domingo, 12 de diciembre de 2010

En busca de contratos

Mi vida era un torbellino de sensaciones y sentimientos. Las emociones iban y venían de un lado a otro en un vaivén interminable. Esa tarde al revisar los documentos que nos interesaban nos dimos cuenta, algunos compañeros que había juntado para poner orden en ese archivo y yo, que el noventa y ocho por ciento de los contratos eran falsos. Que existía una cuenta única en el banco en la que iba depositarse el sueldo de esos supuestos funcionarios en la empresa. Al ser, la nuestra, una empresa grande en su número de empleados, quince empleados de más o de menos no se notaban. Entonces el gil de Miguel, que no era tan gil como yo pensaba, había estado cobrando más dinero de la cuenta. El tema era saber quien más podía estar implicado. Enviamos copias de documentos, contratos, vouchers, etc., al banco y a la policía para ser investigados.
Esa tarde Leticia tampoco volvió a trabajar. Lo que se supo fue que la policía se llevó también cuando estaba haciendo los mandados que la jefa de personal le había encargado.
Igual, el tiempo, esa tarde fue mezquino con nosotros y no nos alcanzó para terminar el trabajo. Hicimos lo mejor posible, pero la confusión era tal que necesitaríamos días para dejar todo en orden. Le sugerí a la jefa de personal que si quería solucionar las cosas con prontitud deberíamos hacer horas extras algunos cuantos. Pero me dijo que no había apuro y que prefería que las cosas se hicieran lentas pero bien. Igual el mal ya estaba causado y las grandes empresas se suelen levantar de estos malos menores.
Al terminar la jornada laboral me fui de ahí directo a mi casa. Ya en ella tomé el celular y busqué en el directorio el número de Coti. Dudé de cómo encarar las cosas, pero al final me decidí. Le hice timbrar el celular, pero me arrepentí cuando reconocí su voz por el auricular. Le colgué. Los nervios me consumían, sabía que no tenía mucha oportunidad con ella y tenía sólo dos caminos. El de decirle la verdad o acercármele con engaños. Cualquiera de ellos riesgosos, debido a que si le decía directamente quien era podía no contestarme más y perder su rastro para siempre. Si le mentía podía desconfiar aún más de mí y también desaparecería. ¡Que indecisión!
Me armé de valor una vez más y le llamé de vuelta. Esta vez no colgaría y así lo hice. Tal como lo decidí. Me contestó con un provocador hola. Luego siguió la pregunta de qué era lo que precisaba…
Había tomado la decisión de mentirle. Tomé el personaje de cliente interesado. Le indiqué que un amigo medio cercano me había compartido su número y que estaba interesado en contratar sus servicios. Indagó sobre que clase de servicio era el que tenía en mente y le comenté que no era muy exigente, sólo quería a una chica linda y que lo hiciera bien. Me dio las gracias y me pidió que se las diese a mi amigo por lo de linda. Finalmente me preguntó para cuándo quería contratar sus servicios. Le comenté que para esta noche. Me señaló que lamentablemente esta noche no iba a poder. Que estaba comprometida esta noche, pero que si estaba de acuerdo, mañana de noche estaba libre. Me pareció demasiado largo esperar hasta la noche siguiente para verla y concluir con mi ‘misión imposible’, pero no me quedó otra más que esperar. Colgamos el teléfono y nos comprometimos para la noche de siguiente. Le di mi dirección y el celular ya lo tenía por si no encontraba la dirección. Al final, no era como yo lo había esperado pero estaba todo arreglado.
Me dediqué, luego de cortar la llamada, a prepararme algo de cenar. Revisé mi heladera y además de helado y cervezas frías no había mucho más. Así que tuve que salir al supermercado a buscarme algo de comer. No tenía muchas ganas de cocinarme con el cansancio del trajín del día así que lo más probable es que compre algo hecho en la rotisería o algo precocido en todo caso.
Fui hasta el supermercado a la vuelta de mi casa y no encontré nada que satisfaga mi apetito o mis ganas de esta noche. Me fui al almacén de la esquina pero tampoco encontré nada ideal. Así que tuve que irme más lejos al supermercado Disco que siempre tenía una sección variada en su rotisería y allí sí encontré unos niños envueltos que tenían muy buena pinta. Eso saciaría mi hambre, en casa ya tenía cerveza o gaseosa para beber y saciar la sed. Cuando estaba en la caja me llamó mi abuela para avisarme que estaba afuera de mi edificio. Que habían venido de visita sorpresa. Por un momento pensé que por suerte no había quedado hoy con Coti sino la que se me armaba con mis abuelos, no porque me regañaran sino que iba a tener que disfrazarla como una amiga y se me complicaría la situación con ella y la obtención de información.
Hubo un problema con mi tarjeta de crédito que impidió que saliese rápido de la caja. Entre el ir y venir de un lado a otro me había tomado poco más de una hora fuera de casa. Cuando estaba a punto de salir del supermercado me volvió a sonar el celular. Era nuevamente mi abuela.
“Hola mi hijo”, saludó cariñosamente, “¿demorarás mucho?”.
“No, mira que..”, intenté explicarle que ya estaba saliendo para allá.
Pero me interrumpió para contarme que estaba con una amiga mía allí que también había llegado de visita. Rápidamente pensé en Julia o en la loca de Verónica. Pero a esta última no la conocía mi abuela, así que debía ser indudablemente Julia. Últimamente no había frecuentado a más mujeres como para que vayan a visitarme sin previo aviso.
“Espera que ya te paso con ella así le hablas”, continuó mi abuela tan inocente.
“Hola Diego, Soy Coti…”.

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