A eso de las dos y media de la madrugada mi celular, apagado por cierto, registró cuatro llamadas perdidas sin que yo me diese cuenta. Había sido Julia.
Por qué estaba apagado, no lo sé con certeza, pero supongo que debió ser cuando se lo presté a Esteban para que envíe un sms a una chica que según él había visto en el boliche. Me hizo la historia de que era una ex de quien se había separado recientemente porque decía que no salía mucho y ahora estaba en el boliche de turno. Quería saber si le mentía o no si le mandaba un mensaje desde un número que ella no conocía. Pero ni siquiera le respondió. Dicho sea de paso, no tenía mucha lógica, pero nada en ellos lo tenía por así decirlo. Cuando Esteban me devolvió el celular tenía a Tomás del otro lado brindando con euforia e incitándome a tomar más y más. Esteban me dijo que para no interrumpir me metía el celular en el bolsillo del pantalón y luego ni lo revisé. Por ende no me di cuenta si me lo habían devuelto apagado.
Julia, por su lado, a eso de las dos y media sintió que me extrañaba y quiso conversar conmigo y preguntarme como me iba a mí. Yo la extrañé toda la noche para ser franco, pero no quise molestarla. Ya saben como son las mujeres, a veces, hay que dejarse extrañar. Pero eso no quiere decir que si me llamaba no le iba a responder. En fin, el hecho es que me llamó y mi celular estaba apagado. Influenciada por Leticia y sus amigas decidió apagar el suyo también. Le dolió que haya apagado el celular. Julia pensó que lo había hecho a propósito. En realidad lo pensó después de que sus amigas le metieron esas ideas a la cabeza porque lo primero que pensó es que me había quedado sin batería. Pero cuando le preguntaron si me pasaba siempre, ella, recordó que siempre mantenía mi celular conectado con el cargador para que justamente no me pasen esas cosas. “Por ende”, sugirió Leticia, “apaga el celular”.
Esto último hizo que Verónica haga clic y se de cuenta que Leticia planeaba algo. Por cierto en toda la noche ellas dos no habían conversado mucho. Había permanecido más al lado de Julia y las otras chicas que con su amiga de siempre Leticia. Era extraño pero parecía que la había estado evitando, pero no podía afirmarlo. Igual, prefirió observar mejor el panorama para no cometer un error de apreciación, quizá sólo estaba influenciada por lo que yo le había dicho de mañana el viernes en el trabajo.
Leticia y las otras chicas le convidaron más tragos a Julia porque había quedado algo conmovida con mi supuesta actitud. Le dijeron que de seguro yo me estaba divirtiendo de lo lindo con alguna chica, así que ella merecía divertirse también. Ideas muy fuertes para una primera salida por separado. Julia se dejó llevar y decidió tomar más de la cuenta. Finalmente estaba rodeada de amigas para que la cuiden de los depredadores de paso en los boliches.
En cierto momento a eso de las cuatro de la mañana decidimos salir de la Ciudad Vieja e irnos hacia Pocitos. Destino siguiente: Tres Perros. Allí se encontraban, ya, las chicas y se supone que nosotros no lo sabíamos. Digo se supone, porque lo más probable es que haya existido una comunicación previa, o un plan hecho con anterioridad, para que los dos grupos se encuentren “por casualidad” en tres perros. Como sea que haya sido, los adversos hechos se sucedieron como los contaré a continuación.
Este local, Tres Perros, tiene cuatro sectores diferentes dentro de lo pequeño que puede observarse. En la entrada hay una especie de terraza en donde la gente que le gusta el aire libre o los fumadores, vaya contradicción, suelen mezclarse entre alcohol, humo y baile. Ya dentro del local vemos una primera barra principal en donde se puede encontrar todo tipo de tragos, mesas alrededor y espacio suficiente para transitar y darle paso a una improvisada pareja de baile. Si entramos mucho más, siempre en el mismo nivel tenemos otro espacio con barra propia y música de otro estilo a los dos primeros sectores. Por último, en el subsuelo hay una especie de caverna con música más de discoteca. Una barra propia también y una pista de baile lo suficientemente grande como para que se disfrute toda la noche y perderse bailando con quien uno escoja.
Cuando llegamos fuimos directamente hasta este último sector. Bajamos sin pensarlo. Esteban y Tomás primeros, seguidos por quien relata y por Federico. Pensamos que Miguel nos seguía pero se quedó un rato en la planta baja. Supusimos que se había encontrado a alguien conocido. Bah, digo supusimos, más bien supuse porque no lo comenté con nadie. Instalados abajo en la caverna, pedimos más cervezas, una botella de a litro por cada uno. Brindamos en varias ocasiones pero había algo que no me dejaba tranquilo.
