lunes, 20 de diciembre de 2010

Noticias en el Taxi

Al bajar del edificio tomamos el primer taxi que hubo disponible. Pero mientras esperamos se me notaba ansioso y los cinco minutos que tuvimos que esperar por un taxi se hicieron interminables. Coti intentó tranquilizarme haciéndome saber, mientras aguardábamos, que sólo habían transcurrido unos pocos minutos. Le di la razón pues debía estar calmo para lo que se venía. Le agradecí. Cuando por fin se apareció un taxi, que para variar no se apareció tan raudo como uno lo necesita, nos embarcamos rumbo a la casa de Julia.
“¿Dónde estaba?”, le pregunté al taxista al subir.
El chofer me miró con mirada de complacencia pensando que me quería lucir delante de mi novia. Sonrió y me preguntó el destino. Le respondí con la dirección de Julia y partimos.
Coti me aconsejó que me calme un poco y me preguntó si quería una pastilla para calmar los nervios. Le agradecí pero le dije que no, aunque me parece que no hubiese sido mala idea.
Mientras íbamos en camino pensaba en si no era muy tarde para llegar a casa de la tía de Julia. Silvana, su tía, solía ser muy comprensiva y tolerante pero uno nunca sabe como puede reaccionar cualquier persona ante diferentes estímulos. En fin, quizá me estaba revolviendo la cabeza sin tener de que preocuparme, pero la presión caía encima mío como si estuviese en el fondo del mar. Y cómo no estuviese ya suficientemente alterada recibí una llamada que añadiría un poco de sazón a este jaleo.
Contesté mi celular por el propio impulso que el timbre provoca sobre los músculos tensos por lo nervios. Era la jefa de personal. En un principio pensé lo pero. A lo mejor de alguna manera me habían relacionado con el gil de Miguel cuando yo no tenía nada que ver, pero lo descarté pues quién debería estarme visitando hubiese sido la policía y no recibir una llamada de la jefa de personal. En seguida dudé con haber hecho correctamente el trabajo, quizá llamaba para decirme que estaba todo mal, pero lo puse en duda porque personalmente me había preocupado por revisar varias veces el trabajo realizado. Alguna expresión extraña debo de haber puesto en ese momento porque incluso Julia se preocupó con la llamada llegando a preguntarme si estaba todo bien.
La jefa de personal primero me saludó y luego se disculpó por llamarme fuera del horario laboral. Pero ella aún se encontraba en la empresa y estaba revisando todo lo que yo había investigado en estos días. Como es mi estilo me encargué de pensar que era lo segundo que había pensado hace segundos atrás. Debía haber algo más sino por qué me estaría llamando. La dejé continuar sin meterme en su hasta ahora monólogo y me expresó que no quería dejar de pasar en ese momento, con lo sorprendida que estaba de mi eficiencia y lo orgullosa que estaba de tenerme en la empresa, brindarme unas verdaderas felicitaciones.
Respiré hondo. En realidad eran buenas noticias y menos mal porque algo más dentro del caos que me rodeaba hubiese llegado a ser infartante.
“Me deja sin palabras”, le transmití.
Me dijo que lo entendía y me explicó que por lo que había podido revisar el trabajo de Miguel para encubrir su fraude era casi perfecto y que el responsable de que no haya resultado perfecto era únicamente yo. Me sentí alagado sin duda y como dije antes, sin palabras. Continuó manifestándome de que estaba satisfecha con mi labor y que como toda acción tiene una reacción, mi buen accionar iba a ser recompensado con un ascenso. Me preguntó si me gustaría ocupar la posición que tenía Miguel con algunas responsabilidades adicionales y obviamente con un incremento salarial importante. Hubiese querido tener más detalles en ese momento, pero sabía que era prudente esperar y no pude decir que no. Antes de despedirse, me pidió que pase temprano por su oficina para ultimar detalles. Acepté y nos despedimos.
Ahora la sonrisa que tenía era inmensa de oreja a oreja. No me lo esperaba en realidad, me sentía satisfecho y orgulloso de mí mismo. Sin duda no era para menos. Pero como el tiempo es tirano, no tuve mucho tiempo de disfrutar este logro personal y profesional. Tendría que postergar los festejos, algo más importante me precisaba de toda mi atención. Habíamos llegado a destino junto a Coti, a quien por cierto, no comenté nada de lo que conversé telefónicamente. Pagué el taxi mientras Coti bajaba primero por la puerta de su lado. Cuando descendí del taxi, ella ya se había adelantado y estaba frente a casa de Silvana, la tía de Julia, enfrentándola desafiante. Mientras el taxi se retiraba quedé detrás de ella emulando su postura. Era hora de la verdad.

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