viernes, 15 de octubre de 2010

La mañana siguiente

Como comprenderán pasamos toda la noche sobre esa manta y cubiertos con unos acolchados que inteligentemente, Julia, se había preocupado por llevar. Tomamos un vino después de amarnos y permanecimos abrazados hasta dormirnos. Nos quedamos allí hasta el amanecer con una sonrisa en los labios.
Los primeros rayos del sol nos encontraron a mi despierto contemplando a Julia y a ella despertando dándose cuenta de que ya llevaba algún tiempo observándola de cerca. Nos sentamos disfrutando del alba. Hasta que Julia reaccionó y saltó de donde estábamos al ver el reloj. Debíamos regresar hacia las casas para irnos al trabajo. Era viernes, yo había faltado toda la semana y la verdad podía faltar un día más supongo sin problemas, pero ella no. Por cierto ahora que ya estaba estabilizado emocionalmente no sé como iba a justificar esos cuatro días que falté al trabajo. Bueno de eso me preocuparía luego. Ahora estaba primero el poder llegar a tiempo al trabajo. Yo había decidido ir porque no sé si mi ansiedad me iba permitir quedarme todo el día sin ver a Julia. Al menos durante la jornada de trabajo podía cruzármela de a ratos.
Metimos como pudimos las cosas en el suelo a la valija del auto nuevamente y partimos para la ciudad. Julia me dio las llaves para que maneje yo. Lo hice lo más rápido y prudente que se me posibilitó. Encendí la radio para escuchar un poco de música. Esta vez las canciones me dejaban con un mejor sabor de boca que cuando íbamos en sentido contrario. Incluso me pareció que había canciones más amenas ahora sonando en la radio. Julia aferrada a mi brazo nos contemplaba por el retrovisor con cara enamorada. Su emoción brotaba por sus poros dejando una fragancia a día perfecto. El sol de la mañana ser tornaba cada vez más intenso, hoy era un día para ser feliz.
Llegamos a mi apartamento y entramos muy apurados. Ella traía ropa consigo, la cual también la sacó de la valija del auto. Debo decir que había tenido todo muy planeado con una confianza tal de recuperarme que me dejaba sorprendido y me causaba admiración.
Cuando entramos al apartamento fue directo al baño y me preguntó si no estaba mal que tomase una ducha en mi apartamento. Le dije por supuesto que no y quise ser algo pícaro al sugerirle si no quería que la acompañase. Pero, Julia, siempre me sorprende. Me miró con sus ojos claros inmensos y cómplicemente me señaló que no esperaba menos de mí. Que desde ahora era mi obligación bañarme junto a ella.
“Mi novio no sólo debe hacerme feliz, debe darme lo que quiero”.
Diciendo eso se desnudó en el baño frente a mí sensualmente, me dio la espalda y se metió en la ducha. No pasaron ni dos segundos y ya estaba junto a ella, besándola, debajo de la ducha. Igual debimos darnos prisa porque teníamos que llegar a tiempo al trabajo. Después de unas fugaces caricias partimos para el trabajo en el auto de la tía de Julia.
Conmigo al volante llegamos bastante en hora al trabajo, juntos y de la mano. Sin miedo al que dirán bajamos del auto que quedó estacionado en el estacionamiento de la empresa. Ni bien nos bajamos, como aún quedaban algunos minutos para entrar, fuimos caminando a paso lento para relajarnos un poco por la agitación que causo el apuro por llegar temprano a laborar. Nos tomamos de la mano, como había adelantado, y entramos así en la empresa.
Las primeras miradas con las que nos cruzamos fueron de sorpresa. La mayoría de compañeros nos felicitó y nos deseó lo mejor. Otros nos indicaban que lo teníamos bien escondidito y la verdad que no se equivocaban. Mi falta al trabajo por unos días pasó desaperciba con las buenas nuevas. Con quienes nos íbamos encontrando nos iban manifestando lo bien que nos veíamos juntos, nos preguntaban como así habíamos terminado juntos. Les intrigaba tal situación debido a que yo llevaba ya un cierto tiempo dentro de la empresa y ella acababa de entrar hace poco. Además al parecer era casi vox-pópuli, nosotros no nos habíamos dado cuenta, que ella era pretendida por Miguel y yo por Verónica.
Fuimos explicando algunos detalles pero sin profundizar mucho debido a que debíamos aún cuidar la integridad de la avezada Verónica. Y hablando justo de ella, nos vinimos a topar con su presencia.
Pensamos que quizá no le caería muy bien vernos juntos. Sin embargo, vimos sinceridad en sus ojos cuando nos abrazó y nos deseó la mejor de las suertes. Sigo pensando que Verónica es medio extraña, pero que en el fondo es buena persona. Nunca sabemos cómo puede reaccionar, aunque eso puede porque siempre esperamos lo peor de ella.
Quien sí se sorprendió totalmente y ni siquiera nos dirigió la palabra fue el gil de Miguel. Que tipo más idiota. Cuando entraba vio una aglomeración alrededor nuestro y se interesó en saber qué pasaba. Después de preguntar terminó por enterarse cuál era la nueva noticia del día. Me parece que se sintió burlado y lo único que atinó a hacer es irse rumbo a su escritorio, avisándome a los gritos desde lejos, que luego pasara con la justificación de mis faltas recientes por, según él, su despacho.
La gente notó cierta molestia en sus palabras y terminó por dispersarse. Julia me miró con cara de preocupación y yo la tranquilicé diciéndole que lo tenía todo controlado. Aunque la verdad no sabía que excusa darle. Al parecer me esperaba una mañana no tan ideal como había empezado.

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