Después de que leyó la carta, Julia, me mandó un mensaje de texto al celular que decía: “Gracias, las flores muy lindas y tus frases pa mí mejor. Toy de acuerdo con tu plan. T amo tb. Demuestra q m amas. Bso”.
No saben cuanto me infló el alma ese mensaje. Era más bien, como si mi alma hubiese vuelto a adueñarse de mi cuerpo y ocupado su lugar. Como diría el grupo español ‘El Sueño de Morfeo’, ella se había vuelto una ‘Ocupa de mi Corazón’.
Cuando llegó el lunes no había nada que pudiese contra mis planes. Era un tanque dispuesto a llevarme puesto todo lo que tenía en frente. Me había convertido en el hombre de acero de esta época.
Salí lo más rápido de la cama que pude y fui a trabajar con todos los ánimos arriba. Ya dentro de mi horario laboral, hice todo lo que tenía que hacer lo mejor que pude. La eficacia me desbordaba este día.
Escucharon alguna vez que las adivinadores o las personas que leen el tarot siempre dicen una frase sobre que las estrellas hacen conjunción para que un día en especial sea mejor o peor que otros. Bueno, si yo creyera en eso, debería decir que hoy los astros estaban a mi favor. Todo me salía de maravilla aunque yo lo atribuyo a mis energías positivas. Para suerte extra mía el gil de Miguel se enfermó hoy y no fue a trabajar, por tanto no había nadie que me obstaculizara el ser feliz. Por cierto hablando de obstáculos a Leticia no la vi todo el día, no sé en que parte andaba trabajando.
Mi labor del día fue gratamente supervisada por la jefa de personal en persona, ya que lo que realicé le incumbía directamente a ella. Terminado el trabajo de mañana me dejó entender que ella había proyectado terminar el trabajo en dos días según las últimas experiencias con Miguel a cargo, pero que gracias a mi productividad del día de hoy lo habíamos podido terminar en sólo medio día. Pensé que no había hecho nada extraordinario. Un buen punto sobre el gil ese. Le hice saber que sólo hacía lo mejor que podía. Luego me pediría que de tarde le ayude a hacer otro tanto de cosas. Acepté complacido por el buen trato de la jefa de personal. Incluso sorprendido, puesto que siempre había pensado que era otro tipo de persona. Un poco más estúpida por decirlo de una manera ligera. Supongo que debe haber sido la imagen que nos trataba de dibujar Miguel para que pasemos primero por él cuando necesitábamos algo de ella.
Pero antes de pasar a la segunda etapa del trabajo debía almorzar. Y en este lapso de tiempo tenía programado hablar con Verónica. Esperé a que salga a comer primero y luego la seguí manteniendo una distancia prudente para que no notase mi presencia. Cuando vi que se sentó en una de las mesas vacías del comedor me apresuré a sentarme a su lado. Fue tan repentina mi aproximación a ella que casi la mato de un susto. Igual, si bien es cierto debía ser algo seductor, mi experiencia previa con ella me indicaba que no tenía que ser tan sutil. Quedé muy junto a ella. Rozando pierna con pierna. Ella hizo el amague de alejarse un poco, pero se quedé pensando y volvió a mirarme. Me la quedé mirando fijamente a los ojos. Me preguntó de qué se trataba mi acercamiento y le respondí con otra pregunta “¿Acaso no puedo?”.
Era claro, ahora, ella dudaba de mí. Pero porqué el cambio de actitud para conmigo. A mí me parecía que había gato encerrado en todo esto, pero no iba a descansar hasta descubrir que sucedía. Ella me respondió que podía almorzar con ella, pero que le extrañaba la proximidad. Me disculpé sin dejar de ser pícaro y le dije que no me había dado cuenta, lo cual era obvio era una mentira ya que de haber estado más cerca me hubiese sentado sobre ella. Ella se sonrió, tiernamente dicho sea de paso. Siempre dije de no haber sido por Julia, Verónica me podría haber interesado. Pero como no suelo hablar sobre supuestos prefiero no ahondar en el tema. El punto en este momento pasa por que la forma que venía utilizando para acercármele venía dando resultado. Aunque es muy temprano para cantar victoria a decir verdad. Entonces me separé ligeramente de Verónica pero continué mirándola con la mejor cara de tipo seductor pero bueno. Es decir sin llegar a ser el casanovas, papel que no me caía, ni me gustó interpretar nunca.
