Ya de vuelta en el apartamento le pregunté a Coti si quería algo de tomar y me dijo que agua estaba bien. Le alcancé el agua y procedimos a sentarnos más relajados en el sillón. La conversación se reiniciaría tensa pero fluida a pesar de todo. Y digo a pesar de todo, pues por más que mi abuela con su monólogo perpetuo haya acaparado el grueso de la conversación soltando los nervios de un encuentro de naturaleza engorroso, las cosas habían vuelto a su cauce normal.
Empecé por explicarle porque no le había dicho quien era desde un principio pidiéndole las disculpas del caso. Ellas las aceptó sin hacerse de rogar, me parece que estaba más interesada en avanzar rápido hacia el grueso de mis intenciones. Pero se detuvo un momento en averiguar como había hecho para averiguar su oficio y algo más importante, cómo había conseguido su número de celular.
Le expliqué todo lo que me había costado conseguirlo. Le conté por donde había empezado a buscarla. Que me había enterado en un principio en el plan de Leticia y Miguel, cuáles habían sido sus intenciones y cómo, gracias a mi buena estrella, les habían salido mal todos los planes. Que luego armé un plan para averiguar más a fondo como había sucedido todo, esa noche y quienes habían sido los responsables. Le comenté también sobre mi estrategia de utilizar a Verónica para llegar hasta ella. De mi búsqueda infructuosa en Tres Perros y de cómo había podido quitarle a hurtadillas su número de celular a Verónica. No se lo diría nunca a Verónica, pero en ese momento a Coti sí le dije que creía que a Verónica la había enviado un ángel de vuelta desde su casa al boliche esa noche. No encontraba otra explicación, porque sin ella, no hubiese podido encontrar el paradero de Coti.
Luego de aclarado estos temas nos concentramos en el tema de fondo, la razón por la cual la había hecho llegar hasta mi casa con engaños: Julia. Primero me preguntó quién era Julia. Le respondí que era la chica más hermosa del planeta y a la cual amaba más que a nada en este mundo. Coti se quedó mirándome tiernamente, pero al quedármela observado en silencio con cara de sorprendido reaccionó para aclararme que la chica más linda era ella y que la verdad, esa chica tenía toda la suerte del mundo. Pues a ella le encantaría que algún hombre hablara así de ella también, a solas con otra mujer a la cual si sólo de lo pidiese podría acostarse con ella. “Pero en fin… continúa”, me señaló.
Me di cuenta que Coti no era completamente feliz aunque por fuera lo aparentase muy bien. Le seguí relatando lo que había sucedido en casa de Julia aquella noche de lluvia y cómo había logrado que me diese una oportunidad de aclarar las cosas, después de ese beso que había complicado la relación entre Julia y yo.
Coti me interrumpió para pedirme disculpas y me dijo que no era su intención. Yo le comenté que en realidad la entendía, era sólo su trabajo. Pero insistió en excusarse diciéndome que le parecía que nada podía justificar lo que había hecho y que nadie tenía el derecho de decidir sobre la vida de otra persona como lo había hecho el gil de Miguel. Aproveché en ese momento para colar información sobre su desfalco en el trabajo. Ella quedó sorprendida. Luego, recapacitando sobre aquél beso robado que me había encajado aquella noche en Tres Perros, culminó diciendo que no volvería a hacer algo así nunca más y no porque le acarreara problemas, sino porque no se sentiría bien consigo misma luego.
Finalmente le revelé que la única forma que encontré razonable para convencer a Julia de que yo sólo había sido la víctima, aquella noche, de toda una manipulación de momentos e imágenes. Que sólo había sido presa del destino ingrato. Y que esa forma a la que me refería era que Coti vaya a contarle todo a Julia.
Cómo era de esperarse, Coti, no se esperaba algo así. No pensó que mi solicitud llegaría de ese lado. Abrió los ojos de tal forma que llegué a pensar que se negaría por completo. Se quedó pensando y me preguntó si era la única forma que había hallado. Le respondí que sí y que si ella tenía una mejor proposición con gusto la escucharía. Bajó la cabeza y se quedó meditando unos segundos volviendo a la carga para preguntarme:
“¿De esa forma quedaríamos a mano?”.
Asentí con la cabeza en señal de afirmación con una expresión tal que denotaba mi desesperación. Y no era para menos, Coti, se había convertido en mi única salida. Lo pensó brevemente y me aseguró que estaba segura que luego se iba a arrepentir de hacer esto pero que si lo hacíamos ahora mismo y no en otro momento aceptaba. No saben la alegría inmensa que invadió mi corazón en ese instante. Por fin había conseguido lograr lo que hace unos días venía buscando con tanta ansia. Obviamente acepté su proposición, no sin antes saltar sobre ella para darle un abrazo interminable. Debo decir que se vio sorprendida por mi reacción, pero me siguió el juego. Esperó a que me cambie de ropa en mi habitación y en seguida partimos hacia la casa de Julia.
