sigues siendo lindo y menos obstinado puede ser, sólo entiéndeme y perdóname si muestro algo que no es. ¿Si?".
"No te preocupes", le respondí mientras la abrazaba fuertemente. "Confía en mi, todo lo que quieras y no te preocupes que se esperar".
Después de eso nos quedamos viendo una película abrazados. Juro que nunca vi más romántico al hombre araña mientras nos acariciábamos las manos. Sólo nos separamos para alcanzarnos cosas pero no me dio ningún otro beso.
Al terminar la película tuvo que irse a casa. Me ofrecí para acompañarla y al llegar a su casa se despidió con un dulce, largo y húmedo beso en la mejilla. Como ven no tuvimos sexo desenfrenado como algunos lectores esperaban. Deben agradecerles a mis abuelos y a ella, porque esa noche que pasé, juro que fue mejor que haber tenido sexo.
De regreso a casa ordené lo último que había quedado fuera de lugar y me eché a dormir.

martes, 21 de septiembre de 2010

Una visita inesperada

Bueno, muchos deben estar atentos a que pasaría en la visita de Julia a mi apartamento. Estoy seguro que las apuestas han empezado a correr. Escuché comentarios sobre si me acostaría con ella o sería el momento idóneo para que me corte el rostro. Lo único que adelantaré por ahora es que ella llegó.
8:55pm. Me di una última arreglada en el espejo. Destapé el perfume que sólo se usa en ocasiones especiales.
Durante el lapso de tiempo entre que llegué a casa y las nueve de la noche logré dejar el apartamento más que prolijo. Si no fuese porque no tenía cronómetro y tenía cosas más importantes en que utilizar mi tiempo, pensaría que había batido un récord personal en arreglar desórdenes.
8:56pm. Abotoné mi camisa de ocasión también y doblé las servilletas que no habían quedado acorde a su entorno.
8:57pm Sonó el timbre. Quise contestar por el intercomunicador primero para no demostrar ansiedad. Vaya sorpresa la mía eran mis abuelos que venían en una de sus clásicas visitas sopresas.
Cuando ellos te visitan de sorpresa suelen criticarte mucho. En especial se ensañan con mi desorden y desprolijidad en mi forma de vivir. Ya les gustaría que viva a usanza de ellos, pero "las cosas cambian" le termino diciéndole siempre a mi abuela.
8:58pm. Bajaba con miedo a que llegue Julia en ese mismo instante. Lo mejor sería postergar la conversación pendiente para otro momento. Con mis abuelos aquí de visita no podríamos conversar cómodos.
8:59pm. Subíamos junto a mis abuelos a mi apartamento. Mi abuela me miraba extrañada y la sorpresa aumentó cuando entró a mi apartamento y no encontró el caos que suele reinar.
Dicen que más sabe el diablo por viejo que por diablo. Con mi abuela es un tanto parecida la cosa. Sólo que no me atrevo a decirle vieja.
9:00pm. Sonaba nuevamente el timbre. Esta vez si era Julia.
Mi intención era decirle que me sentía mal y que no iba a poder recibirla. Pero ni bien saludé por el intercomunicador me dijo "baja rápido que se me cae la torta que he traído". Como suele ir en estos casos "¡Diablos!". No podía decirle que no ahora con la molestia tomada.
La mirada de mi abuela seguía acusándome. El cargo: mantener secretos. La pena: Humillación. Mi abuelo se disponía a tomar asiento en mi único sofá y estaba totalmente dispuesto a tomarse una siesta como suele hacerlo cada vez que viene. En verdad disfruta de ese mueble.
Así que resignado a tener una noche desastroza más en mi vida y aceptando como verdugos a mis abuelos bajé a abrirle la puerta a Julia. La hice entrar e intenté advertirle que teníamos visitas. Pero se me adelantó. En realidad venía con muy buen ánimo y me dijo mientras subíamos al ascensor "No digas nada Diego, quería traerla, ya se que es demasiado para ambos pero luego te puede quedar para toda la semana".
Me preguntó si me había comentado que le gustaba la cocina. Le dije que no. Y me empezó a contar que había seguido un curso de repostería mientras salimos del ascensor. Se dirigió a mi apartamento y abrió mientras seguía contándome.
Al abrir la puerta se encontró parada detrás de la mesa a mi abuela que la miraba sonriente. Julia quedó sorpendida, yo entregado totalmente y mi abuelo como suele suceder había dado ya el puntapié inicial en su clásica siesta.
Mi abuela paso su mirada de eres un encanto con Julia a su mirada de esto es lo que me escondías conmigo. Se dio cuenta enseguida que sucedía. Pero lejos de dejarnos a solas lo que sucedió es que Julia despertó su interés y quiso conocerla. Esto lo estoy escribiendo en mi habitación mientras mi abuela le muestra fotos mías de pequeños y le cuenta anécdotas vergonzosas sobre mi a Julia. Al mismo tiempo esperan a que quede lista la cena. Cenaremos los cuatro esta noche. Mi abuelo sigue durmiendo y ronca fuerte, pero eso, no atenúa la conversación entre esas dos mujeres. Debo regresar con ellas. Mañana les cuento como me fue durante la cena.

Y llegó el martes.

Esta mañana amaneció más fría que los días anteriores. Incluso llovió en la madrugada según pude ver en la actualización del facebook de una amiga, que al parecer, sufrió de insomnio a las cuatro de la mañana.
Julia estaba en la parada con un poco más de ropa que los pasados días también. Habían 16 grados de sensación térmica en Montevideo pero por si las dudas y evitar enfermedades yo salí con un abrigo extra por si al caso. Nos encontramos en la parada. Esta vez juntos. Se ve que Julia había decido hacerme caso. Hoy martes ya podíamos hablar.
Cuando llegué a donde ella estaba. Se adelantó para saludarme con un beso en la mejilla. Se le notaba más alegre y relajada. Como con una magia especial en sus ojos. Pero quizá era mi idea y eran sus ojos vidriosos por el frío. La imaginación me suele jugar malas pasadas por lo que no siempre le hago mucho caso.
Respondí al beso con una sonrisa y un “¿Cómo te va?”.
“Bien, la verdad con ganas de ir a trabajar”, contestó. “Ayer terminó la capacitación y hoy nos sueltan solos a trabajar”.
“¡Que bueno!”, me alegré.
Seguimos conversando claro sobre su día y el mío. Nada importante que relatar. Hasta que una vez subidos en el ómnibus le dije que teníamos una conversación pendiente. Ella me reafirmó que la teníamos. Le propuse llevarla a cabo saliendo del trabajo, regresarnos caminando e ir hablando al mismo tiempo. Y me dijo que no. Que tenía que llegar rápido a casa pero que iba a ir a verme a mi casa plan de nueve de la noche si me quedaba bien. Claro que a mi me quedaba perfecto. Pero no quería estar tan entregado así que le dije que le avisaba en el correr del día. Demás está decir que en el correr del día le confirmé que sí.
Por otro lado el carismático de Miguel no dejó de atomizarme con lo mismo del día anterior. Cada vez que pasaba me hacía señas para saber si ya había hablado algo. Incluso me hacía gesto con las manos indicándome que habría recompensa. ¡Increíble! El tipo es un verdadero gil.
Ya veremos que nos traerá la noche.