Me preguntó como andaba Julia como tratando se sacarme algo y le respondí que no la había visto desde el incidente. Me dijo que le costaba el hecho de no tenerla cerca en el almuerzo, a lo que agregué que era algo a lo que me podía acostumbrar, finalmente aún estábamos los dos para almorzar juntos. En eso entró Leticia al comedor y se sorprendió por vernos ahí, pero no logró disimular son sonrisa retorcida de cuando consigue algún objetivo. Yo la logré conocer y estoy seguro de que planea algo. Ahora donde está metida durante la jornada laboral no logro entender. No me la encuentro nunca.
Continué mi conversación con Verónica haciendo como si no la hubiese sentido entrar. Verónica de hecho estaba tan entretenida conmigo tampoco se dio cuenta de la presencia de Leticia. Me comenzó a contar cosas sobre ella. Que había hecho en fin de semana. Que le encantaba la naturaleza y con el día hermoso que tuvimos aprovechó para salir al parque y disfrutar la lectura bajo la sombra de un árbol. Unos cuentos de Mario Benedetti habían sido su compañera de tarde. Y ya de noche había ido a tomar unos tragos con unos primos a un bar por su barrio, regresando temprano a casa. Había sido, principalmente, un fin de semana de relax, lejos del alboroto de los amigos. Esto me caía justo al pelo. Pues que mejor que una continuación al mismo estilo de lo que había sido de fin de semana.
La invité de noche a ir al cine a ver una película. Era necesario apartarle de ese hábitat. Y ella aceptó según mi conveniencia sin poner resistencia ninguna. Que voluble podía ser Verónica en realidad. Entonces luego de acordar ir al cine, de noche nos encontraríamos en el Punta Carretas Shopping en la puerta principal a las nueve en punto.
Terminado el almuerzo nos despedimos con un lento y tierno beso en la mejilla. Me quedó mirando entusiasmada y se despidió cinco veces antes de dejar el comedor. Una vez que se fue, sonreí para mis adentros sin olvidar que Leticia, disimuladamente, me clavaba la mirada a mis espaldas. Salí de ahí sin dirigirle la mirada y me puse nuevamente a las órdenes de la jefa de personal. Lo que siguió fue otra tarde productiva de trabajo en el que destaqué ante los ojos de la jefa de personal.
No saben cuanto me infló el alma ese mensaje. Era más bien, como si mi alma hubiese vuelto a adueñarse de mi cuerpo y ocupado su lugar. Como diría el grupo español ‘El Sueño de Morfeo’, ella se había vuelto una ‘Ocupa de mi Corazón’.
Cuando llegó el lunes no había nada que pudiese contra mis planes. Era un tanque dispuesto a llevarme puesto todo lo que tenía en frente. Me había convertido en el hombre de acero de esta época.
Salí lo más rápido de la cama que pude y fui a trabajar con todos los ánimos arriba. Ya dentro de mi horario laboral, hice todo lo que tenía que hacer lo mejor que pude. La eficacia me desbordaba este día.
Escucharon alguna vez que las adivinadores o las personas que leen el tarot siempre dicen una frase sobre que las estrellas hacen conjunción para que un día en especial sea mejor o peor que otros. Bueno, si yo creyera en eso, debería decir que hoy los astros estaban a mi favor. Todo me salía de maravilla aunque yo lo atribuyo a mis energías positivas. Para suerte extra mía el gil de Miguel se enfermó hoy y no fue a trabajar, por tanto no había nadie que me obstaculizara el ser feliz. Por cierto hablando de obstáculos a Leticia no la vi todo el día, no sé en que parte andaba trabajando.
Mi labor del día fue gratamente supervisada por la jefa de personal en persona, ya que lo que realicé le incumbía directamente a ella. Terminado el trabajo de mañana me dejó entender que ella había proyectado terminar el trabajo en dos días según las últimas experiencias con Miguel a cargo, pero que gracias a mi productividad del día de hoy lo habíamos podido terminar en sólo medio día. Pensé que no había hecho nada extraordinario. Un buen punto sobre el gil ese. Le hice saber que sólo hacía lo mejor que podía. Luego me pediría que de tarde le ayude a hacer otro tanto de cosas. Acepté complacido por el buen trato de la jefa de personal. Incluso sorprendido, puesto que siempre había pensado que era otro tipo de persona. Un poco más estúpida por decirlo de una manera ligera. Supongo que debe haber sido la imagen que nos trataba de dibujar Miguel para que pasemos primero por él cuando necesitábamos algo de ella.
