miércoles, 10 de noviembre de 2010

Acumulando información

Hoy jueves me levanté con las ganas aquellas de tomar al toro por las astas. Había pasado un corto tiempo desde que escribí lo último. Yo sé que no fue mucho pero un tiempo al fin y digamos que si bien no era la forma hacer las cosas en caliente, tampoco debería dejar que las cosas se enfríen.
El calor ha empezado a invadir Montevideo y los conciertos empiezan a aparecer. No es un dato que sea realmente relevante pero es un termómetro que mide la temperatura del estado de ánimo de la gente. “Con el calor de la primavera, las hormonas se aceleran”, parafraseando a The Sacados, antigua banda de rock/pop argentina. Hay gente en las calles con prendas cortas que inspiran a los nuevos Da Vinci y Rembrandt. Incluso me parece veo mayor cantidad de parejitas tomadas de la mano en la calle. Sólo faltamos Julio y yo, pero calculo que muy pronto podrá darse nuevamente.
Hoy es el día. Esta noche iré a verla. Lo único malo es que hay pronóstico de lluvia, pero como siempre Núbel Cisneros, el hombre del tiempo del canal cuatro, falla. No es nada personal contra él, es más me cae simpático desde fue el único que le atinó que no llovía en uno de los clásicos del fútbol uruguayo hace un tiempo atrás. Lo gracioso fue que llovió torrencial antes y después de los 90 minutos de juego. Pero durante, ni una gota. Núbel ha dicho que llueve esta noche, y repito no es nada contra él, pero espero que falle esta vez.
Tengo algo planeado para lo van a ir descubriendo a la par con ella. A propósito de ella les cuento como venía su situación. Al llegar donde su tía, después de aquella noche engorrosa, Julia, se quedó bajo la protección de su tía Silvana. La mejor ayuda con la que podía contar en esos instantes. La contención necesaria y el apoyo justo en una sola persona.
Silvana dejó que su sobrina vaya a dormir sin preguntarle nada. Las averiguaciones acerca de lo sucedido las haría a la mañana siguiente. Esa noche, Julia, durmió de corrido, sin interrupciones externas, salvo alguna que otra pesadilla que la despertó más cercana la mañana. Las pesadillas no contenían otra temática, mas que lo recientemente vivido, producto del subconsciente. Aquella fue una noche para descansar hasta donde el cerebro lo permitió. La primera etapa de sueño profundo producto de todo el alcohol que había ingerido y la segunda etapa a sobresaltos.
Cuando despertó, se encontró dormida en una habitación que su tía le tenía siempre preparada, para cuando ella llegaba de visita o simplemente de niñera de Andreita. Se sentía como si le hubiesen pasado una aplanadora por encima. La resaca era insoportable. El dolor de cabeza le dinamitaba el cerebro y las náuseas le llevaron rápidamente al baño. Con el sonido que hizo en el baño, su tía, se enteró que Julia había despertado ya.
Silvana preparó el desayuno para su sobrina, Andreita y ella. Cuando sintió que Julia salía del baño, le aviso que se arregle y baje a desayunar. Julia hizo lo que pudo, puesto que estaba con la misma ropa del baile, y bajó al comedor diario de la cocina. Su tía era una genia. Había hecho un súper desayuno. Sin ser pesado para sufrirlo debido a una resaca y delicioso para que provoque comerlo. El desayuno consistía en jugo de naranja salteña recién exprimida, deliciosa y dulce como las mejores. Lo acompañaba un par de huevos duros aún tibios con un poco de sal por si se quería posar los huevos sobre ella para darle un mejor tinte de sabor. Rollitos de jamón y queso para untar saborizado con finas hierbas. No había leche, pero sí un buen jarro de café bien negro como para quitar el sueño. Y una jarrita aún más pequeña con agua temperada al ambiente para estabilizar la temperatura del cuerpo. Todo como dije lo necesario para conformar un desayuno ligero, pero nutritivo y que elimine la resaca.
Cuando estuvo todo servido en la mesa, Julia tomó asiento, saludó a Andreita que la miraba ilusionada ya que siempre jugaban juntas. Silvana le dijo a Andreita que no se ilusione mucho ya que debía apurarse para ir con su papá a la ciudad de los niños en el shopping. Julia pensó que debía marcharse porque seguro querían ir toda la familia junta pero su tía le aclaró que debía quedarse. La situación precisaba una conversación entre ambas.
