martes, 28 de diciembre de 2010

La hora D (Parte 2)

Lo que vino fue bastante compulsivo. Su tía nunca entró nuevamente a la casa. Algunos vecinos que habían presenciado mi show bajo la lluvia de hace unos días atrás en esa misma fachada se detuvieron esperando el segundo capítulo. Esta vez no gritaba pues tenía a Julia a mi lado. De igual modo intentaban de lejos leernos los labios. Coti se encontraba detrás de Julia, a una distancia prudente, de pie esperando su turno para intervenir.
Julia desde que llegó había reconocido a Coti y sabía que era la hora. Por eso había asumido esa actitud expectante, la cual me desconcertaba. Era el responsable de todo ahora y era irónico saber que había sido capaz de descubrir un fraude de la manera más loable y no era capaz de comenzar a defender mi inocencia ante un ser amado.
“¿Entonces?”, preguntó Julia dirigiéndose a mí.
Me había quedado inmóvil de los nervios. El silencio se prolongó sólo por unos segundos pero a mí me parecía una eternidad y no encontraba en mi interior las fuerzas para arrancar. Era una lucha de poderes en mi interior. Una parte de mí quería salir huyendo y despojarme de una vez de todos lo líos y la otra parte sabía que debía quedarse porque superado este escollo se impondría la felicidad.
Al verme tan congelado, Coti, intervino en mi ayuda. Se presentó ante Julia. Le estiró la mano para saludarla, pero Julia no le devolvió el saludo. Coti retiró su mano herida en su amor propio. No le había gustado el gesto, pero sabía que era lógico que sucediese algo así, aunque no se lo hubiese visto venir.
“Bien, digo esto y me voy”, comenzó a decir Coti.
Sabía que debía intervenir, pero preferí dejar que las cosas se encausen y volver a tentar a mi suerte que tantas veces me había ayudado.
Coti le señaló a Julia que suponía que sabía quien era y que hacía ahí y comenzó a explicar todo lo que había sucedido esa noche. De cómo la habían contactado el gil de Miguel y Leticia, de cómo habían sido los planes, de cómo no salieron en un principio por culpa de mía, de cómo tuve que esforzarme para seducirme y no lo logró porque yo estaba enamorado de Julia, de cómo la habían presionado para que finalice su trabajo sellando aquél beso y de cómo no lo había querido hacer debido a que estaba segura que un hombre como yo no se merecía un castigo de esos.
“¿Y tú quieres que te creas?”, preguntó Julia.
“Deberías”, respondió Coti y señalándome agregó, “ese chico que esta allí se lo merece y por lo que veo tú te mereces un chico como él”.
Julia me miró y sintió que empezaba a revivir los recuerdos de aquella noche. Sintió que la herida no estaba cerrada del todo y que en el fondo, siempre había intentado negárselo, necesitaba este momento. Silvana tenía un rostro de preocupación y se mantenía expectante.
“¿Y por qué lo hiciste si sabías que podías causar mucho daño?”, volvió a la carga Julia como buscando un culpable a quien ajusticiar.
Era mucho más fácil para ella, cuando el culpable era yo. Era sencillo castigarme a mí. Ahora que sabía que yo era inocente, no entendía que había podido hacer ella para merecerse una vida tan sentimentalmente complicada. No comprendía como el mundo podía ser tan perverso y dañino, y como el destino se había empecinado con ella. Se preguntaba si acaso a Cupido no le habían alcanzado su nombre o la ubicación de su corazón.
“Es muy fácil para mí porque nunca había sentido el amor”, se justificó Coti
“Claro, por tu trabajito”, trató de castigarla Julia en busca de venganza.
Coti no se sintió muy afectada. Estaba algo acostumbrada a actitudes despectivas. Pero quedó en silencio. Luego le dijoseveramente:
“Mira niña, yo no tengo por qué soportar tus engreimientos. Todos sufrimos a nuestro estilo y manejamos nuestros propios problemas, si yo estoy aquí es porque creo que ese chico que tienes allí es lo mejor que le podría pasar a cualquier mujer. Él esta muy enamorado de ti y si no lo quieres avísame porque me lo llevaría yo si él quisiera”.
Estiré los brazos hacia Julia pero levantó una mano para indicarme que me detenga. Se tranquilizó un poco. Le pidió perdón a Coti con leve “disculpa” y luego mirándome a mí me preguntó:
“¿Crees que puedes venir aquí, acompañado de una prostituta para que te defienda, y pretender que yo te perdone para que todo siga en la normalidad en que vivíamos?”.

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