Pero antes de pasar a la segunda etapa del trabajo debía almorzar. Y en este lapso de tiempo tenía programado hablar con Verónica. Esperé a que salga a comer primero y luego la seguí manteniendo una distancia prudente para que no notase mi presencia. Cuando vi que se sentó en una de las mesas vacías del comedor me apresuré a sentarme a su lado. Fue tan repentina mi aproximación a ella que casi la mato de un susto. Igual, si bien es cierto debía ser algo seductor, mi experiencia previa con ella me indicaba que no tenía que ser tan sutil. Quedé muy junto a ella. Rozando pierna con pierna. Ella hizo el amague de alejarse un poco, pero se quedé pensando y volvió a mirarme. Me la quedé mirando fijamente a los ojos. Me preguntó de qué se trataba mi acercamiento y le respondí con otra pregunta “¿Acaso no puedo?”.
Era claro, ahora, ella dudaba de mí. Pero porqué el cambio de actitud para conmigo. A mí me parecía que había gato encerrado en todo esto, pero no iba a descansar hasta descubrir que sucedía. Ella me respondió que podía almorzar con ella, pero que le extrañaba la proximidad. Me disculpé sin dejar de ser pícaro y le dije que no me había dado cuenta, lo cual era obvio era una mentira ya que de haber estado más cerca me hubiese sentado sobre ella. Ella se sonrió, tiernamente dicho sea de paso. Siempre dije de no haber sido por Julia, Verónica me podría haber interesado. Pero como no suelo hablar sobre supuestos prefiero no ahondar en el tema. El punto en este momento pasa por que la forma que venía utilizando para acercármele venía dando resultado. Aunque es muy temprano para cantar victoria a decir verdad. Entonces me separé ligeramente de Verónica pero continué mirándola con la mejor cara de tipo seductor pero bueno. Es decir sin llegar a ser el casanovas, papel que no me caía, ni me gustó interpretar nunca.
Me preguntó como andaba Julia como tratando se sacarme algo y le respondí que no la había visto desde el incidente. Me dijo que le costaba el hecho de no tenerla cerca en el almuerzo, a lo que agregué que era algo a lo que me podía acostumbrar, finalmente aún estábamos los dos para almorzar juntos. En eso entró Leticia al comedor y se sorprendió por vernos ahí, pero no logró disimular son sonrisa retorcida de cuando consigue algún objetivo. Yo la logré conocer y estoy seguro de que planea algo. Ahora donde está metida durante la jornada laboral no logro entender. No me la encuentro nunca.
Continué mi conversación con Verónica haciendo como si no la hubiese sentido entrar. Verónica de hecho estaba tan entretenida conmigo tampoco se dio cuenta de la presencia de Leticia. Me comenzó a contar cosas sobre ella. Que había hecho en fin de semana. Que le encantaba la naturaleza y con el día hermoso que tuvimos aprovechó para salir al parque y disfrutar la lectura bajo la sombra de un árbol. Unos cuentos de Mario Benedetti habían sido su compañera de tarde. Y ya de noche había ido a tomar unos tragos con unos primos a un bar por su barrio, regresando temprano a casa. Había sido, principalmente, un fin de semana de relax, lejos del alboroto de los amigos. Esto me caía justo al pelo. Pues que mejor que una continuación al mismo estilo de lo que había sido de fin de semana.
La invité de noche a ir al cine a ver una película. Era necesario apartarle de ese hábitat. Y ella aceptó según mi conveniencia sin poner resistencia ninguna. Que voluble podía ser Verónica en realidad. Entonces luego de acordar ir al cine, de noche nos encontraríamos en el Punta Carretas Shopping en la puerta principal a las nueve en punto.
Terminado el almuerzo nos despedimos con un lento y tierno beso en la mejilla. Me quedó mirando entusiasmada y se despidió cinco veces antes de dejar el comedor. Una vez que se fue, sonreí para mis adentros sin olvidar que Leticia, disimuladamente, me clavaba la mirada a mis espaldas. Salí de ahí sin dirigirle la mirada y me puse nuevamente a las órdenes de la jefa de personal. Lo que siguió fue otra tarde productiva de trabajo en el que destaqué ante los ojos de la jefa de personal.
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