Me levanté temprano el domingo, era otro día y tenía otras ambiciones. Quizá podría decir que tenía otros estímulos para estar feliz. Por tanto podía pensar mejor. Por ende el cerebro carburaba nuevas ideas. Nuevos pensamiento y todos avocados a reconquistar a Julia.
Desperté con una idea fija. Para poder encontrar a Coti había dicho que debía enfrentar a Leticia y al gil de Miguel. La razón no era otra que hacer que Coti confiese delante de Julia lo que supuestamente había hecho. Como realizar eso, ni idea, ya me las arreglaría en ese momento. El único inconveniente es como llegar hasta ella, porque hasta ahora mis intentos por ubicarla habían sido todos nulos.
Entonces razoné. Quizá no era necesario ir directamente a tomar al toro por las astas. Como en el toreo, el torero no le clava la espada al toro al principio de la faena, sino que primero lo va desgastando hasta debilitarlo. Y cuando no le quedan muchas fuerzas le da la estocada final, llevándose de premio cola y rabo dependiendo del criterio del público.
Mi misión más próxima, entonces era debilitar al toro. Debía empezar por la parte externa. La parte más débil. Verónica. Así es, lo que empezaría a hacer desde el lunes cuando llegue al trabajo sería indisponer a Verónica contra ese par de idiotas y volverla nuevamente hacia mi lado. Ya tenía todo planeado. Pero para ello debería pedirle permiso a Julia. ¿Cómo hacerlo? Pues no creo que le agrade mucho que utilice a su supuesta amiga. Debería explicarle primero que Verónica estaba del lado de ellos y no más del nuestro, pero debía ser delicado al realizarlo.
Opté por una fórmula que casi nunca falla. Salí de la casa después de tomar un corto pero nutritivo desayuno. Ya en la calle me calcé los lentes de sol porque el sol en esta época del año ya empezaba a quemar la piel e incomodar en las pupilas. Me puse los audífonos y conecté la radio de mi celular. Sintonicé radio Futura, pues no quería sumergirme en el lado comercial de la música. Opté por nutrirme, en esta ocasión, de una cierta dosis de canciones con sentido. Y no es que tenga algo especial contra la música comercial, porque hay veces que me caen idóneas, sólo era el momento.
Continué mi camino con destino a la florería que había a dos cuadras de mi casa. No quise enviarle rosas aunque con ella ya me habían dado buen resultado. Quería variar y encontré unos girasoles que, la verdad, se veían muy hermosos. Encargué media docena de ellos para ser entregado en casa de Silvana, la tía de Julia. Los ataron formando un ramo bastante lindo. Le agregaron algunas nubes para otorgarle densidad al ramo y lo adornaron con una lámina plastificada muy delicada. Un lazo a un tercio de altura para darle un toque de distinción. Todo dentro de una caja de cartón con el logotipo de la florería. No era cualquier ramo. Estaba muy bien hecho. Pagué lo que tenía que pagar y antes de irme le di al muchacho que me atendió un sobre con una carta dentro. Me miró con cara de “eres un idiotita enamorado” pero no me hizo ningún comentario.
Esa carta la había escrito con mi puño y letra y con anticipación antes de salir de casa. En ella le explicaba a Julia lo que iba a realizar con respecto a Verónica y por qué lo hacía.
Desperté con una idea fija. Para poder encontrar a Coti había dicho que debía enfrentar a Leticia y al gil de Miguel. La razón no era otra que hacer que Coti confiese delante de Julia lo que supuestamente había hecho. Como realizar eso, ni idea, ya me las arreglaría en ese momento. El único inconveniente es como llegar hasta ella, porque hasta ahora mis intentos por ubicarla habían sido todos nulos.
Entonces razoné. Quizá no era necesario ir directamente a tomar al toro por las astas. Como en el toreo, el torero no le clava la espada al toro al principio de la faena, sino que primero lo va desgastando hasta debilitarlo. Y cuando no le quedan muchas fuerzas le da la estocada final, llevándose de premio cola y rabo dependiendo del criterio del público.
Mi misión más próxima, entonces era debilitar al toro. Debía empezar por la parte externa. La parte más débil. Verónica. Así es, lo que empezaría a hacer desde el lunes cuando llegue al trabajo sería indisponer a Verónica contra ese par de idiotas y volverla nuevamente hacia mi lado. Ya tenía todo planeado. Pero para ello debería pedirle permiso a Julia. ¿Cómo hacerlo? Pues no creo que le agrade mucho que utilice a su supuesta amiga. Debería explicarle primero que Verónica estaba del lado de ellos y no más del nuestro, pero debía ser delicado al realizarlo.
Opté por una fórmula que casi nunca falla. Salí de la casa después de tomar un corto pero nutritivo desayuno. Ya en la calle me calcé los lentes de sol porque el sol en esta época del año ya empezaba a quemar la piel e incomodar en las pupilas. Me puse los audífonos y conecté la radio de mi celular. Sintonicé radio Futura, pues no quería sumergirme en el lado comercial de la música. Opté por nutrirme, en esta ocasión, de una cierta dosis de canciones con sentido. Y no es que tenga algo especial contra la música comercial, porque hay veces que me caen idóneas, sólo era el momento.
Continué mi camino con destino a la florería que había a dos cuadras de mi casa. No quise enviarle rosas aunque con ella ya me habían dado buen resultado. Quería variar y encontré unos girasoles que, la verdad, se veían muy hermosos. Encargué media docena de ellos para ser entregado en casa de Silvana, la tía de Julia. Los ataron formando un ramo bastante lindo. Le agregaron algunas nubes para otorgarle densidad al ramo y lo adornaron con una lámina plastificada muy delicada. Un lazo a un tercio de altura para darle un toque de distinción. Todo dentro de una caja de cartón con el logotipo de la florería. No era cualquier ramo. Estaba muy bien hecho. Pagué lo que tenía que pagar y antes de irme le di al muchacho que me atendió un sobre con una carta dentro. Me miró con cara de “eres un idiotita enamorado” pero no me hizo ningún comentario.
Esa carta la había escrito con mi puño y letra y con anticipación antes de salir de casa. En ella le explicaba a Julia lo que iba a realizar con respecto a Verónica y por qué lo hacía.
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