El lunes con Miguel encima

Al parecer Julia se tomó muy a pecho eso de que se alejara de mí. No me habló en todo el día. En realidad hubiese preferido no decirle nada de eso ayer y que venga y me diga algo. Al menos que me diga nabo. Pero no, esta vez, no existían palabras con destino a Diego.
No la encontré en la parada y subió, mas bien, en la siguiente. Se ve que caminó un poco más con tal de no encontrarse directamente conmigo. En el ómnibus se fue a la otra punta. Llevaba unos lentes negros oscuros, de esos que te cubren la mitad de la cara, que no me permitían ver la dirección en que sus ojos claros me miraban. Que convenientes esos lentes para ella en ese momento.
Bajé primero ya que estaba más cercano a la puerta de descenso. Ella no bajó. Retrasé el paso a ver si venía detrás de mí, pero no.
Ya en la empresa cada vez que me la cruzaba, ya fuese conversando con su amiga o sola me evitaba de manera alevosa. La otra chica nueva que entró al día siguiente con ella era su acompañante en ocasiones. Por cierto cuando cruzaba con ella al lado, esta chica era la que me miraba extraño. ¿Le habrá contado Julia algo sobre mí? No lo sé con seguridad pero me parece que se estaban volviendo muy amigas. Debía preocuparme por conocerla entonces.
Quien si vino a atormentarme a cada instante fue el gil de Miguel. Que tipo más antipático no he conocido en mi vida. Y no se si soy yo quizá, porque en los almuerzos siempre lo veo conversando con otras chicas lindas de la empresa. Incluso sentado en la mesa de los directores y gerentes. A lo mejor soy yo el antipático, es que, a esta alturas con el concierto en ‘asinfonía’ en Sí por supuesto, ya no sé que pensar.
Como relataba antes de perderme en mis constantes divagues vino Miguel a preguntarme si ya había conversado con Julia. El tipo quería que le pregunte qué ‘onda’ había con él. Intenté decirle que no me iba a decir nada, en realidad quería decirle que me había dicho que era un idiota, pero tampoco quería comprometerla. Persistí, intenté disuadir y no resultó nada. Este muchacho era más fastidioso que una montaña en el zapato.
Al final quedamos en que algo le preguntaría, pero de seguro sería mañana, porque hoy, me excusé, estaba al borde del colapso con tanto trabajo. En realidad era una mañana bastante ‘light’. Un par de papeles por entregar y mucho buscaminas por jugar. Será por eso también que noté mucho más la ausencia de Julia.
No terminó el lunes, claro, sin que Julia se fuese sin despedirse y Miguel me recordase, por si me fuese a olvidar, que hable con ella. Llegué a casa y al menos seguía sin tener noticias de Leticia. Una a mi favor.

lunes, 20 de septiembre de 2010

No fue un domingo cualquiera

"Hoy es un día normal pero voy a hacerlo más intenso,
hoy puede apagarse el sol, pero no la luz de mi alma".
(Juanes)

