miércoles, 29 de diciembre de 2010

Epílogo

¿Que qué pasó luego? Les contaré. Cuando terminamos de besarnos Julia y yo, Coti ya había desaparecido. Así de la nada se esfumó y no nos pudimos despedir. Nunca más la volvimos a ver. Intentamos llamarla luego para agradecerle lo que había hecho por nosotros, pero al parecer cambió de número o no nos quiso contestar más. No hubo forma de ubicarla y cual ángel que llega, hace su buena acción y se va, se marchó.
Entramos a casa agradeciéndoles a todos el aguante que nos tuvieron. Una mezcla de timidez y euforia nos invadía. Dentro nos esperaban los tíos de Julia. Silvana, la tía, preparó la mesa como la ocasión ameritaba. Esto se había vuelto como el regreso de hijo pródigo. En realidad la tía estaba encantada porque sabía que yo, modestia aparte, era un buen chico y que le hacía mucho bien a su sobrina. El tío peruano por cierto se preparó un plato de su país llamado cebiche en base a pescado y limón. Delicioso. Luego prosiguió la cena en base a pollo. No fue nada fuera de lo común y para terminar brindamos con algunas copas de Pisco Sour que también preparó el tío. La familia de Julia quedó feliz en su casa, pero Julia y yo nos fuimos a la mía después de agradecer el agasajo. No voy a contar lo que sucedió en mi apartamento con mi amor. Lo dejo a su imaginación.
Al día siguiente de regreso al trabajo fui a conversar con la jefa de personal, la cual con un respectivo aumento de salario y demás responsabilidades, me ofreció un puesto bastante atractivo, el cual, debía ser loco para rechazar. Así que, entonces, mi labor en el descubrimiento del caso de Miguel fue una catapulta para subir de golpe algunos escalones en mi ascendente carrera profesional. La cual, dicho se de paso, seguiría viento en popa hasta en algún momento llegar a ser directivo de la empresa a través de los años. Incluso logré convencer, a corto plazo, a la jefa de personal de que no podíamos prescindir de Julia en la empresa. Al corto tiempo Julia se reincorporaría nuevamente al puesto administrativo que había venido desarrollando antes de renunciar. El tiempo me daría la razón, pues, la labor de Julia fue más que destacable, ascendiendo peldaños, de igual forma, por su rama.
En cuanto a Leticia. Renunció a los pocos días convencida, o inducida debía decir, por la jefa de personal. Las pericias policiales determinaron que ella sólo había seguido órdenes y que no había tenido nada que ver con la planeación del desfalco planeado por el gil de Miguel. Sólo la ambición y la codicia habían terminado hundiendo a Leticia. Para aclarar un poco. Miguel le daba un dinero extra para seguir sus órdenes a cabalidad y sin hacer preguntas. Ella, tentada por el dinero, así lo hizo y casi se ve involucrada en un fraude de magnitudes. En cuanto a mí y a Julia, lo hizo sólo por vengarse del desplante que yo le había causado cuando terminamos nuestra relación. Que irónico, no se acordó nunca de los cuernos que me había plantado antes. Igualmente a Leticia, la mayoría de los compañeros de trabajo más cercanos a Miguel, se vieron involucrados del mismo modo, pero también terminaron liberados de toda pesquisa. Pues se comprobó que el único autor intelectual y ejecutor del timo fue Miguel, comprometiendo a más gente, pero sin darles conocimiento de los hechos.
En cuanto al gil de Miguel tuvo que pasar una larga temporada en la cárcel. Sé que adentro, debido a su personalidad, sufriría un tanto. Cuando salió de prisión, después de dos solicitudes rechazadas por buena conducta, le fue complicado conseguir trabajo, pero finalmente lo logró obteniendo un puesto como reponedor de productos en un supermercado. Sé, extraoficialmente, que no se aguantó en esa posición y que por sus méritos y artimañas pudo escalar posiciones hasta llegar a cargos altos en ese supermercado. Luego sería denunciado también a la policía por delinquir en perjuicio del supermercado. No sé bien con que cargos, pero si conocemos su pasado, podríamos perfectamente imaginar su futuro.
Recuerdan a Verónica. Pues ella continuó en lo suyo. No cambió para nada aunque logró darse cuenta que nunca pasaría nada entre ella y yo. De todos modos fue feliz con la relación que mantuvimos Julia y yo. Creo que era la más feliz de todos. Cierto día se apareció con un novio que la vino a dejar a la puerta. El tipo tenía el estilo de los sadomasoquistas, vestido con cuero y cadenas, fornido y de casi dos metros parecía duplicar en volumen a la pequeña Verónica. Ella fue feliz con él mientras duró el amor. Luego de un tiempo cambió de trabajo y le perdimos el rastro.
En cuanto a Julia y a mí, seguimos juntos. Nos casamos al año y medio de estos hechos. A nuestra boda llegaron todos nuestros conocidos y amigos más queridos. Fue una boda sencilla pero llena de amor. Nuestra vida de casados es común, pero no rutinaria. Tenemos todo lo que queremos y a veces discutimos pero sólo porque las reconciliaciones son lo mejor que hay. Un nene varón ilumina hoy nuestros días. Que más les puedo decir. Conocí a Julia, me enamoré con sólo verla, la conquista, la perdí y la reconquisté para no dejarla ir nunca más. Soy feliz y espero que ustedes por mí.

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