Verónica se puso nerviosa al comienzo y luego simplemente se largó a llorar presa de la frustración y ansiedad contenidas. Por sus manos pasaba la oportunidad de cambiar mi concepto sobre ella, que presión debería sentir con tanta responsabilidad. Sí lo sé, en realidad no lo veo de esa forma, pero ella, dentro de sus prioridades, sí lo veía.
Debo decir que no es fácil. Al principio lo negó repetidas veces hasta que por fin decidió decirme la verdad. O mejor dicho, hasta que se vio acorralada. Le había mencionado lo que Leticia me comentó antes desafiante. Añadí un poco de sal y pimienta como para darle aderezo al asunto.
Verónica me suplicó que lo corte aquí. Que me detenga porque no se estaba sintiendo bien. Que no continúe porque podía sentirse peor por causa de su reciente ataque de estrés. Pero no podía detenerme, debía continuar ahora que la tenía contra las riendas.
Es cierto que me parecía hermosa e indefensa en este momento. Cualquier hombre habría tenido compasión por esta mujer frente al amor de su vida, el cual buscaba hacerla sentir mal, pero no yo. No, yo era un hombre enamorado de otra chica, de Julia y eso me hacía invulnerable.
Mi linda interlocutora ocasional paró de llorar unos instantes sólo para decirme que se sentía culpable. Que consideraba que estaba traicionando a su amiga. Le hice entender que en realidad no, que quien le debía estar traicionando era Leticia. Pues una amiga no presiona así a otra hacer algo con lo que no está de acuerdo. Por ende no era ella quien traicionaba sino esa persona a quien ella mal llamaba amiga.
“¿Qué te hizo Julia?”, le pregunté directamente.
“Nada”, dijo suavemente mientras dejaba atrás el sollozo que aparecía intermitente.
“¿Acaso no fue ella quien te abrió lo brazos para ser tu amiga?”, repregunté.
“Sí”, volvió a responder en corto.
“Entonces ¿por qué la traicionaste a ella? ¿Por qué dejas que Leticia te utilice a su antojo?”
“Porque ella me hizo lo que ahora soy”, me contestó vehemente dejándome callado.
Me explicó tras mi silencio que no siempre había sido así como ahora. Que antes era una de esas chicas a quien todo el mundo miraba raro por lo diferente que era a todos. Ningún chico se le acercaba. Junto a Leticia, cambió de imagen, de actitud y de vida. Ahora podía tener una vida normal. Algo que siempre había esperado y nunca se le había dado. Así que se lo debía.
“Pero no te das cuenta de que a veces es mejor dejar lo que te hace daño”, le comenté tratando de auto convencerme al mismo tiempo, “es como un amor que no te deja ser libre, que busca retenerte y te asfixia. Así, de ese modo no se puede ser feliz. Y tú no lo eres ahora. Por eso te pasó esto del ataque”, le mencioné refiriéndome a la reciente afección que había sufrido.
Me quedó mirando, meditando al mismo tiempo sobre lo que le había dicho, hasta que me preguntó “¿qué era lo que quería que hiciese entonces?”.
La induje para que diga la verdad. Le aconsejé que quería saberlo todo de sus propios labios antes que de los de otra persona, “No te calles nada”, le apuré.
Y comenzó. Al principio fue contándome algunas cosas que sólo iban confirmando mis sospechas iniciales. Su asociación junto a Leticia y el gil de Miguel aunque juró que le costó mucho traicionar a Julia porque en realidad la consideraba su amiga. Luego que la autora intelectual de lo que pasó en Tres Perros había sido sólo Leticia y que Miguel sólo había aceptado por su conveniencia. Ya que pensaba que podía así conseguir a Julia. Y que ella se había ido temprano justamente porque no podía traicionar a Julia.
Cuando llegamos a ese punto le pregunté por Coti. Si es que la conocía de antes y me dijo que tajantemente que no.
Eso me desanimó pues en realidad según como lo venía planeando tenía la esperanza de que la conocieran de antes y se lo comenté. Le conté que estaba más que interesado en hablar con ella. Le extrañó y me preguntó el por qué de ese interés. A lo cual respondí que era porque Coti era la clave para convencer a Julia de que lo que había visto era sólo un espejismo que no se asemejaba a la realidad.