Eso fue lo que escribió Juanes en su canción. Para mi hoy era una domingo cualquiera, un día normal. Un lindo día por cierto. Estaba buenísimo incluso para irse en grupo o en familia a la Rural del Prado. Hoy era el último día de la rural.
Me levanté como a las once de la mañana y como no tenía nada interesante para desayunar enrumbé al Shopping Tres Cruces que tengo a unas cuadras de casa. Y entré al supermercado que hay en él para abastecerme del sacrosanto desayuno.
Me encontré con Julia en el lugar. Estaba sola vestida con un pantalón deportivo que le entallaba perfecto, con unas zapatillas Reebok clásicas y una polerita tejida que la hacía ver dulce. Su colita atada en el cabello la mostraba como una chica hogareña y tierna. No se había producido por decirlo así. Digamos que llamaba la atención con su belleza natural.
Nos saludamos rápidamente. Después de lo último que nos dijimos el viernes saliendo del trabajo las cosas me parecen que eran más que obvias entre nosotros. Ella me gustaba y lo sabía. Y yo estaba muy desorientado en el tema porque no sabía en que situación me encontraba con respecto a sus ideas o sentimientos.
Punto aparte debo decir que es la misma situación en la que siempre nos encontramos los hombres cuando decidimos que queremos cortejar a una chica. Que término más antiguo, ya me parezco a Enrique, el de Francella. Pero en realidad cada vez que le queremos entrar a una chica solemos desaparecer del planeta amigos y familia y entramos en una estratósfera de incertidumbres. Es que las chicas son muy especiales y por más seguro que veámos el panorama siempre existe el peligro del sismo que derrumbe los cimientos trabajados. En fin.
A ella le parece que no le gustaba dejar cabos sueltos sin embargo. Y decidió tomar el toro por las astas. De primera me preguntó si tenía algo que hacer más tarde a lo cual respondí con un "nada".
"Entonces", me dijo, "me gustaría aclarar algunas cosas que hablamos ayer".
Uy, pensé yo, bueno aquí se acabó este blog. Yo creo que fue un gusto haberles escrito pero si una chica quiere aclarar algo es porque va a dejar en claro que no quiere una relación con el aclarado.
En parte tenía razón y en parte me dejó desconcertado.
Tocó el timbre de mi apartamento tal como habíamos quedado media hora antes en el supermercado. Subió a mi apartamento. Clásico apartamento de soltero de hombres. Todo desordenado dentro del órden que me gustaba tener. Es decir alguna ropa fuera de lugar y algunos platos sucios por lavar. Dentro de todo intentaba ser ordenado pero mi naturaleza masculina me lo impide.
Igual intenté limpiar otro poco mientras esperaba a que llegara. Claro que mucho no avancé. Por cierto, trunqué mi desayuno debido a mi inesperada visita. Se me fue el hambre, ya habría tiempo para estos placeres vanales.
Al acomodarse en el único sofá de mi comedor-living-sala de tv y computación me miró a los ojos y esperó a que me sentara. Una vez cómodamente sentado a su lado, me besó. Pero es que juro que no sé que le pasó. Es más ese primer beso debe haber sido horrible desde mi parte. La sorpresa no me dejó hacer gala de mis dotes en el arte del besar.
Me tomó el rostro con delicadeza y firmeza y me atrajo hacia ella brindándome uno de los besos más dulces que he recibido en la vida. Creo, porque como digo, con la sorpresa se me confunden las cosas ahora. Debería existir un replay de besos.
Mientras duraba ese beso, que no quería que acabase por cierto, pues no estaba preparado para decir algo luego, pensaba que se me había hecho muy fácil para ser verdad. Y tenía razón en pensar aquello porque una vez acabado el beso se me tornó más complicado. Determiné en segundos que acabándonos de besar me mostraría feliz (lo cual estaba) y le diría que estaba muy contento de que ella sintiése lo mismo que yo. Sin embargo, comenzó a llorar.
El sollozo me desconcertó aún más.
"¿Estás contento ahora", me preguntó como reclamándome.
Mi "sí" fue un tanto dubitativo. Debe haber sido por lo desconcertado que estaba.
"Espero lo estés porque no volverás a tener otro beso de estos", prosiguió.
No, desconcertado no estaba, ¿cuál es la palabra siguiente? ¿Transtornado?
"Estoy harta de que lugar a donde voy sólo vean mi físico. Si soy linda lo sé y tampoco soy la gran cosa pero me gustaría me valoren por mis capacidades. Chicos como tú vienen todos los días a tratar de hacerte los galantes. ¿Recuerdas el día que nos conocimos?", preguntó aún con unas lágrimas en la cara.
"Sí", volví a responder escuetamente mientras trataba de entender.
"Bueno, la forma en que te traté no fue diferente a la que suelo tratar a todos. Hablamos sólo porque tenías información útil para mi"
"Si te hace sentir mejor, lo sabía".
"No, no me hace sentir mejor. No me gusta utilizar a las personas. Por eso te seguí conociendo porque pensé que eras diferente que podías ser mi amigo. Pero lo que me dijiste el viernes te trajo abajo nuevamente. Eras como todos, sólo te fijaste en mi físico y no me gusta eso".
Quedó unos segundos en silencio y continuó mientras el beso se me empezaba a volver amargo en la boca al estilo de los caramelos de broma. "Díscúlpame que haya venido a turbarte tu domingo. Pero entre mis ex, los tarados improvisados, el idiota de Miguel que no puedo mandar al diablo porque por él estoy adentro de la empresa y ahora tú... Tenía que desquitarme con alguien y saliste premiado. Necesitaba desfogarme".
Me miró con cara de vergüenza mientras yo pensaba que si era su forma de desfogarse que viniese cuando guste a verme. Pero no, no era cualquier chica, no podía decir eso. Le tomé del mentón cuando Julia agachaba la mirada y le dije: "Mírame, se que el lunes será complicado entre nosotros. Evítame en el trabajo que lo entenderé, yo te busco para hablar el martes ¿sí?"
Aceptó con un movimiento de cabeza mientras se secaba las lágrimas.
"Entiendo lo que me dices y créeme que no soy como todos. Pero no te voy a decir nada más hoy. Hablaremos el martes", así me daba yo mismo un tiempo para pensar porque tenía la cabeza hecha un gramajo.
La acompañé hasta la puerta y antes de irse me confesó que era la primera vez que besaba a un chico sin que tengan una relación formal. Le interesaba que no pensara que era de las chicas que anda repartiendo besos a granel. Se despidió con un beso en la mejilla. La vi enrumbar camino a su casa y al dar un pasos giró en su sitio pidiéndome "perdón" tres veces seguidas y en voz baja. Sólo le guiñé el ojo.

domingo, 19 de septiembre de 2010

Julia se disculpa y luego queda sorprendida

Dieron las siete de la noche del viernes y salí del trabajo. Saqué los audífonos del bolsillo de la mochila, los conecté a mi celular y encendí la radio. Estaba memorizada radio Disney y me decidí en escucharla. Estaba con ganas de pensar y que más ayuda que una radio 'comercial' para poner la mente en blanco y que las melosas canciones de siempre vayan coloreandote las ideas.
Marqué tarjeta al salir del trabajo. En la puerta estaba Julia conversando con la chica nueva, y claro, con Miguel también en su auto por supuesto.
Los ignoré completamente y me fui por la vereda caminando tranquilo a pesar de que Julia me miró nerviosamente. Caminé una cuadra y media y sentí una mano en el hombro izquierdo. Por alguna razón no me asusté. Debí ir caminando muy relajado supongo. Volteé el cuello y la mirada se tornó de sorpresa. Aunque en ese momento una sopresa no deseada.
"¿Puedo acompañarte?", preguntó casi como pidiendo permiso Julia.
Sí, Julia me había alcanzado caminando y me pedía permiso para acompañarme. Era como un sueño hecho realidad. Pero no se si lo deseaba en ese momento. Por las dudas acepté. Digo, no es que no sea fuerte en mis decisiones, pero tampoco voy a estar tentando mi mala suerte.
Igual no se la hice fácil. Sólo acenté con la cabeza y me saqué el audífono.
"Disculpa por lo de anoche", empezó diculpándose. Se le notaba que decía la verdad.
Aunque a estas alturas de vida ya no sé si confiar en lo cambios de estado de ánimo de las mujeres supongo que finalmente aceptaría sus disculpas. Mientras sólo la miré con cara de no sé lo que hablas.
"Es que estaba molesta contigo. Quizá no lo sabes pero me molesta que le hagan daño a los demás", continuó Julia.
Ahora si estaba intrigado y me cara cambió a una de completa extrañeza.
"Tú sabes lo de tu novia", se explicó.
Y eso me parece que rebazó el vaso. Por alguna razón esta conversación estaba tomando ribetes ilógicos. "No sé de que hablas, ¿puedes ser más específica?", pregunté.
"Es que yo sé que no debo meterme en la pelea de los demás pero no se que de grave pudo haber pasado en el tiempo entre que se besaban tú y tu novia y unos pasos que di yo para encontrarla llorando doblando la esquina. No la conozco por eso no quise meterme pero no sabes la rabia que me dio. No se debe tratar así a una mujer".
"Bueno, defensora de los inocentes, me parece que también eres impulsiva. En todo caso me parece que no optaste por la decisión correcta"
"Si yo sé que no debo meterme en los proble..."
La interrumpí para decirle "No, no debes prejuzgar a las personas sin saber lo que sienten o pasan".
Se sintió como se sienten los niños cuando los padres le dan un sermón. Dentro de todo y la discusión noté como se le encogían y retorcían los labios hacia un lado. Sí, sí estaba siendo regañada por mí. Je, je.
"Lo sé Diego. ¿Me disculpas?".
"Está bien, pero antes de que me tomes por mal tipo, déjame contarte que pasó". Y luego comencé a relatarle todo lo que ustedes ya saben. Mi desagradable situación entre Leticia y yo. El porqué de ese beso y la razón por la que debe haber estado llorando en la calle (Dicho sea de paso que raro me sonaba eso). Intentó decirme que se sentía como una novia quejona ante tantas explicaciones y que no era necesario. Que sólo la disculpe. Pero insistí. Porque "es cierto que no era una novia quejona, pero que quien sabe podría ser mi novia en algún momento".
Eso la tomó por sorpresa. Pero como todas las conversaciones importantes deben ser interrumpidas por naturaleza. Sólo atinó a decir con una risa forzada "Je, je, no estoy para novios en este momento", entoncés entro en su hogar despidiéndose con un beso.
El sábado a pesar de ser un lindo día me quedé en casa por la mañana, fui a jugar futbol con mi amigos de tarde y en la noche me quedé en casa viendo Cheri en HBO. Un sábado de Relax. Veremos que trae el domingo.

