domingo, 5 de diciembre de 2010

Una gran intervención (Parte 1)

“Y yo que había llegado con la intención de hacerte olvidar lo del mail”, me dijo ya más tranquila, sin llantos o sollozos, Verónica.
De seguro comprenderán que la sorpresa me invadió por completo. ¿A qué mail se refería Verónica? ¿Sería algo importante sobre lo que debería preocuparme o quizá sería otra de esas boberías a las que nos tiene acostumbrado nuestra amiguita? Dejé que siga hablando puesto que siempre termina hablando de más. Aunque esta vez al parecer desde el inicio se dio cuenta de que había metido la pata. Se hizo la desentendida de inmediato por lo que no me quedó otra cosa que preguntarle a qué mail se refería. Me respondió que no me preocupase. Que ya me daría cuenta de que mail. Pero todo estos sólo provocó que me preocupe más de la cuenta. Hice el amague de encender la computadora pero me detuvo.
“¿Recuerdas la tarde que estuvimos paseando por la rambla?”, me preguntó.
Y claro con todas las cosas que me había contado se me había pasado este episodio que Leticia me lo había embarrado en la cara. Según lo que mi ex me había dicho, habían hecho planes para sacar algunas fotos de Verónica conmigo y me había amenazado con entregárselas a Julia.
Entonces Verónica empezó a relatarme sobre como Leticia la había manipulado para que en algún momento pasemos por la rambla frente a su casa para tomarnos fotos. En realidad ella, al recostarse sobre mi hombro había intentado esconderse, pero había resultado peor. Eso le daba más rabia ya que a Leticia siempre le sale bien todo y a ella no. La contuve para que no derramara nuevamente lágrimas. Ya hasta cierto punto me sabían a lágrimas de cocodrilo. Igual, sean así o no, eran incómodas teniéndolas ahí.
Lo que me contó me apuró a revisar mi mail. Me interesaba saber de que se trataba dicho mail que había impulsado a Verónica a tomar acciones. Encendí la computadora y abrí mi correo, cuidándome claro de que mi acompañante no viese mi contraseña. Podía ser demasiado peligroso a estas alturas.
Abrí el correo que había enviado Leticia. Pero yo no era el destinatario principal. Sólo me copiaba a mí como a Verónica. La principal destinataria era indiscutiblemente Julia. Por lo que se leía en el mail Leticia no había escatimado en sus artes llenas de malicia. No, tampoco había colocado alguna pizca de sutileza. Más bien había sido muy directa y con intenciones de herir. Pero no una herida superficial, no. Sino una herida letal.
El mail era muy claro: “Mira perrita estrecha, te crees que eres muy inteligente y que eres la mejor de todas con esa pose de virgen que tienes, pero mira lo que hace el tipo por el que te mueres. Él me dejó a mí y tú no serás la excepción sólo por hacerte la linda. Te suplantó rápidamente y por tu mejor amiga, se ve que no significaste nada en su vida. ¿Y ahora? Sólo échate a llorar. Jajajaja”.
Luego venían las fotos en donde salía Verónica muy acaramelada junto a mí. Debo confesar que las fotos eran buenísimas. Se notaba que Leticia había tomado la cámara profesional de su padre. Estaban tomadas de lejos y con muy buena definición. Además el enfoque y el cuadro. Todo ideal para hacer pensar a cualquiera que entre Verónica y yo existía un idilio.
Cabe acotar que Leticia en algún momento, cuando estuvo conmigo, siguió un curso de fotografía profesional como pasatiempo. Incluso sus prácticas las realizaba conmigo tomándome como modelo. Al parecer las fotos le excitaban porque luego venían largas sesiones de sexo. Era muy buena en eso. En las fotos digo.
Lo primero que hice fue llamar a Julia por celular. Al contestarme la noté afectada como era de esperarse. Le pregunté si había leído ‘el mail’ y me contestó secamente que sí. Me preocupé en serio por su actitud al teléfono y me tranquilizó diciéndome: “Diego, sigue tranquilo. Sabes bien que me avisaste antes lo que ibas a hacer y que estoy confiando en ti. Preocúpate de demostrarme con certeza que no fue tu culpa. Sólo espero que no desvíes tu atención de ello y que no beses a nadie más. Sino allí se acaba todo”.
Fue severa pero vertical. Fue concisa pero logró administrar la información lo mejor posible. No me premió por las fotos pero tampoco me sentenció a la horca. Podríamos decir que fue consecuente con lo prometido aunque me dio a entender que mis plazos se estaban venciendo.

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