Las chicas por su lado se encontraban en el sector del fondo de la planta baja. Ellas también estaban tomando todo tipo de tragos. Casi todas en estado de pre embriaguez. Salvo Leticia, que como Miguel, habían medido su ingesta de licor toda la noche. Justamente ellos dos, cuando Miguel no bajó, aprovecharon para ir al sector del exterior en la entrada para conversar. Fue algo muy rápido y luego cada uno salió para su lado. No sé lo que pasó con Leticia, pero Miguel, por su parte, bajó hacia la caverna. Cuando lo vimos llegar bajó delante de un grupo de chicas, que la verdad, estaban más que lindas. Se anunció como que traía un regalito para el grupo y directamente cada una de ellas escogió a uno de nosotros en el grupo.
A mí me escogió una chica de cabellos negro, ojos climáticos y tez blanca. La más hermosa del grupo sin duda. Muy sensualmente vestida con una minifalda y una blusa de tiritas. Maquillada suavemente y con un piercing diminuto y brillante en el costado derecho de la nariz. Cuando me habló, y me contó que le decían Coti, me di cuenta que tenía un piercing más de la lengua, la cual sabía mover muy seductoramente cuando sonreía y conversaba.
Nos pusimos todos a bailar y el cabello negro azabache y rizado de Coti me pegaba en el rostro cada vez que se ponía de espaldas para pegarse a mí. Tenían aliento a trago, pero lo suficiente como para estar calientes y no caer de borrachas. Federico no puso mucha resistencia ante su pareja de turno. Bastaron diez minutos para que se apartase del grupo junto con la chica y verlo sentado en uno de los sofás, que habían pegados a los lados de las paredes de la caverna, junto apretando todo lo que podía. Esteban y Tomás, al verlo a Federico hicieron lo propio pero en extremos diferentes. Sólo quedábamos en la pista de baile Miguel con su pareja, quien dicho sea de paso, le besaba sin cesar seductoramente el cuello y con las manos recorría su pecho. Coti al ver el espectáculo al costado nuestro, no quiso quedarse atrás y empezó a hacer lo mismo conmigo. Todo había sido tan rápido que me costó reaccionar de primera. Miguel, al lado, abrazó con aires de suficiencia a su pareja de baile y guiñándome el ojo me dijo: “Aprovecha, lo que pase aquí se queda aquí”.
Esa frase me hizo reaccionar. Ahora sabía por donde venía todo. No era más que una trampa. De seguro una foto o alguna otra cosa comprometedora iría a salir a la luz el lunes siguiente para hacerme pelear con Julia. Era suficiente para mí, yo no era como Federico, mejor me voy pensé para mis adentros, mientras Coti se frotaba de espaldas con mi entrepierna.
Miré a Miguel apretando los labios, sonreí, le guiñé el ojo también y le dije: “lo siento, yo me voy”.
Subí las escaleras y dejé a todos atrás. Coti subió persiguiéndome. Fue la única.
Por qué estaba apagado, no lo sé con certeza, pero supongo que debió ser cuando se lo presté a Esteban para que envíe un sms a una chica que según él había visto en el boliche. Me hizo la historia de que era una ex de quien se había separado recientemente porque decía que no salía mucho y ahora estaba en el boliche de turno. Quería saber si le mentía o no si le mandaba un mensaje desde un número que ella no conocía. Pero ni siquiera le respondió. Dicho sea de paso, no tenía mucha lógica, pero nada en ellos lo tenía por así decirlo. Cuando Esteban me devolvió el celular tenía a Tomás del otro lado brindando con euforia e incitándome a tomar más y más. Esteban me dijo que para no interrumpir me metía el celular en el bolsillo del pantalón y luego ni lo revisé. Por ende no me di cuenta si me lo habían devuelto apagado.
Julia, por su lado, a eso de las dos y media sintió que me extrañaba y quiso conversar conmigo y preguntarme como me iba a mí. Yo la extrañé toda la noche para ser franco, pero no quise molestarla. Ya saben como son las mujeres, a veces, hay que dejarse extrañar. Pero eso no quiere decir que si me llamaba no le iba a responder. En fin, el hecho es que me llamó y mi celular estaba apagado. Influenciada por Leticia y sus amigas decidió apagar el suyo también. Le dolió que haya apagado el celular. Julia pensó que lo había hecho a propósito. En realidad lo pensó después de que sus amigas le metieron esas ideas a la cabeza porque lo primero que pensó es que me había quedado sin batería. Pero cuando le preguntaron si me pasaba siempre, ella, recordó que siempre mantenía mi celular conectado con el cargador para que justamente no me pasen esas cosas. “Por ende”, sugirió Leticia, “apaga el celular”.
Esto último hizo que Verónica haga clic y se de cuenta que Leticia planeaba algo. Por cierto en toda la noche ellas dos no habían conversado mucho. Había permanecido más al lado de Julia y las otras chicas que con su amiga de siempre Leticia. Era extraño pero parecía que la había estado evitando, pero no podía afirmarlo. Igual, prefirió observar mejor el panorama para no cometer un error de apreciación, quizá sólo estaba influenciada por lo que yo le había dicho de mañana el viernes en el trabajo.
