Preferí no decirle nada en ese momento a Leticia que la había grabado. Se dice que los mejores estrategas no hacen alarde de sus ventajas sino mas bien muestran no ocultan sus desventajas. Ya que sus desventajas seguirán siendo desventajas y sus ventajas se vuelven un as bajo la manga.
Ni siquiera nos despedimos ella se quedó en la parada del autobús y yo seguí caminando. Igual, mucho no podía hacer ya esta noche. Entre que Verónica se sentía mal y Leticia se sentía satisfecha por haberme tratado de ese modo. Me había quedado sin nada que hacer. O quizá había algo…
Marqué el número de Verónica. Ella contestó su celular y me dejó claro que me respondía sólo porque era yo. Quedamos en vernos mañana. Ella no iría a trabajar pero podría ir a verme después de que yo salga del mismo. Suponía que después de más de un día de descanso pudiese estar más relajada. Había sufrido una especie de angustia causada por el estrés. Muy común en los últimos tiempos entre las personas responsables. A veces me gustaría vivir en una playa como aquellos parceros que recorren de playa en playa viviendo el día a día, sin preocupaciones, sin presiones. Free Style.
En fin, después de esa llamada me fui a dormir.
Al día siguiente desperté muy temprano. Como me acosté a es de las diez de la noche, a las seis y media se me había quitado el sueño definitivamente. Opté por levantarme en seguida. Hice un poco de ejercicio matutino como casi nunca solía hacerlo. No lo sé por qué, supongo que por ansiedad, mi cuerpo me lo pedía.
Luego de terminada la sesión tomé una ducha bien fría y estaba pronto para salir a la calle. Llegué temprano al trabajo, lo cual como yo deben tener claro, no suele suceder. Continué con mi trabajo de la tarde anterior. Busqué, indagué, pregunté, desempolvé, trajiné y finalmente encontré. Había ciertas cuentas que no cuadraban y ciertos registros que no concordaban. Corroboré y cotejé mi información con los libros de la empresa. Y salvo que estuviese cometiendo algún error de novato, algo no encajaba. Quise tener acceso al archivo para ver los perfiles de ciertos empleados y no me dieron acceso. Adivinen quién fue que me lo negó. Leticia.
Así es la vida. Los caminos siempre nos llevan por bifurcaciones extrañas. En este caso me devolvieron a donde había quedado anoche. En frente de Leticia. Pregunté el por qué de la negación en el ingreso y lo atribuyó a las estupideces que hablamos la noche anterior. Le pedí que no lo mezclara, sino iba a tener que solicitar el acceso a otras personas de mayor rango y no le iría bien. No quería hacer eso, en realidad sí, pero nunca fui malo por naturaleza y no quería causarle daño tampoco a ella.
Cuando le dije eso, me explicó que en realidad seguía órdenes de su jefe inmediato. El gil de Miguel, que indicaban que nadie podía entrar ahí sin su autorización. Le comenté que en realidad la labor que yo realizaba había sido encargada por la jefa de personal que estaba por encima de él. Pero no me hizo caso tampoco. Esta vez la excusa fue encausada por el lado de que como se habían perdido ciertos documentos Miguel había solicitado a la jefa de personal la restricción de cualquier persona a los archivos de la empresa. Comprendí la situación, pero no podía entender como esta orden de restricción podía abarcar a la propia jefa de personal. Al hacérselo notar me propuso, ya a regañadientes, que ella podía ayudarme en lo que necesitase, pero que el acceso no lo conseguiría y que si quería esperase a que Miguel llegue al día siguiente.
Como el trabajo no podía esperar me incliné por ir directamente con la jefa de personal a ver que estaba pasando. Vaya sorpresa me llevé al enterarme que ella nunca había dado dicha orden y que todo era un invento de Leticia o en el pero de los casos de Miguel. La jefa de personal con su sapiencia y experiencia en el manejo de trabajadores me sugirió aguardar al día siguiente ante mi desconsuelo. Vaya desdicha. La ansiedad nuevamente se hacía presa de mí, pero esta vez era mi eficacia lo que la reclamaba. Lo único bueno del asunto que pasó fue que la jefa de personal me pidió un informe por escrito sobre el análisis realizado y resultados obtenidos en mi investigación. Eso al menos ocupó el resto de la tarde.
Saliendo de allí fui directamente a mi casa a esperar a Verónica. Cuando llegué me puse una ropa más cómoda y limpia que la del trabajo y mi invitada no tardaría mucho en llegar. Tocó el timbre y se anunció por el intercomunicador. La hice pasar.