sábado, 18 de septiembre de 2010

Miguel se quita la máscara

Ayer viernes decidí levantarme con otro ánimo. Mis ganas de mejorar habían vuelto. Incluso el frío había vuelto, y no terminaba de entrar la primavera, pero aquí estaba yo impotándome muy poco. Es más salí vestido bastante ligero a pesar de que la estación no decidía con que nombre quedarse.
Me fui al trabajo no queriendo saber nada de mujeres. Al menos no por hoy. Es decir, soy hombre finalmente y mucho no me iba a durar esta condición. Llegué y en la recepción se encontraban hablando el otro chico nuevo y Julia. Además una tercera persona. una chica que al parecer entraba hoy también. Los tres esperaban a que los llamen a la sala de conferencia para continuar con su capacitación.
Saludé cordial pero indiferente. Estaba herido, aunque no quería demostrarlo frente a Julia, por lo de anoche. Tengo mi dignidad y no la iba a perder. No era de los más populares en la empresa pero tampoco de los que pasan desapercibido. Era justo de ese grupo que no le lame las medias a nadie, que tampoco sobresale por cosas sucias. Simplemente del medio que ahora que lo pienso pasa de-sa-per-ci-bi-do. ¡Diablos!
En fin, mi mañana continuó relajada. Poniéndome al día en el trabajo atrasado. Es increíble ver como se convierte en un círculo vicioso. Cuando tienes trabajo atrasado puedes esforzarte por adelantar, incluso hacer horas extras para ponerte al día, pero siempre al día siguiente encontrarás nuevamente trabajo atrasado. Debería existir un hechizo para empezar de cero alguna vez.
Igual nada podía cambiar mi estado de ánimo este día. Había decidido tener un día positivo. Todo se mantuvo en ese órden. Salí más tarde a almorzar para no cruzarme con Julia y me encontré más bien con Miguel. Me senté lejos de él pues no quería cruzar palabras con él. Sin embargo el se sentó a mi lado sin necesitar invitación ni pedir permiso.
"Hola Diego" me saludó.
Le respondí al saludo mientras pensaba que no podía amargarme el día este individuo arrogante propietario de un Hyundai Accent de segunda.
"Esta chica, Julia, ¿es amiga tuya?", me preguntó.
No sabía que responder la verdad. Como, amigos me parecía que no, sin embargo, tampoco éramos desconocidos. "Sí", respondí.
"Es linda, ¿Verdad?, ¿Sabes si tiene novio o algún pretendiente?".
La pregunta me tomó por sorpresa. ¿Sería que Miguel estaba interesado en ella? Claro, como no me había dado cuenta por eso sabía sobre ella cuando le preguntaba. Y por eso la aconsejó para entrar. Quería tenerla cerca como yo. Que hijo de pu...
¿Cómo a alguien se le puede ocurrir hacer una cosa así?. Lo había planeado todo sólo para tenerla cerca. Se había acercado sin que ella se diese cuenta, adelantándose a los movimientos de Julia por contar con mayor información y manipulando su suerte a su conveniencia. ¿Quién podría ser capaz de algo así? Y en ese momento mi conciencia me señaló dos personas, él y yo. Yo había hecho lo mismo con Julia claro. ¡Uy! Entonces.. quién puede culparlo. La culpa en todo caso debería ser de la belleza de Julia.
Pero retomando el tema, "pretendiente creo", le dije escuetamente.
No quería arriesgarme demasiado, debía ser ágil, frío y calculador.
"Ah pero debe ser un gil. Nunca me habla de él. Es más te digo nunca me lo ha mencionado", explicó.
¿Es que no me había mencionado nunca? Porque cuando hablé de pretendiente me refería a mi, soquete. "Mmm, no sabría que decirte", quise cortar la conversación.
"Mira, si me averiguas, quizás puedes ascender en la empresa. Ya sabes que tengo algunas influencia y se que eres su amigo. Así que debes tener influencia sobre ella. Si estás de mi lado te puede ir bien. Hoy no la pienso llevar. ¿Podrás averiguar algo?", preguntó entusiasmado.
"Veré que hago", respondí hastiado. No lo podía creer.
Miguel se fue contento y yo no tuve hambre para seguir comiendo. Había dicho que nada podía cambiarme el estado de ánimo. Bueno, ya veo que le erré. Miguel me quitó el apetito y me cambió el humor. Suficiente ya me regresó el apetito. Terminaré de comer y subo a seguir trabajando. Me iré a casa caminando. Necesito despejarme.