Leticia y las otras chicas le convidaron más tragos a Julia porque había quedado algo conmovida con mi supuesta actitud. Le dijeron que de seguro yo me estaba divirtiendo de lo lindo con alguna chica, así que ella merecía divertirse también. Ideas muy fuertes para una primera salida por separado. Julia se dejó llevar y decidió tomar más de la cuenta. Finalmente estaba rodeada de amigas para que la cuiden de los depredadores de paso en los boliches.
En cierto momento a eso de las cuatro de la mañana decidimos salir de la Ciudad Vieja e irnos hacia Pocitos. Destino siguiente: Tres Perros. Allí se encontraban, ya, las chicas y se supone que nosotros no lo sabíamos. Digo se supone, porque lo más probable es que haya existido una comunicación previa, o un plan hecho con anterioridad, para que los dos grupos se encuentren “por casualidad” en tres perros. Como sea que haya sido, los adversos hechos se sucedieron como los contaré a continuación.
Este local, Tres Perros, tiene cuatro sectores diferentes dentro de lo pequeño que puede observarse. En la entrada hay una especie de terraza en donde la gente que le gusta el aire libre o los fumadores, vaya contradicción, suelen mezclarse entre alcohol, humo y baile. Ya dentro del local vemos una primera barra principal en donde se puede encontrar todo tipo de tragos, mesas alrededor y espacio suficiente para transitar y darle paso a una improvisada pareja de baile. Si entramos mucho más, siempre en el mismo nivel tenemos otro espacio con barra propia y música de otro estilo a los dos primeros sectores. Por último, en el subsuelo hay una especie de caverna con música más de discoteca. Una barra propia también y una pista de baile lo suficientemente grande como para que se disfrute toda la noche y perderse bailando con quien uno escoja.
Cuando llegamos fuimos directamente hasta este último sector. Bajamos sin pensarlo. Esteban y Tomás primeros, seguidos por quien relata y por Federico. Pensamos que Miguel nos seguía pero se quedó un rato en la planta baja. Supusimos que se había encontrado a alguien conocido. Bah, digo supusimos, más bien supuse porque no lo comenté con nadie. Instalados abajo en la caverna, pedimos más cervezas, una botella de a litro por cada uno. Brindamos en varias ocasiones pero había algo que no me dejaba tranquilo.
Las chicas por su lado se encontraban en el sector del fondo de la planta baja. Ellas también estaban tomando todo tipo de tragos. Casi todas en estado de pre embriaguez. Salvo Leticia, que como Miguel, habían medido su ingesta de licor toda la noche. Justamente ellos dos, cuando Miguel no bajó, aprovecharon para ir al sector del exterior en la entrada para conversar. Fue algo muy rápido y luego cada uno salió para su lado. No sé lo que pasó con Leticia, pero Miguel, por su parte, bajó hacia la caverna. Cuando lo vimos llegar bajó delante de un grupo de chicas, que la verdad, estaban más que lindas. Se anunció como que traía un regalito para el grupo y directamente cada una de ellas escogió a uno de nosotros en el grupo.
A mí me escogió una chica de cabellos negro, ojos climáticos y tez blanca. La más hermosa del grupo sin duda. Muy sensualmente vestida con una minifalda y una blusa de tiritas. Maquillada suavemente y con un piercing diminuto y brillante en el costado derecho de la nariz. Cuando me habló, y me contó que le decían Coti, me di cuenta que tenía un piercing más de la lengua, la cual sabía mover muy seductoramente cuando sonreía y conversaba.
Nos pusimos todos a bailar y el cabello negro azabache y rizado de Coti me pegaba en el rostro cada vez que se ponía de espaldas para pegarse a mí. Tenían aliento a trago, pero lo suficiente como para estar calientes y no caer de borrachas. Federico no puso mucha resistencia ante su pareja de turno. Bastaron diez minutos para que se apartase del grupo junto con la chica y verlo sentado en uno de los sofás, que habían pegados a los lados de las paredes de la caverna, junto apretando todo lo que podía. Esteban y Tomás, al verlo a Federico hicieron lo propio pero en extremos diferentes. Sólo quedábamos en la pista de baile Miguel con su pareja, quien dicho sea de paso, le besaba sin cesar seductoramente el cuello y con las manos recorría su pecho. Coti al ver el espectáculo al costado nuestro, no quiso quedarse atrás y empezó a hacer lo mismo conmigo. Todo había sido tan rápido que me costó reaccionar de primera. Miguel, al lado, abrazó con aires de suficiencia a su pareja de baile y guiñándome el ojo me dijo: “Aprovecha, lo que pase aquí se queda aquí”.
Esa frase me hizo reaccionar. Ahora sabía por donde venía todo. No era más que una trampa. De seguro una foto o alguna otra cosa comprometedora iría a salir a la luz el lunes siguiente para hacerme pelear con Julia. Era suficiente para mí, yo no era como Federico, mejor me voy pensé para mis adentros, mientras Coti se frotaba de espaldas con mi entrepierna.
Miré a Miguel apretando los labios, sonreí, le guiñé el ojo también y le dije: “lo siento, yo me voy”.
Subí las escaleras y dejé a todos atrás. Coti subió persiguiéndome. Fue la única.
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