domingo, 14 de noviembre de 2010

Consejos de Padre (Parte 2)

El padre de Julia me quedó mirando, tomó un trago del vaso de whisky que tenía en la mano y luego sonrió de forma sobradora abriendo la boca para, esta vez, decirme: “Mira muchacho, yo a tu edad, ya tenía mucha más calle que tú. Sé que mi hija te quiere porque no la había visto tan feliz en muchos años. Le regresaste la luz que brilló en ella por muchos años desde chiquita. Se le apagó luego por culpa de su madre y mía. Soy consciente de ello”.
“Pero ella le ama y estoy seguro de que usted también puede”, le interrumpí.
“No, mi hijo. Yo ya no puedo. Pero tú sí. ¿Quieres que te dé un consejo? Lucha por ella, no desistas. Ve por ella y dile todo lo que quieras decirle. Será la única forma de recuperarla. No pienses sólo dile lo que hay dentro de tu corazón. A ella le importan las verdades del corazón y no las mentiras piadosas”.
Me quedé pensando mirando como continuaba bebiendo su whisky con ambos vasos. Tomando un trago alternadamente de cada vaso. Le agradecí el consejo y continué esperando.
En eso por la ventana vimos que llegaba a casa la madre de Julia, Mercedes. Venía de la mano con un muchacho. Cuando entró y me vio ahí sentado ignoró completamente a su esposo. Me saludó con una sonrisa provocadora y directamente, sin pelos en la lengua, me invitó a ir con ella diciéndome si no quería entrar en una fiestita. El muchacho que estaba con ella se dirigió hacia la habitación diciéndole a Mercedes que la esperaba en ese lugar. Lo hizo como si no fuese la primera vez que llegara a la casa. En eso, se puso de pie el padre de Julia. Dejó los vasos de whisky en la mesa que tenía al lado con firmeza y se puso detrás de mí colocándome la mano encima del hombro. “Deja al muchacho tranquilo serpiente. Por una vez piensa en tu hija por Dios. El está conmigo y no está disponible para ti”, me defendió aquél hombre aunque no era necesario.
“Como quieras”, añadió Mercedes mirándome y sonriendo al mismo tiempo.
Se dio media vuelta y se dirigió a su habitación vociferando: “si quieres quedarte con ese barril de whisky quédate con él. Pero no creo que la pases tan bien”. Y entró en su habitación supongo.
Miré al hombre y le di las gracias, aunque le hice saber que no era necesario, le conté que ya me había enfrentado con ella, mas no le di muchos detalles. Por un tema de pudor sobretodo pero con una combinación de vergüenza ajena.
Como vi que no venía Julia decidí irme desanimado por no verla pero con la esperanza como bandera por los consejos de su padre. Pero justo cuando estaba cruzando el umbral por mi parte y volvía a su asiento por parte de mi suegro aún, expresó un dubitativo “espera”.
Me quedé de pie bajo el umbral de la puerta de entrada. No me miró al hablarme como yo tampoco lo hice. Sólo quería escuchar lo que yo añadía y él quería sentir que no traicionaba por completo a su hija y que de paso no me había hecho esperar en vano en su casa sabiendo que Julia no iba a llegar esa noche. “Te voy a decir algo más. Julia me lo dijo sólo para que no me preocupara, pero no me dijo que no se lo dijera a otros, aunque supongo que no quisiera que te lo diga a ti. Sin embargo te lo voy a decir. Está donde su tía, ¿por qué no vas por ella? Yo te daré la dirección”, volteando para entregármela.
Volteé sobre mí cuando lo escuché y mirándolo a los ojos le hable: “Ya la tengo… y se lo agradezco no sabe cuánto”. Entonces salí casi corriendo de ahí. Afuera la lluvia arreciaba. Las gotas caían tupidas y con mucho viento pero a mí no me importó. Corrí a tomar a la avenida 18 de Julio para tomar el primer taxi que viniese. Pero con esta lluvia, como siempre, estuvieron todos ocupados. No hubo ninguno libre. Nunca hay un taxi cuando uno más lo necesita. Eran ya casi las diez de la noche. Había pasado casi una hora esperándola en su casa. No quería llegar tan tarde a verla en casa de su tía. Saqué el celular para llamar un taxi pero todos los números de las compañías de taxi en la ciudad me daban como que no se podía conectar la llamada. Entonces tomé la decisión de ir avanzando por las calles principales caminando rápido con la esperanza de encontrar un taxi en mi trayecto. Igual estaba casi empapado así que peor no podía quedar.
Agarré 18 de Julio, Boulevard Artigas, Avenida Brasil y luego me interioricé en el corazón de Pocitos hasta llegar frente a la casa de Silvana, la tía de Julia. Espero que quiera recibirme. La pude ver cenando por la rendija que dejaban las cortinas de la ventana del comedor que daba a la calle. Estaba hermosa como siempre. Ya no lloraba y caí en lo que estaba pensando. De hecho no iba a continuar llorando después de tantos días. Que bobo. ¿Y ahora? Estaba allí y no sabía que decirle. Pero tenía que empezar por algún lado. Y eso era tocar el timbre. Debía darme valor. Contaré desde cinco a uno, pensé y luego tocaré el timbre. Ahí me encontraba yo todo mojado, frente a la puerta, con la mano en el timbre y a punto de enfrentarme a lo que puede definir mi futuro con Julia. Cinco, cuatro…

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