viernes, 17 de septiembre de 2010

Otro desplante más

Llegaron las siete de la noche y alisté todo para salir corriendo del trabajo. No aguantaba más estar ahí después del día que había tenido. Además tenía ganas de ver a Julia. Durante la mañana no la vi. Al mediodía en el almuerzo la vi almorzar con el otro chico nuevo que había entrado con ella y con Miguel en el comedor de la empresa. En la tarde me la crucé en algún momento por casualidad pero no me habló. Era un hecho que le pasaba algo conmigo. Tenía que averiguarlo.
Salí primero que todos. No se si era una buena imagen la que dejaba en la empresa pero poco me importaba en ese momento. Estaba molesto con la amonestación que me habían puesto en la mañana. Igual se que fue por mi culpa. Aunque a mi parecer las empresas deberían preocuparse más por el ser humano y dejar de vernos como estadísticas y números. En fin no me voy a meter con uno de los problemas del mundo globalizado.
Encendí un cigarro al salir esperando a que salga Julia. Me fumé la mitad del cigarrillo y salió entonces. Se despidió del otro chico que entró con ella que por cierto no sabía como se llamaba y con Miguel.
Miguel tenía su auto de segunda. Un auto lindo marca Hyundai Accent que su papito le había regalado el día que se recibió de psicólogo. Miguel se dirigió a su auto y acomodó unas cosas en el asiento de atrás. En ese momento aproveché para llamar a Julia.
"Hola Julia, estaba pensando que capaz nos podíamos ir juntos hacia casa", le dije en voz no tan alta como para que me escuche sólo ella. No quería que los demás se diesen cuenta de mis intenciones.
"Gracias pero hoy no", dijo secamente Julia.
Me quedé impávido por la respuesta. No me esperaba una así. Entonces Miguel arrancó su auto y sobreparó al lado. "Bueno chicos los llevo" les invitó. Ellos aceptaron y se fueron.
Julia sólo me dijo nuevamente "chau".
Me quemé con la colilla al no darme cuenta que el cigarrillo se había consumido en ese momento. Me quejé para mis adentros pensando en que no podía tener tanta mala suerte. Sería irónico que un chico como yo que no cree en la suerte tenga tanta mala suerte. De todos modos como siempre soy positivo le buscaré el lado positivo al asunto. No, esta vez, no puedo.
Así terminó entonces mi jornada laboral de ayer. Tomé mi ómnibus sólo. Llegué a casa y me fijé antes de sacar las llaves no vayan a haber más ladrones cerca. No los había. Entré.
Quise escribir y como saben. No tenía internet. "Mejor me voy a dormir temprano", me dije nuevamente. Mañana me daré un respiro.

Me mata su indiferencia

Varios de ustedes me reclamaron que ayer no escribí nada. Disculpen, pasa que yo tengo uno de esos routers inalámbricos y si bien la magia del internet nos sirve a veces de mucha ayuda. A veces se vuelve magia negra y nos deja incomunicados. ¿Quién iba a pensar que se nos haría tan necesario el internet?
Pero esa fue la fresa que adornó la torta. Una torta que tuvo algunos pisos de mal sabor. Todo comenzó de mañana. Debido a todos los incidentes de la noche anterior olvidé, en uno de mis clásicos descuidos, programar mi celular para que me despierte. Debo comprarme un reloj despertador. No siempre los celulares funcionan como uno quiere. Entre el internet y los celulares nos hemos vuelto prisioneros de nuestro desarrollo científico.
Entonces, me desperté tarde. Media hora tarde. Me levanté de golpe de la mi cama. Me lavé los ojos y me acomodé el cabello solamente como para no perder el tiempo. Díganme sucio pero no lavé los dientes. El tiempo apremiaba. Además a quien no le pasó alguna vez.
Me puse el pantalón, medio me abroché la camisa, una media de pares diferentes que encontré, el par de zapatos sin atar y la corbata en la mano fueron suficientes para que salga corriendo del apartamento y luego del edificio. Bajé por las escaleras porque el ascensor demoraba mucho.
En la calle no habían taxis disponibles. Una señora esperaba un taxi después de mi. Cuando vio el primer taxi que vino disponible intentó tomarlo antes que yo. No suelo ser así, pero emprendí la carrera y se quedó con la boca abierta cuando le arrebaté el taxi al ganarlo por puesta de mano. Ojalá que si lee este blog algún día me pueda perdonar la imprudencia.
Terminé de vestirme dentro del taxi. Al llegar al trabajo le pagué al taxista indicándole que se quede con el vuelto. Bajé corriendo y entré a la empresa logrando marcar tarjeta. Dieciocho minutos tarde. Y saben a quién me encontré esperando a que la empiecen a capacitar. A Julia. Me vio llegar agitado y me miró medio raro. "¿Estás bien?" preguntó.
Asumí que no era mi mejor aspecto. En eso bajó Miguel y cordialmente la invitó a acompañarlo. Julia me volteó como por obligación y sólo se despidió con seco "chau".
Claro, no recordaba que ayer me había visto besándome con Leticia, a quien dicho sea de paso odio más que nunca. Muchas cosas recorrieron mi cabeza. ¿Y si a ella le estaba pasando lo mismo que a mi? No puedo creer. Sería posible que le hubiese interesado con la misma rapidez que ella a mi. Y claro es posible que al verme con Leticia ahora me odie como yo odio a Leticia por no haberle dicho la verdad. "¡Diablos!".
En eso Irina, la recepcionista de la empresa, me sacó de mi trance. "Diego", dijo fuertemente y se ve que no por primera vez. "Te llama la jefa de personal, ¿Qué hiciste?".
"Llegué tarde", respondí.
"Suerte", se despidió.
Subí a ver a la jefa de personal la cual me amonestó con un memorándun. No había comenzado bien el día. No tenía ganas de trabajar ya. No se para qué me levanté de la cama. Esperaría hasta que saliese del trabajo para hablar con ella. "Que el día se pase rápido", pensé.

