viernes, 19 de noviembre de 2010

¿En que locura me metí?

Habiéndose dicho todo lo que debía decirse cada quién se fue por su lado. Incluidos Julia y yo. Ella entró en casa de su tía. Y yo salí de ahí en al auto de la policía. Pero no se asusten. Esta vez, ellos, se ofrecieron a llevarme a casa. No hubo más demostraciones de amor por parte de Julia, ni siquiera una caricia u otro beso en la mejilla. Había dejado claro que debía probarle lo que le había dicho para ser reconsiderado. Lo único malo es que no sabía como hacerlo.
Me había metido en un gran lío y eso no significa que no quisiera estar metido allí. Pues era la única forma de seguir luchando por reconquistar a Julia. Pero pensé que me sería un poco más fácil. No importa igual. Lo que es difícil de obtener es lo que más se aprecia y valora. En ese contexto decidí continuar.
Llegó el sábado y no se me ocurría la forma de demostrarle a Julia que todo había sido planeado. Estaba convencido que Leticia y el gil de Miguel no iban a confesar lo perpetrado. Eso estaba claro. La otra forma era hallar a Coti y convencerla de que le cuente todo a Julia. Pero, entonces una duda entró en mí. ¿Y si en realidad Coti no había sido contactada por este par de compinches? ¿Y si en realidad lo había hecho por su propia voluntad? Yo estaba asumiendo todo en realidad. Eso me dejaba mucho más entreverado. La clave aquí era Coti. Debía encontrarla, por lo que debería empezar a buscar. Pero por dónde comenzar a hacerlo. Esa era la interrogante.
No se me ocurrió mejor idea que comenzar por Tres Perros. El lugar donde se había originado el lío. Era probable que apareciera por ahí. Por mensaje de texto le comuniqué a Julia lo que tenía pensado hacer para evitar más confusiones; y no piense, que mientras a ella le digo que voy a reconquistarla, ella crea que me voy a divertirme a los boliches. Sólo recibí una escueta conformidad por parte de ella y un deseo de suerte. La notaba seca en sus respuestas, pero era previsible la situación. Al menos ahora ya me respondía.
Entonces esa noche de sábado a eso de la medianoche caí por Tres Perros. Tuve suerte que me dejaran entrar en el boliche en realidad, Los guardias de seguridad me hicieron prometerles que no iba a ser escándalo adentro y me advirtieron que si volvía a pasar lo de la otra noche me iban a sacar a patadas de allí. Fueron demasiado explícitos en sus expresiones y en verdad prefiero no reproducirlas. Como no tenía pensado armar disturbios ingresé tranquilo, no sin antes explicarles que era lo que buscaba. A coti. Ellos me miraron con cara de hijo de puta ventajero. Pero en realidad, a estos seres machistas les gustaron mis intenciones y hasta me desearon suerte en mi búsqueda ya que les parecía una chica más hermosa que la llorona de la otra noche. Al parecer Coti iba de vez en cuando a ese boliche, o mejor dicho solía ir continuamente hace algún tiempo. Pero últimamente se había alejado bastante y de hecho la última vez en que estuvo conmigo sorprendió con su visita después de dos meses. Esto no me alentó mucho pero igual entré quizá podía encontrar alguna pista de su paradero, el cual los guardias de seguridad no conocían.
Adentro, después de todo, no encontré tampoco mayor información sobre esta chica. Y miren que pregunté. Averigüé con los chicos de las barras. Con los mozos que estaban por irse. Incluso con alguna gente que reconocí de aquella noche. Pero nada, nadie me sabía dar razón de ella. Era como si la tierra se hubiese comido a Coti y a mis esperanzas de reconquistar a Julia con ella.
No tuve más escapatoria. Debía enfrentar directamente a los secuaces. El lunes debería ser el día. Mientras tanto, mañana domingo no podía desperdiciarlo.

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