Debo decir que no es fácil. Al principio lo negó repetidas veces hasta que por fin decidió decirme la verdad. O mejor dicho, hasta que se vio acorralada. Le había mencionado lo que Leticia me comentó antes desafiante. Añadí un poco de sal y pimienta como para darle aderezo al asunto.
Verónica me suplicó que lo corte aquí. Que me detenga porque no se estaba sintiendo bien. Que no continúe porque podía sentirse peor por causa de su reciente ataque de estrés. Pero no podía detenerme, debía continuar ahora que la tenía contra las riendas.
Es cierto que me parecía hermosa e indefensa en este momento. Cualquier hombre habría tenido compasión por esta mujer frente al amor de su vida, el cual buscaba hacerla sentir mal, pero no yo. No, yo era un hombre enamorado de otra chica, de Julia y eso me hacía invulnerable.
Mi linda interlocutora ocasional paró de llorar unos instantes sólo para decirme que se sentía culpable. Que consideraba que estaba traicionando a su amiga. Le hice entender que en realidad no, que quien le debía estar traicionando era Leticia. Pues una amiga no presiona así a otra hacer algo con lo que no está de acuerdo. Por ende no era ella quien traicionaba sino esa persona a quien ella mal llamaba amiga.
“¿Qué te hizo Julia?”, le pregunté directamente.
“Nada”, dijo suavemente mientras dejaba atrás el sollozo que aparecía intermitente.
“¿Acaso no fue ella quien te abrió lo brazos para ser tu amiga?”, repregunté.
“Sí”, volvió a responder en corto.
“Entonces ¿por qué la traicionaste a ella? ¿Por qué dejas que Leticia te utilice a su antojo?”
“Porque ella me hizo lo que ahora soy”, me contestó vehemente dejándome callado.
Me explicó tras mi silencio que no siempre había sido así como ahora. Que antes era una de esas chicas a quien todo el mundo miraba raro por lo diferente que era a todos. Ningún chico se le acercaba. Junto a Leticia, cambió de imagen, de actitud y de vida. Ahora podía tener una vida normal. Algo que siempre había esperado y nunca se le había dado. Así que se lo debía.
“Pero no te das cuenta de que a veces es mejor dejar lo que te hace daño”, le comenté tratando de auto convencerme al mismo tiempo, “es como un amor que no te deja ser libre, que busca retenerte y te asfixia. Así, de ese modo no se puede ser feliz. Y tú no lo eres ahora. Por eso te pasó esto del ataque”, le mencioné refiriéndome a la reciente afección que había sufrido.
Me quedó mirando, meditando al mismo tiempo sobre lo que le había dicho, hasta que me preguntó “¿qué era lo que quería que hiciese entonces?”.
La induje para que diga la verdad. Le aconsejé que quería saberlo todo de sus propios labios antes que de los de otra persona, “No te calles nada”, le apuré.
Y comenzó. Al principio fue contándome algunas cosas que sólo iban confirmando mis sospechas iniciales. Su asociación junto a Leticia y el gil de Miguel aunque juró que le costó mucho traicionar a Julia porque en realidad la consideraba su amiga. Luego que la autora intelectual de lo que pasó en Tres Perros había sido sólo Leticia y que Miguel sólo había aceptado por su conveniencia. Ya que pensaba que podía así conseguir a Julia. Y que ella se había ido temprano justamente porque no podía traicionar a Julia.
Cuando llegamos a ese punto le pregunté por Coti. Si es que la conocía de antes y me dijo que tajantemente que no.
Eso me desanimó pues en realidad según como lo venía planeando tenía la esperanza de que la conocieran de antes y se lo comenté. Le conté que estaba más que interesado en hablar con ella. Le extrañó y me preguntó el por qué de ese interés. A lo cual respondí que era porque Coti era la clave para convencer a Julia de que lo que había visto era sólo un espejismo que no se asemejaba a la realidad.
No hay comentarios:
Publicar un comentario