miércoles, 15 de septiembre de 2010

Que lindo día

Por fin descansé la madrugada de hoy. No hubo ni llamadas de Leticia, ni sueños apasionados sobre Julia, ni siquiera vientos fuertes, con lluvia y truenos. Podría decir que dormí más plácido que en un domingo.
En la mañana, debido al empujón romántico de la noche anterior, logré levantarme contento y feliz y a la hora justa para irme al trabajo. Al salir el clima ya había cambiado. La mañana estaba fresca pero agradable y poco a poco durante el día el sol fue apresándose de Montevideo irradiando su energía. No vi pajaritos cantar, ni mariposas y flores, pero poco faltó.
Incluso el trabajo fue apacible y hasta aburrido en varios momentos. Sólo sobre el final hubo algunas cosas por hacer. De las normales todos los días. Tareas y tediosas y voluminosas que no tienen nunca acabar. Pero nada podría cambiar mi buen ánimo, hoy no al menos.
Salí como siempre a las siete de mi trabajo. Estaba vez no pude esperar a salir lo antes posible. Tenía ganas de mixionar pero me aguanté. Tampoco había una chiquilina a quien esperar. Así que tomé el ómnibus, pagué, subí y bajé una parada antes. Quise pasar por la casa de Julia para tentar una vez más a la suerte y verla. Dicen que el que no arriesga no gana. Además si llegaba directo a casa, dicho sea de paso vivo sólo en un monoambiente, no haría más que ponerme a ver partidos de la Copa Sudamericana. Hoy creo que no habían partidos interesantes.
Al pasar por casa de 'mi sueño hecho realidad' todo estaba apagado. Mala suerte la mía, el cruzar algunas palabras con la bella Julia hubiese sido exhorbitante. Que pena me dije sin abrir la boca. Pero ya la veré en algún momento. Salvo ocurriese una catástrofe por lo que le había dicho la jefa de recursos humanos de mi empresa, Julia, estaba con un pie y medio dentro de la misma.
Pegué media vuelta y me dispuse a recorrer las dos cuadras que alejaban la casa de sus padres, donde ella vivía, de la mía. Avancé una y otra cuadra una a una despacio. Cuando fui llegando a mi puerta distraje la mirada buscando mis llaves. De repente, no sé de donde salieron un par de individuos. Estos trataron de arrebatarme la mochila. Forcejeé con ellos para que no se llevaran nada, pero en el forcejeoo se me abrió la mochila y se me cayó el celular que llevaba en el bolsillo de la camisa al piso. Por suerte, como no me quedé de brazos cruzados y al ser una calle algo transitada (algunas personas en la parada de al frente comenzaron a gritarles cosas a los ladrones) estos amigos del mal huyeron. Y pata alimentar mi ego diré que tampoco soy un mequetrefe.
Una mano de mujer me acercó el celular y me lo entregó. Agradecí sin saber quien era. Cuando levanté la cabeza, mientras cerraba mi mochila al mismo tiempo, me percaté de una presencia conocida. Quien me había alcanzado el celular era Leticia. Había venido a hablarme, disculparse y rogarme que vuelva con ella.
Quería pasar a mi apartamento, pero me negué. No quería nada con ella. Hablamos como por cuarenta minutos ahí parados. Ya la gente de la misma parada me empezaba a ver a mi como el delincuente al verla llorar. No podía estarme pasando eso en este lindo día. Menos mal que no hacía tanto frío sino hubiésemos tenido que entrar o congelarnos allí mismo.
Finalmente, Leticia, accedió dejarme ir asumiendo la culpa pero sin compartir mi decisión. Sólo me pidió algo para irse. Un último beso de despedida. Después de cuarenta minutos fuera de casa sin poder entrar, adolorido por el forcejeo y mi vejiga a punto de reventar accedí si era la forma de librarme de ella. Cerré los ojos. Paré la trompita y esperé a que me besara. Cuando por fin pasó unos de los besos más desabridos que he dado en mi vida abrí los ojos nuevamente.
Y como si los dioses, si hay alguno arriba, no se hubieran terminado de divertir a costas mías. Pasó por la vereda del frente y en ese mismo instante Julia con su madre cargando unas bolsas de supermercado. Me saludó a lo lejos y me miró como aquél amigo del colegio que te descubre con la novia que tenías a escondidas y que siempre negaste.
Leticia sintió ese beso desabrido, dio media vuelta y se fue. Tomó el mismo rumbo que recorría Julia más despacio. Cruzó la siguiente esquina y desapareció de mi vista. Julia y su madre aún siguieron una cuadra más. Yo desconcertado, metí mi mano al bolsillo, saqué la llave, me percaté antes de que no hubiesen más ladrones y entré a mi edificio. Subí a mi apartamento. Me hice una sopa instantánea y me dormí. No quería pensar en nada.

martes, 14 de septiembre de 2010

La segunda entrevista

Llegué al trabajo por segundo día consecutivo más temprano que nunca y como la mayoría de gente de mi edad preferiría estar un martes por la mañana en cualquier parte menos en el trabajo. Sin embargo, allí me encontraba, sentado en mi escritorio, enterrado bajo un rumo de facturas y tareas pendientes. Quizá el órden no sea algo que me caracterice.
Aproveché que debía llevar unos papeles donde la jefa de recursos humanos para conversar con mi contacto en esa área. Le pregunté disimuladamente a este chico si es que habían llamado nuevamente a Julia, una chica amiga mía disimulé, que había entrado ayer a una entrevista de trabajo. Miguel, como se llamaba este asistente de recursos humanos me dijo que sí, y que por como él la veía, tenía muchas opciones de entrar. Al menos eso me alegró la mañana. Podría, si todo seguía saliendo bien, continuar teniendo la oportunidad de ver a Julia.
El resto de la mañana pasó sin novedades entre lluvias ligeras. La tarde llegó con un cambio de aspecto. Pasó de ser gris a soleada.
Eran alrededor de las seis de la tarde cuando vi pasar a Julia por uno de los pasillos de la empresa. Iba para su segunda entrevista. La saludé de lejos y le deseé suerte a la distancia para no ponerla nerviosa. Aunque creo que yo estaba más nervioso que ella, pues se le veía tan fresca y encantadora como la soleada tarde.
No la ví salir más de esa área. Dieron las siete y marqué mi salida quedándome a fumar en la puerta de la empresa haciendo tiempo a que saliera. Siete y diez salió, no demoró mucho. La saludé como si fuese por casualidad que estaba allí. Siempre he sido partícipe de hacer que sucedan las cosas y no esperar a que sucedan por sí mismas.
"Hola Diego", me dijo con su melodiosa voz.
"Hola" contesté. "¿Cómo te fue en la entrevista?"
Me propuso contarme mientras caminábamos hacia la parada. Eran tres cuadras así que no era mucho el tiempo. Ella no sabía como yo que vivíamos tan cerca.
"Dale", le dije yo. "Me sirve cualquiera que vaya para Tres Cruces".
"Ah, a mi también" finalizó el ponernos de acuerdo y continuó su charla sobre la entrevista.
Ahora si la veía un tanto nerviosa. Es como si se hubiese mantenido firme hasta que pase la presión. Me contó que Miguel, el asistente de recursos humanos, la había hecho primero pasar con él. Y que ella había sido la única que había pasado por esa situación. Los dos muchachos y la otra chica que también habían sido llamados para la segunda entrevista habían entrado directamente con la jefa de recursos humanos y no con Miguel antes.
"La verdad se le veía encantador y muy profesional a ese muchacho", me dijo. Le había dado unos consejos para cuando hablara con la jefa de recursos humanos. Me pareció extraño eso de parte de Miguel. No era un tipo muy sociable en la empresa. Es mas, mis compañeros y yo siempre lo vimos medio antipático. Quizá lo había hecho porque le dije momentos antes que era una amiga mía. No le di importancia.
Luego, me contó, que esos consejos le habrían servido. Porque la jefa de recursos le había dicho que eran dos puestos los que necesitaban cubrir y que uno iba a ser suyo. Que mañana le llamarían para empezar la capacitación. Sin duda la primera persona que iría a visitar cuando entre a la empresa va a ser a Miguel por su buena onda. No dije nada más sobre el tema.
A esas alturas ya bajábamos juntos del ómnibus y se dio cuenta de que vivíamos cerca. Me preguntó dónde y me indicó. Me hice el bobo e hice lo propio diciéndome donde. Así que yo caballero me ofrecí a acompañarla a la puerta de su casa. Siempre fui un caballero, de esos en extinción, lástima que las chicas con las que me topé no hayan sabido valorar eso. O quizá ya no lo deseen así.
De hecho Julia me dijo que no era necesario, que cada uno podía tomar su camino. Pero insistí y aceptó. La dejé en la puerta de su casa agradeciéndome por mi caballerosidad y me señaló que era bueno tener un compañero de trabajo con el cual regresar "porque la verdad no era muy segura esa zona en ocasiones". Quedé a las órdenes. Sonrió y me fui con un hasta pronto.
Caminé las dos cuadras hacia mi casa como si caminara sobre algodón. Cada vez me gustaba más Julia. En eso sonó mi celular. Era Leticia. Le dije que me diese un tiempo para pensarlo. Unos días, yo la iba a llamar. Cuando esté más tranquila hablaríamos. Leticia entendió. Claro que era lógico que lo que le iba a decir era que lo nuestro había terminado esa noche cuando la vi besando a otro tipo en la puerta de su casa. Nunca puedo terminar mis encuentros con Julia simplemente feliz. Pero ya llegará el momento.