Ni siquiera nos despedimos ella se quedó en la parada del autobús y yo seguí caminando. Igual, mucho no podía hacer ya esta noche. Entre que Verónica se sentía mal y Leticia se sentía satisfecha por haberme tratado de ese modo. Me había quedado sin nada que hacer. O quizá había algo…
Marqué el número de Verónica. Ella contestó su celular y me dejó claro que me respondía sólo porque era yo. Quedamos en vernos mañana. Ella no iría a trabajar pero podría ir a verme después de que yo salga del mismo. Suponía que después de más de un día de descanso pudiese estar más relajada. Había sufrido una especie de angustia causada por el estrés. Muy común en los últimos tiempos entre las personas responsables. A veces me gustaría vivir en una playa como aquellos parceros que recorren de playa en playa viviendo el día a día, sin preocupaciones, sin presiones. Free Style.
En fin, después de esa llamada me fui a dormir.
Al día siguiente desperté muy temprano. Como me acosté a es de las diez de la noche, a las seis y media se me había quitado el sueño definitivamente. Opté por levantarme en seguida. Hice un poco de ejercicio matutino como casi nunca solía hacerlo. No lo sé por qué, supongo que por ansiedad, mi cuerpo me lo pedía.
Luego de terminada la sesión tomé una ducha bien fría y estaba pronto para salir a la calle. Llegué temprano al trabajo, lo cual como yo deben tener claro, no suele suceder. Continué con mi trabajo de la tarde anterior. Busqué, indagué, pregunté, desempolvé, trajiné y finalmente encontré. Había ciertas cuentas que no cuadraban y ciertos registros que no concordaban. Corroboré y cotejé mi información con los libros de la empresa. Y salvo que estuviese cometiendo algún error de novato, algo no encajaba. Quise tener acceso al archivo para ver los perfiles de ciertos empleados y no me dieron acceso. Adivinen quién fue que me lo negó. Leticia.
Así es la vida. Los caminos siempre nos llevan por bifurcaciones extrañas. En este caso me devolvieron a donde había quedado anoche. En frente de Leticia. Pregunté el por qué de la negación en el ingreso y lo atribuyó a las estupideces que hablamos la noche anterior. Le pedí que no lo mezclara, sino iba a tener que solicitar el acceso a otras personas de mayor rango y no le iría bien. No quería hacer eso, en realidad sí, pero nunca fui malo por naturaleza y no quería causarle daño tampoco a ella.
Cuando le dije eso, me explicó que en realidad seguía órdenes de su jefe inmediato. El gil de Miguel, que indicaban que nadie podía entrar ahí sin su autorización. Le comenté que en realidad la labor que yo realizaba había sido encargada por la jefa de personal que estaba por encima de él. Pero no me hizo caso tampoco. Esta vez la excusa fue encausada por el lado de que como se habían perdido ciertos documentos Miguel había solicitado a la jefa de personal la restricción de cualquier persona a los archivos de la empresa. Comprendí la situación, pero no podía entender como esta orden de restricción podía abarcar a la propia jefa de personal. Al hacérselo notar me propuso, ya a regañadientes, que ella podía ayudarme en lo que necesitase, pero que el acceso no lo conseguiría y que si quería esperase a que Miguel llegue al día siguiente.
Como el trabajo no podía esperar me incliné por ir directamente con la jefa de personal a ver que estaba pasando. Vaya sorpresa me llevé al enterarme que ella nunca había dado dicha orden y que todo era un invento de Leticia o en el pero de los casos de Miguel. La jefa de personal con su sapiencia y experiencia en el manejo de trabajadores me sugirió aguardar al día siguiente ante mi desconsuelo. Vaya desdicha. La ansiedad nuevamente se hacía presa de mí, pero esta vez era mi eficacia lo que la reclamaba. Lo único bueno del asunto que pasó fue que la jefa de personal me pidió un informe por escrito sobre el análisis realizado y resultados obtenidos en mi investigación. Eso al menos ocupó el resto de la tarde.
Saliendo de allí fui directamente a mi casa a esperar a Verónica. Cuando llegué me puse una ropa más cómoda y limpia que la del trabajo y mi invitada no tardaría mucho en llegar. Tocó el timbre y se anunció por el intercomunicador. La hice pasar.
No hay comentarios:
Publicar un comentario