Empecé por explicarle porque no le había dicho quien era desde un principio pidiéndole las disculpas del caso. Ellas las aceptó sin hacerse de rogar, me parece que estaba más interesada en avanzar rápido hacia el grueso de mis intenciones. Pero se detuvo un momento en averiguar como había hecho para averiguar su oficio y algo más importante, cómo había conseguido su número de celular.
Le expliqué todo lo que me había costado conseguirlo. Le conté por donde había empezado a buscarla. Que me había enterado en un principio en el plan de Leticia y Miguel, cuáles habían sido sus intenciones y cómo, gracias a mi buena estrella, les habían salido mal todos los planes. Que luego armé un plan para averiguar más a fondo como había sucedido todo, esa noche y quienes habían sido los responsables. Le comenté también sobre mi estrategia de utilizar a Verónica para llegar hasta ella. De mi búsqueda infructuosa en Tres Perros y de cómo había podido quitarle a hurtadillas su número de celular a Verónica. No se lo diría nunca a Verónica, pero en ese momento a Coti sí le dije que creía que a Verónica la había enviado un ángel de vuelta desde su casa al boliche esa noche. No encontraba otra explicación, porque sin ella, no hubiese podido encontrar el paradero de Coti.
Luego de aclarado estos temas nos concentramos en el tema de fondo, la razón por la cual la había hecho llegar hasta mi casa con engaños: Julia. Primero me preguntó quién era Julia. Le respondí que era la chica más hermosa del planeta y a la cual amaba más que a nada en este mundo. Coti se quedó mirándome tiernamente, pero al quedármela observado en silencio con cara de sorprendido reaccionó para aclararme que la chica más linda era ella y que la verdad, esa chica tenía toda la suerte del mundo. Pues a ella le encantaría que algún hombre hablara así de ella también, a solas con otra mujer a la cual si sólo de lo pidiese podría acostarse con ella. “Pero en fin… continúa”, me señaló.
Me di cuenta que Coti no era completamente feliz aunque por fuera lo aparentase muy bien. Le seguí relatando lo que había sucedido en casa de Julia aquella noche de lluvia y cómo había logrado que me diese una oportunidad de aclarar las cosas, después de ese beso que había complicado la relación entre Julia y yo.
Coti me interrumpió para pedirme disculpas y me dijo que no era su intención. Yo le comenté que en realidad la entendía, era sólo su trabajo. Pero insistió en excusarse diciéndome que le parecía que nada podía justificar lo que había hecho y que nadie tenía el derecho de decidir sobre la vida de otra persona como lo había hecho el gil de Miguel. Aproveché en ese momento para colar información sobre su desfalco en el trabajo. Ella quedó sorprendida. Luego, recapacitando sobre aquél beso robado que me había encajado aquella noche en Tres Perros, culminó diciendo que no volvería a hacer algo así nunca más y no porque le acarreara problemas, sino porque no se sentiría bien consigo misma luego.
Finalmente le revelé que la única forma que encontré razonable para convencer a Julia de que yo sólo había sido la víctima, aquella noche, de toda una manipulación de momentos e imágenes. Que sólo había sido presa del destino ingrato. Y que esa forma a la que me refería era que Coti vaya a contarle todo a Julia.
Cómo era de esperarse, Coti, no se esperaba algo así. No pensó que mi solicitud llegaría de ese lado. Abrió los ojos de tal forma que llegué a pensar que se negaría por completo. Se quedó pensando y me preguntó si era la única forma que había hallado. Le respondí que sí y que si ella tenía una mejor proposición con gusto la escucharía. Bajó la cabeza y se quedó meditando unos segundos volviendo a la carga para preguntarme:
“¿De esa forma quedaríamos a mano?”.
Asentí con la cabeza en señal de afirmación con una expresión tal que denotaba mi desesperación. Y no era para menos, Coti, se había convertido en mi única salida. Lo pensó brevemente y me aseguró que estaba segura que luego se iba a arrepentir de hacer esto pero que si lo hacíamos ahora mismo y no en otro momento aceptaba. No saben la alegría inmensa que invadió mi corazón en ese instante. Por fin había conseguido lograr lo que hace unos días venía buscando con tanta ansia. Obviamente acepté su proposición, no sin antes saltar sobre ella para darle un abrazo interminable. Debo decir que se vio sorprendida por mi reacción, pero me siguió el juego. Esperó a que me cambie de ropa en mi habitación y en seguida partimos hacia la casa de Julia.
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