Una nueva mañana

La Conversación que mantuve ayer de mañana con Julia nos sirvió para conocer sobre nosotros. De ella, supe, que le gustaba sonreir, la vi sonriendo muchas veces en ese lapso de 15 minutos más o menos que hablamos.
Me contó que era una persona sociable y amable y que debido a eso estaba postulando un puesto de atención al cliente y marketing telefónico de la empresa. Conozco el puesto espero no la estrese demasiado si llega a calificar y entrar a la empresa. En fin no debo preocuparme por adelantado.
Conocí que tenía un hermanito de nueve años y que en realidad ella tenía veintitrés y no veintidós como le había calculado. Que había tenido también una hermanita que ahora tendría dieciocho pero que murió cuando tenía once años. Por ese motivo su hermanito era una de las principales razones de su vida.
Le gustaba el café por las mañanas, le gustaba bailar, salía con sus amigas porque creo que no tiene novio. Y me parece que tiene el corazón bloqueado por algunas experiencias pasadas. Pero quizá me lo esté imaginando. Ahora recuerdo una frase que escuché hace poco de un compañero de trabajo “los hombre son todos iguales, por eso me gustan las mujeres”.
Era la segunda experiencia laboral en su vida y la primera había sido en un call center internacional. Si mal no recuerdo vendía un producto telefónico o de Internet para el mercado español. Uno de esos trabajos que uno agarra como primer trabajo o cuando no tiene otra oferta y no quiere quedarse en casa criando hongos.
Por mi parte le conté que era un fanático de café y que lo consumía a granel. Claro que luego le aclaré que en mis historias soy un poco exagerado. Aunque creo que se dio cuenta también de que soy un tipo alegre, positivo y que le gusta estar feliz constantemente. Mmm, no sé si se dio cuenta pero lo soy.
Le dije que trabajaba en esa empresa hace año y medio más o menos y que me sentía cómodo pero no satisfecho ya que siempre buscaba mejorar en la vida. Le gustó mi sentido de superación. Dijo que siempre admira las personas que son así y que cada vez el mundo se llena de más y más pesimistas y gente sombría.
Le comenté que también me gustaba bailar y le propuse que si en algún momento entraba a la empresa debíamos salir a bailar. Me dijo que no hace planes de bailes cuando conoce a un desconocido. Debe ser otra regla como la de las tres preguntas a un desconocido. Igual nos reímos juntos y la verdad tiene una sonrisa increíble.
Hoy temprano encendí mi celular y no tuve más llamadas perdidas de Leticia. Espero no me moleste en toda la mañana. Debí pedirle un tiempo para pensarlo porque estoy seguro que en algún momento de la mañana me va a llamar.
Me levanté temprano para ir a la misma hora de ayer a la parada a ver si me encontraba con Julia nuevamente. La mañana estuvo refría y mi paraguas se rompió con el viento que hizo ayer. Me mojé en vano porque no la encontré o no la volvieron a llamar para entrevistarla o será luego. Hoy averiguaré en el trabajo con Mauro mi conocido de recursos humanos. Llegué al trabajo y escribí esto pero la mañana me espera agitada. Hay varias facturas que no están pagas y unos cheques no los encontramos. Mi trabajo va a ser encontrar todo eso. Que quilombo de nuevo.

lunes, 13 de septiembre de 2010

Leticia me pidió perdón por celular

Ahora si voy a dormir. Desde que escribí el último blog no he podido dormir. Son casi la una de la mañana y he optado por apagar el celular. Menos mal que la alarma de los celulares no necesitan que el mismo esté encendido para sonar. Sino no tendría como levantarme mañana.
Leticia siguió insistiendo timbrándome y timbrándome. No le contesté las primeras diecisiete veces. Pero me cansó y opté por tomar el toro por las astas. Dicho sea de paso, suena gracioso ya que el que acabó más parecido a un toro fui yo.
Me llamó porque dijo que estaba preocupada por mi. Le dije que no sea hipócrita y le pregunté si tenía algo importante que decirme. No sé si debía esperarlo o qué, pero me dijo que no. Insistí para que me diga que estaba saliendo con otro, pero me repetía que no sabía de lo que yo le hablaba.
Así que me cansó y le reclamé que la había visto besándose con otro ayer en la noche en la puerta de su casa. Leticia es la clásica chica linda y con plata que nunca le costó tener todo lo que quiso en la vida. Eso sí, conmigo se equivocó. No pienso convertirme en un trofeo en su vidriera de caprichos.
Me negó todo por buen tiempo hasta que las pruebas irrefutables le hicieron reconocerlo. Me contó que no estaba en sus cabales cuando lo hizo. Que había estado en el cumpleaños de una prima y un amigo de esta prima se había ofrecido a acompañarla a su casa debido a que había tomado mucho. Que ella pensó que sólo necesitaba protección y que el chico se aprovechó de su estado. Yo no estoy seguro si estaba contragos encima o no pues anoche la vi de lejos y no quise ver más. Me había retirado rápido. Lo único que creo es que el embriagarse no es excusa para lo que hizo.
Leticia me rogó casi por hora y media que la perdone de todas las formas habidas y por haber. Me he mantenido firme en mi decisión aún cuando me juró que yo era el hombre de su vida. No sé si será cierto, es una obsesión o soy otro trofeo para ella que se le va de las manos. Lo único que se me viene a la mente es su imagen con otro tipo y no quiero verla. Se lo he dejado claro. Pero ella insiste en que lo piense. La única manera para que me deje dormir, cosa que me muero por hacer, es decirle que sí, que lo voy a pensar.
Ha colgado el celular sólo de esa forma y no ha vuelto a insistir llamando. Por las dudas apagué el celular. Mañana espero tener la mente despejada porque me espera un día ajetreado de trabajo. Espero ver a Julia en algún momento. Espero la suerte me siga acompañando. Su dulce voz suena como una canción de cuna y el sueño me invade. Hasta mañana.