Cuando Andreíta y su padre fueron para el shopping, Julia, le contó todo a su tía. Claro que lo hizo desde su punto de vista. La salida con los hombres a divertirse. Se había levantado una tipa, despidiéndose con un beso fuera del boliche. Pero la tía Silvana conocía la historia entre Julia y yo. Le costaba creer, habiéndome conocido previamente, como yo podía haber hecho semejante acto. No me veía como un chico que podía hacerle daño a su sobrina. Sin embargo tampoco podía cegarse ante los hechos que Julia le contaba.
Esa era la visión de Julia de los hechos. Además, algo que no supe hasta después, fue que Leticia le había contado que yo había insistido con conocer a esa chica y que por eso la habíamos ido siguiendo hasta Tres Perros donde por fin me había hecho caso. Que mentira más grande pensé yo, pero era la verdad que Julia necesitaba creer en ese momento, para justificar lo que había observado fuera del boliche. Era mucho más fácil creer una cosa de esas, total ella ya estaba acostumbrada a las traiciones de los chicos, que buscar una solución ante un hecho, que como ella lo veía, no tenías excusas posibles. Para Julia, ahora, la única diferencia entre sus anteriores novios y yo, era que yo no la había engañado con su madre, sino con otra chica. La primera salida desde que éramos novios y ya la engañaba. Pensaba que mejor que se haya dado cuenta ahora que más tarde.
Su tía la calmó. Le dijo que pusiera paños fríos a la situación y le aconsejó que cuando se sintiera segura hable conmigo. Ella se negó y su tía no insistió. Julia no quería ni cruzarse conmigo. Por ello consideró en ese momento la idea de renunciar a su trabajo puesto que en él, se cruzaría conmigo una y otra vez durante el día. Eso la llevaría a recordarle que la había traicionado. Entonces, por mi culpa se sentiría mal a cada instante en el trabajo. No tenía ganas de vivir aquello, así que prefería perder ese trabajo con el cual estaba ilusionada en crecer, que pasar un mal tiempo. Lo único que le seguía jodiendo, como una astilla en el pie, era haberse abierto a mí y haber confiado.
Decidió pasar unos días en casa de su tía con su consentimiento y bajo su sugerencia. Llamó al trabajo para avisar que no iba a ir y que cuando fuese iba a renunciar. No habló con Miguel sino directamente con la jefa de personal. No quería ver a ninguno de los involucrados esa noche. Menos que haya sido uno de esos chicos que salió conmigo, porque bajo su perspectiva, ningún hombre es inocente cuando de chicas se trata. Es decir, sino me apoyaron directamente de seguro me habrían encubierto. Incluso, Miguel, que se hizo el inocente luego de todo el alboroto, la veía como una tarada al creer que se iba a tragar el cuento del buen amigo, eso le enojaba mucho. Pues, era evidente que lo que quería, era sacar provecho de una situación así. Julia no era boba y eso me dejaba tranquilo. No dejaría que se aprovechen de ella en esta situación.
Llegado el momento fue a renunciar a la empresa rogando por no cruzarse conmigo. Para mala suerte de ella, ni bien entró nos cruzamos. Aunque luego admitió que le sorprendió que no la haya invadido. El resto de sus anteriores novios, luego de verse descubiertos engañándola y sentir que la perdían, se volvieron obsesivos. El darse cuenta de saber que perdían a una grandiosa mujer, les hacía querer recuperarla acosándola de muchas maneras. A uno en particular, el último, tuvo que ponerle una orden de restricción porque no había forma de sacárselo de encima. A todo lugar a donde Julia iba, él estaba allí o llegaba. Era como si averiguara cada paso que iba a dar por adelantado. En fin, Julia, pensó entonces, que conmigo pasaría algo parecido. Pero le sorprendía mas bien la madurez con la que lo tomaba. Y al ver que si bien es cierto no la ignoré cuando llegó a la empresa, sino que le di el espacio que necesitaba, se sintió extraña. Estaba sorprendida y extrañada al mismo tiempo. Algo no le cuadraba de mis reacciones, pero tampoco se iba a detener a averiguarlo.
¿Qué cómo me enteré de todo esto? Pues fui a verla. Me decidí en ir este mismo jueves. Núbel Cisneros le atinó al pronóstico y llovió. Les cuento que hice en el siguiente blog.

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