8pm. y tengo sueño

Son recién las 8 de la noche y tengo sueño. Escribo estas líneas porque debo escribirlas solamente. No es que duerma temprano siempre o que sea un tipo aburrido que como lo pollos se acuesta temprano. Sólo pasé una noche de insomnio de aquellas que te dejan agotado al día siguiente.
Encima tuve que levantarme temprano ya que trabajo como administrativo en una empresa en el centro. Pero a eso estoy acostumbrado, lo que verdaderamente me dejó mal fue la madrugada.
Me acosté re tarde y me levanté como tres veces. Como recordarán anoche encontré a mi novia con otro y no podía sacarme esa imagen de la mente. A veces me hago el fuerte pero debo reconocer que me afectó bastante. Ella ni me llamó dicho sea de paso.
Fui conciliando el sueño como a las 3:30 de la madrugada. Me levanté incómodo tres veces, no podía dormir de corrido. Primero a las 4:25 luego 5:07 y luego, la última y definitiva me desperté 5:43. Las dos primeras veces los pensamiento de la futura ausencia de Leticia me desvelaron. La última vez fue más raro porque lo que me despertó fue la imagen de Julia. Esa cara angelical me sorprendía tocando la puerta de mi casa. Debe tener como 22 años encima, delgada, linda como siempre debe andar y vestida como para fiesta se aparecía ante mí cuando habría la puerta de mi apartamento. Entonces me desperté y sonreí. No pude dormir más.
Fui a tomar un baño y me alisté para ir a trabajar. Entro a las 10 de la mañana. Pero a las 8 como nunca estaba pronto para salir. Salí del apartamento y bajé con la esperanza de encontrarme a Julia como en mis sueños pero sólo encontré el recibo de los gastos comunes que debo pagar con mi siguiente quincena. No es lo mismo, no.
Fui a la parada con la idea de tomar el ómnibus de siempre. Salía más temprano pero estaba decidido a despejarme un poco en la plaza cerca al trabajo. Quizá un Café en Mac Donalds no me caería nada mal para mantenerme de pie y con los ojos abiertos. Sorpresa la mía, en la parada estaba Julia, más radiante que nunca. Con los cabellos dorados sueltos al viento a pesar del frío, un sobretodo que escondía su figura y una cartera que hacía juego con sus pendientes.
Claro está que no era casualidad haberla encontrado. De no haber sido por el insomnio no estaría despierta nunca a esta hora y no la hubiese encontrado. Las cosas pasan por algo. Al verla se aceleraron mis latidos. De hecho estaba inundado de emoción. Hablarle o no hablarle. Se que no tendría muchas oportunidades. Estaba vestida elegante así que estaría yendo al atrabajo supuse. No sabía que hacer. Esperé a que subiera a un ómnibus, casualmente como la noche anterior tomaba el mismo que me servía a mí.
Subí detrás de ella y bajó donde siempre bajó yo. Si, aunque no lo crean ,las coincidencias continuaban. No puedo dejar de pensar que parece historia inventada. Y lo que siguen no me van a creer entró a Mac Donalds, yo siempre detrás de ella, incluso en la fila para comprar. Escuché que pidió un Latte y yo atrás pedí un Baggel con huevo (creo que así se escribe) y un capuccino. Subió al segundo piso donde están las mesas, tomó un diario y se sentó en una mesa.
Yo me senté en la mesa de al lado frente a ella preguntándome ¿cómo entablar la conversación?. No se rían pero lo único que se me ocurrió en ese momento fue pedirle la otra parte del diario. Ella accedió sin problemas y sólo me miró raro. Claro la parte que le pedí era el suplemento "El país de los niños - Edición padres".
Me disculpé diciéndole que en realidad "no era el suplemento que yo quería".
"No te preocupes", me dijo, "No me incumbe igual".
Le pregunté su nombre y me contestó que se llamaba Julia. En realidad era muy amable y risueña.
"Tienes sólo tres preguntas que por regla respondo a un desconocido" me señaló. "No lo tomes personal, pero siempre soy así".
Yo, porsupuesto, estaba dispuesto a usarlas. Una la había desperdiciado porque ya sabía su nombre. Debía pensar rápido porque lo siguiente que hacía, como me explicó, era pararse y continuar su camino.
"¿Trabajas cerca?", pregunté.
"En realidad voy a una entrevista de trabajo" y me guiño un ojo como diciéndo pregunta equivocada.
"¿En que empresa?, digo si se puede saber". Y que casualidades que tiene la vida era la misma en la que yo trabajaba. Sonrié, pero esta vez yo guiñé el ojo y le dije. Trabajo en la misma, suerte. Me levanté, me jugué a mi suerte y me fui.
"Espera", me detuvo ella. Volteé a verla y prosiguió "¿puedo preguntarte sobre el trabajo?, en serio me interesa".
La miré y sonriendo le dije "Sólo respondo tres preguntas a una desconocida" y tomamos el camino rumbo directo al trabajo. Claro está que yo no cumplí con esa regla. Conversamos y le aconsejé como desenvolverse en su enrevista. Cuando llegamos a la puerta me agradeció y se despidió con un beso en la mejilla. No la vi salir de la entrevista y no supe de ella como le fue.
Un conocido que está en el área de recursos humanos me contó que había quedado seleccionada y que tendría una segunda entrevista. Como las entrevistas suelen ser a la misma hora. Me he propuesto tomarme el ómnibus más temprano de lo previsto por si me la vuelvo a encontrar. El resto del día sólo trabajé y trabajé. Apagué quilombos de otros y terminé cansado. Encima no traje paraguas y está lloviendo en la ciudad. Estoy en casa ahora y quiero irme a dormir. Espero poder hacerlo y que no me pase lo mismo de anoche.
Por cierto mientras escribía esto me timbró Leticia pero no le contesté.